04/20/2026
Manuela, 32 años
Desde mi país de origen, República Dominicana, Dios puso en mi corazón un sentir muy profundo: aprender a mirar con compasión a las personas privadas de su libertad.
En mi propia vida atravesé momentos muy difíciles. Experimenté pérdidas consecutivas de embarazos que dejaron un vacío inmenso y muchas preguntas sin respuesta. En medio del duelo de mi tercer embarazo —habiendo vivido un proceso físico y emocional extremadamente doloroso— llegué a un punto donde necesitaba encontrar propósito en medio del dolor.
Fue entonces, en la iglesia Chase Oaks, donde escuché sobre la oportunidad de servir como mentora a través de cartas para personas privadas de libertad que no reciben visitas y enfrentan barreras por el idioma. En ese instante, sentí un llamado claro.
Entendí que, así como yo estaba atravesando una opresión en el alma, ellos también podían estar viviéndola. Y fue en ese intercambio de cartas donde comenzó mi proceso de sanidad. Con cada palabra de ánimo, con cada mensaje de esperanza que escribía, también mi corazón encontraba consuelo.
Después de dos años sirviendo en este hermoso ministerio, Dios me concedió el milagro de volver a ser madre, permitiéndome una vez más experimentar Su fidelidad.
Servir en este ministerio ha sido para mí una forma viva de practicar lo que dice Gálatas 6:9 (RVR1960):
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Me ha enseñado que cada acto de amor, aunque parezca pequeño, tiene un impacto eterno.
Una de las experiencias que más ha marcado mi vida fue la de un estudiante que me compartió que durante tres semanas no se les permitió salir de sus celdas. En ese tiempo, solo recibían un sándwich de mantequilla de maní como alimento diario.
Aun así, en lugar de quejarse, él me animaba a valorar la libertad. Me dijo algo que nunca olvidaré:
“Hasta la luz del sol es un privilegio que muchos allá afuera no valoran.”
Ese día, mi perspectiva cambió por completo. Reconocí cuánto damos por sentado las bendiciones diarias. Y en oración, le pedí a Dios un corazón más agradecido y consciente 🌸