05/23/2026
Este día de Pentecostés ¿por qué no colaborar con Dios?
Jesús dijo: «Nadie puede venir a mí a menos que el Padre, que me envió, lo atraiga» (Juan 6:44).
No es una retórica bien ensayada ni una presentación pulida lo que lleva a las personas a Cristo. Dios nos utiliza para presentar a Cristo, pero ellas acuden a Él por medio del Espíritu Santo, quien realiza una obra en sus corazones que las atrae hacia Él.
El día de Pentecostés, Pedro predicó al pueblo y lo primero que hizo fue hablarles acerca de Jesucristo: «Él fue crucificado, sepultado, resucitado de entre los mu***os y ahora está exaltado a la diestra del Padre. Y a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor».
Cuando Pedro terminó de hablar, Hechos 2:37 relata que la gente se sintió «compungida de corazón» y se vio impulsada a preguntar: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?». Sus corazones fueron conmovidos profundamente, no a causa de la predicación de Pedro, sino como consecuencia de haber sido expuestos a la justicia de Cristo por medio del Espíritu Santo.
Tomaron conciencia de que... «Algo anda mal en mí».
Debe existir ese momento en el que el Espíritu Santo interviene de tal manera que nos revela aquello que nunca antes habíamos visto —tanto en nosotros mismos como en Dios—, y nosotros lo reconocemos como la verdad.
Pablo afirma en 1 Corintios 12:3: «Nadie puede decir: "Jesús es el Señor", sino por el Espíritu Santo». Como cristianos, somos colaboradores con Dios. Como colaboradores con Dios, dependemos de Él para que realice la obra de convicción, de revelación y de llevar a las personas a Cristo. Colaboremos con el Espíritu Santo