05/13/2022
Nuestra madre del cielo y madre de Dios, se manifiesta a sus hijos, los más sencillos y humildes, para darnos un mensaje, reza, reza, reza bastante y haz penitencia. “Si se reza y se hace penitencia, muchas almas se salvarán”, Esto dijo nuestra Madre, María Santísima a Lucía, Jacinta y Francisco, los pastorcillos de Fátima en Portugal, después de haberles hecho ver por unos segundos, en su tercera aparición, los tormentos del in****no, imágenes espeluznantes de fuego, demonios y condenados a un sufrimiento eterno.
Nadie sabe con exactitud cómo operan los caminos que Dios utiliza para nuestra la salvación. Así como nadie sabe por qué Jesús, pudiendo curar al ciego con solo desearlo, le unta los ojos con saliva que mezcla con tierra y le manda lavar sus ojos en la piscina de Siloé. Así pues, en Fátima, La Virgen María nos manifiesta el deseo de Jesús para establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. El Papa Pío XII exclamaba: "Misterio tremendo: que la salvación de muchas almas dependa de las oraciones y sacrificios que se hagan por los pecadores”.
En Fátima han ocurrido grandes milagros, milagros que también realizó Jesús en la tierra para abrir nuestros ojos del alma y ver el gran poder de Dios y creyéramos. El mundo no es mejor que antes, ya que, pese a que los mensajes ya están dados y los hemos escuchado más de una vez, estos pasan de largo. ¿Será que estamos esperando algo más fuerte? Los mensajes se cumplen, …no esperemos a tocar las llamas para saber que queman.
¡Qué diera yo por ver a nuestra madre!, un deseo frecuente en millones de devotos en todo el mundo. Pero sí, ahí junto a nosotros, a la par, frente o detrás, ahí está nuestra madre, justo como lo hizo con tantos santos y santas. Abrirnos las puertas del cielo y contarnos entre los elegidos es su más grande deseo.