El Templo de Payson

El Templo de Payson De La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias. Y deseamos invitar a toda la comunidad hispana a conocer mas sobre nuestras creencias.

En Payson desde su anuncio, hemos sentido un aprecio muy especial por este bello edificio especialmente por todo lo que representa para los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias.

08/04/2026
08/04/2026

Es sencilla la doctrina de Jesucristo.

Por el presidente Henry B. Eyring
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Todos tenemos familiares a quienes amamos que están siendo tentados y probados por las fuerzas aparentemente constantes de Satanás, el destructor, quien desea que todos los hijos de Dios sean miserables. Muchos hemos pasado noches en vela; hemos intentado rodear con todas las fuerzas del bien a las personas que están en riesgo; hemos orado por ellas; las hemos amado y les hemos dado el mejor ejemplo que hemos podido.

Alma, un sabio profeta de la antigüedad, afrontó pruebas similares. Las personas a las que él guiaba y amaba eran atacadas con frecuencia por un enemigo feroz, pero aun así seguían tratando de criar hijos rectos en un mundo de iniquidad. Alma sentía que su única esperanza de victoria era una fuerza que a veces subestimamos y que solemos usar demasiado poco. Él suplicó la ayuda de Dios.

Alma sabía que, para que Dios pudiera ayudar, aquellos a quienes él lideraba, así como sus adversarios, debían arrepentirse. Por lo tanto, optó por hacer algo diferente a ir la batalla.

El Libro de Mormón lo describe así: “Y como la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo —sí, [surtía] un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido— por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios”.

La palabra de Dios es la doctrina que enseñaron Jesucristo y Sus profetas. Alma sabía que las palabras de la doctrina tienen gran poder.

En la sección 18 de Doctrina y Convenios, el Señor reveló el fundamento de Su doctrina:

“Porque he aquí, mando a todos los hombres en todas partes que se arrepientan […].

“Porque he aquí, el Señor vuestro Redentor padeció la muerte en la carne; por tanto, sufrió el dolor de todos los hombres, a fin de que todo hombre pudiese arrepentirse y venir a él.

“Y ha resucitado de entre los mu***os, para traer a todos los hombres a él, mediante las condiciones del arrepentimiento”.

“Y os postraréis y adoraréis al Padre en mi nombre. […]

“Debéis arrepentiros y bautizaros en el nombre de Jesucristo”.

“Pedid al Padre en mi nombre con fe, creyendo que recibiréis, y tendréis el Espíritu Santo”.

“Y ahora, después de haber recibido […] esto, debéis guardar mis mandamientos en todas las cosas”.

“Tomad sobre vosotros el nombre de Cristo, y declarad la verdad con solemnidad.

“Y cuantos se arrepientan y se bauticen en mi nombre —el cual es Jesucristo— y perseveren hasta el fin, tales serán salvos”.

En esos pocos pasajes, el Salvador nos da el ejemplo perfecto de cómo debemos enseñar Su doctrina. Esta doctrina es que la fe en el Señor Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo, el don del Espíritu Santo y el perseverar hasta el fin bendicen a todos los hijos de Dios.

Al enseñar esos principios a nuestros seres queridos, el Espíritu Santo nos ayudará a conocer la verdad. Debido a que necesitamos los susurros del Espíritu Santo, debemos evitar la especulación o la interpretación personal que vaya más allá de enseñar la doctrina verdadera.

Eso puede ser difícil de hacer cuando aman a la persona en la que están tratando de influir. Puede que él o ella haya ignorado la doctrina que se le ha enseñado. Probar con algo nuevo o sensacional resulta tentador. Pero el Espíritu Santo revelará el espíritu de verdad solo si somos prudentes y cuidadosos de no ir más allá de enseñar la doctrina verdadera. Una de las formas más seguras de evitar incluso un mínimo acercamiento a la falsa doctrina es elegir enseñar con sencillez. Eso nos coloca en zona segura y el riesgo es mínimo.

