05/23/2026
En una ocasión, yo clamaba a Dios por ayuda como *Job. En aquel tiempo creía que conocía a Dios. Era católico, pero realmente solo había oído de Él. Yo solo sabía que necesitaba una salida, pero la salida que yo quería me llevaba a la destrucción.
Y Jesús, en su infinita misericordia y gracia, me escuchó. Pero no me dio la salida que yo quería, sino una mejor: la de Él.
Había tres hermanos dando un culto en la mesa de la prisión donde nos encontrábamos. Yo estaba hablando por teléfono, pero de repente dejé de escuchar a la persona con la que hablaba. Solo podía escuchar a los hermanos hablar de Jesús, de cómo Él perdona pecados.
Entonces comencé a sentir una inquietud en mi pecho. Era como una voz que me invitaba a recibir el perdón de mis pecados, y no pude resistir.
Colgué el teléfono, pregunté si podía sentarme con ellos, y me invitaron a aceptar a Jesús como mi Salvador.
Y desde ese día decidí confiar en Él.
Gracias, Jesús. Testimonio: J Erazo