Enseñar con sencillez nos permite compartir la doctrina de salvación desde muy temprano, cuando los niños son inmunes a las tentaciones del impostor que más tarde confrontarán, mucho antes de que las verdades que necesitan aprender sean ahogadas por el ruido de las redes sociales, los compañeros y sus propias luchas personales. Debemos aprovechar toda oportunidad para compartir las enseñanzas de Jesucristo con los niños. Esos momentos de enseñanza son preciosos y son muy pocos comparados con los esfuerzos incesantes de las fuerzas opositoras. Por cada hora que se usa para inculcar doctrina en la vida de un niño, hay incontables horas de oposición llenas de mensajes e imágenes que desafían o ignoran esas verdades salvadoras.

Algunos de ustedes tal vez se pregunten si no sería mejor acercar a sus hijos más a ustedes por medio de la diversión, o quizás se pregunten si su hijo podría sentirse abrumado por sus enseñanzas. En vez de ello, deberíamos considerar: “Con tan poco tiempo y tan pocas oportunidades, ¿qué palabras de doctrina puedo compartir que los fortalezcan contra los inevitables desafíos a su fe?”. Las palabras que les compartan hoy podrían ser las que ellos se lleven consigo, y el día de hoy pasará pronto.

Siempre he admirado la devoción que tenía mi bisabuela, Mary Bommeli, por compartir la doctrina de Jesucristo. Los misioneros enseñaron a su familia en Suiza cuando ella tenía veinticuatro años.

Después de ser bautizada, Mary deseó unirse a los santos en Estados Unidos, así que viajó de Suiza a Berlín y encontró trabajo con una mujer que la empleó para fabricar telas para la ropa de la familia. Mary vivía en un cuarto de servicio e instaló su telar en la sala de estar de la casa.

En ese entonces era ilegal en Berlín enseñar la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pero Mary descubrió que no podía evitar compartir las cosas que había aprendido. La señora de la casa y sus amigas se reunían alrededor del telar para escuchar lo que Mary enseñaba. Ella les hablaba de la aparición del Padre Celestial y Jesucristo a José Smith, de las visitas de ángeles y del Libro de Mormón. Recordando los relatos de Alma, les enseñó acerca de la doctrina de la Resurrección. Ella testificó que las familias pueden ser reunidas nuevamente en el Reino Celestial.

El entusiasmo de Mary por compartir la doctrina del Evangelio restaurado pronto causó problemas. Poco después, la policía detuvo a Mary para llevarla a la cárcel. Por el camino, ella le preguntó al policía el nombre del juez ante quien debía comparecer al día siguiente. También le preguntó por la familia del juez, y si era un buen padre y esposo. El policía describió al juez como un hombre mundano.

Ya en la cárcel, Mary pidió un lápiz y papel. Pasó la noche escribiendo una carta al juez, dándole testimonio de la Resurrección de Jesucristo tal como se describe en el Libro de Mormón, analizando el mundo de los espíritus y explicándole el arrepentimiento. Ella sugirió que el juez necesitaría tiempo para reflexionar sobre su vida antes de comparecer en el juicio final. Le escribió que ella sabía que él tenía mucho de qué arrepentirse, lo cual entristecería profundamente a su familia y le traería gran pesar. Por la mañana, cuando terminó su carta, se la dio al policía y le pidió que se la entregara al juez, y él accedió a hacerlo.

Más tarde, el juez citó al policía a su despacho. La carta que Mary había escrito era evidencia irrefutable de que estaba enseñando la doctrina del Evangelio restaurado y, al hacerlo, estaba quebrantando la ley. Sin embargo, un rato después, el policía regresó a la celda de Mary. Le dijo que se habían retirado todos los cargos y que podía irse. Sus enseñanzas sobre la doctrina del Evangelio restaurado de Jesucristo habían provocado que fuera a la cárcel, y el declarar la doctrina del arrepentimiento al juez la sacó de la cárcel.

Las enseñanzas de Mary Bommeli no terminaron con su liberación. El registro de sus palabras transmitió la doctrina verdadera a través de las generaciones que aún no habían nacido. Su creencia de que incluso un nuevo converso podía enseñar la doctrina de Jesucristo aseguró que sus descendientes fueran fortalecidos en sus propias batallas.

Mientras hacemos todo lo posible por enseñar a quienes amamos sobre la doctrina de Jesucristo, es posible que algunos aun así no respondan. Pueden surgir dudas en la mente de ustedes. Tal vez se pregunten si conocen la doctrina del Salvador lo suficiente como para enseñarla eficazmente. Y si ya han intentado enseñarla, es posible que se pregunten por qué los efectos positivos no son más visibles. No cedan ante esas dudas. Recurran a Dios en busca de ayuda.

“Sí, e implora a Dios todo tu sostén; […] deja que los afectos de tu corazón se funden en el Señor para siempre”.

“Y ahora quisiera que fueseis humildes, que fueseis sumisos y dóciles; fáciles de ser tratables; llenos de paciencia y longanimidad; siendo moderados en todas las cosas; siendo diligentes en guardar los mandamientos de Dios en todo momento; pidiendo las cosas que necesitéis, tanto espirituales como temporales; siempre dando gracias a Dios por las cosas que recibís”.

Si oran, si se dirigen a Dios, si le suplican para recibir la ayuda que necesitan para su ser querido, y si le agradecen no solo Su ayuda sino la paciencia y la mansedumbre que resultan de no recibir lo que desean de inmediato, o tal vez nunca, entonces les prometo que se acercarán más a Él. Llegarán a ser diligentes y longánimos. Y entonces podrán saber que han hecho todo lo posible para ayudar a quienes aman —y por quienes oran— a sortear los intentos de Satanás de desviarlos.

“Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán”.

Se puede hallar esperanza en los relatos de las familias en las Escrituras. Leemos de personas que se apartaron de lo que se les había enseñado o que lucharon con Dios para obtener el perdón, como Alma, hijo; los hijos de Mosíah y Enós. En sus momentos de crisis, ellos recordaron las palabras de sus padres, las palabras de la doctrina de Jesucristo; y el recordarlas los salvó. Las enseñanzas que impartan de esa doctrina sagrada se recordará.

Doy testimonio de la sagrada obra de enseñar a los hijos del Padre Celestial la sencilla doctrina de Jesucristo, la cual nos permite ser limpios espiritualmente, y ser finalmente recibidos en la presencia de Dios, para vivir con Él y con Su Hijo en gloria para siempre como familias. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Discurso pronunciado en la Conferencia General de Octubre de 2024 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias.

Todos los derechos de este vide estan reservados y pertenecen a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias.
www.churchofjesuschristo.org

Si desea saber mas o desea comunicarse con un representante de la iglesia, visite: www.veniracristo.org

07/07/2026

Oh, jóvenes herederos de la noble primogenitura
Por el hermano Bradley R. Wilcox

Élder Stevenson, esta es una conferencia inolvidable.

A nuestra familia siempre le ha gustado un librito titulado Children’s Letters to God [Cartas que los niños escriben a Dios]. Estas son algunas de ellas:

“Querido Dios: En lugar de dejar que las personas mueran y tener que crear otras nuevas, ¿por qué no te quedas simplemente con las que tienes ahora?”.

“¿Cómo es que Tú solo tienes diez reglas y en mi escuela hay miles?”.

“¿Por qué nos pusiste las amígdalas si luego nos las vas a quitar?”.

Hoy no tenemos tiempo para responder todas esas preguntas, pero hay otra pregunta que a menudo oigo que se hacen los jóvenes y que quisiera tratar. Desde Ulán Bator, Mongolia, hasta Thomas, Idaho, EE. UU., la pregunta es la misma: “¿Por qué? ¿Por qué los Santos de los Últimos Días debemos vivir de un modo tan diferente al de otras personas?”.

Sé que es difícil ser diferente, en especial cuando eres joven y quieres tanto agradar a los demás. Todo el mundo desea encajar, y ese deseo aumenta hasta proporciones insanas en el mundo digital actual, lleno de redes sociales y ciberacoso [cyberbullying].

Entonces, con toda esa presión, ¿por qué los Santos de los Últimos Días viven de una manera tan diferente? Hay muchas buenas respuestas: Porque ustedes son hijos de Dios. Porque han sido reservados para los últimos días. Porque son discípulos de Jesucristo.

Pero esas respuestas no siempre los diferencian de los demás. Todos son hijos de Dios. A todas las personas que hay sobre la tierra en este momento se las envió aquí en los últimos días, y sin embargo, no todos viven la Palabra de Sabiduría ni la ley de castidad como ustedes se esfuerzan por hacerlo. Hay muchos valientes discípulos de Cristo que no son miembros de esta Iglesia, pero ellos no sirven en misiones ni efectúan ordenanzas en la Casa del Señor a favor de antepasados como lo hacen ustedes. Debe haber algo más; y lo hay.

Hoy quisiera centrarme en una razón adicional que ha sido significativa en mi vida. En 1988, un joven apóstol llamado Russell M. Nelson dio un discurso en la Universidad Brigham Young titulado “Thanks for the Covenant” [Gracias por el convenio]. En el discurso, el entonces élder Nelson explicó que, cuando usamos nuestro albedrío moral para hacer y guardar convenios con Dios, llegamos a ser herederos del convenio sempiterno que Dios ha hecho con nuestros antepasados en cada dispensación. Dicho de otro modo, llegamos a ser “hijos del convenio”. Eso nos diferencia; eso nos da acceso a las mismas bendiciones que nuestros antepasados —tanto hombres como mujeres— recibieron, incluso la primogenitura.

¡La primogenitura! Tal vez hayan oído esa palabra. Incluso está implícita en algunos himnos que cantamos: “Cantad, juventud bendita [heredera de la noble primogenitura]: ¡A vencer, a vencer, a vencer!”. “Primogenitura” es una palabra interesante, pero ¿qué significa?

En los tiempos del Antiguo Testamento, si el padre fallecía, el hijo primogénito era responsable del cuidado de su madre y sus hermanas. Los hermanos de este recibían su herencia y partían para seguir su camino en la vida, pero el primogénito no iba a ningún sitio. Él se casaba y tenía su propia familia, pero había de quedarse hasta el fin de sus días para dirigir las cuestiones de los bienes de su padre. Debido a esa responsabilidad adicional, a él se le daba una parte mayor de la herencia. ¿Era demasiado pedir que guiara y cuidara de otras personas? No, si consideramos la herencia adicional que se le daba.

Hoy no me estoy refiriendo al orden del nacimiento en la familia terrenal ni a los roles de género del Antiguo Testamento. Estamos hablando de la herencia que ustedes reciben como coherederos con Cristo debido a la relación por convenio que han escogido concertar con Él y con su Padre Celestial. ¿Es demasiado esperar por parte de Dios que vivan de modo diferente al de Sus demás hijos, para que ustedes puedan guiarlos y servirles mejor? No, si consideramos las bendiciones, tanto temporales como espirituales, que se les han dado a ustedes.

¿Significa su primogenitura que son mejores que los demás? No, pero sí significa que se espera que ayuden a otras personas a ser mejores. ¿Significa su primogenitura que ustedes son escogidos? Sí, pero no escogidos para gobernar a los demás; son escogidos para prestarles servicio. ¿Es su primogenitura evidencia del amor de Dios? Sí, pero, lo que es más importante, es evidencia de Su confianza.

Una cosa es que se nos ame y otra completamente distinta es ser digno de confianza. En la guía Para la Fortaleza de la Juventud, leemos: “Tu Padre Celestial confía en ti. Él te ha dado grandes bendiciones, incluso la plenitud del Evangelio y las ordenanzas y convenios sagrados que te unen a Él y traen Su poder a tu vida. Con esas bendiciones viene una responsabilidad adicional. Él sabe que puedes marcar la diferencia en el mundo, y eso requiere, en muchos casos, ser diferente del mundo”.

Nuestra experiencia terrenal podría compararse con un crucero en barco en el que Dios ha enviado a todos Sus hijos a viajar de una costa a la otra. La travesía está colmada de oportunidades para aprender, crecer, ser feliz y progresar, pero también está llena de peligros. Dios ama a todos Sus hijos y se preocupa por el bienestar de ellos. No quiere perder a ninguno de ellos, así que invita a quienes estén dispuestos a ser miembros de Su tripulación, la cual son ustedes. Debido a la decisión de ustedes de hacer y guardar convenios, Él les ofrece Su confianza. Confía en que sean diferentes, peculiares y que se distingan del resto por la importante obra que Él les encarga efectuar.

¡Piensen en ello! Dios confía en ustedes —de todas las personas de la tierra, los hijos del convenio, los miembros de Su tripulación— para ayudarlo en Su obra de llevar a todos Sus hijos a salvo de regreso a casa con Él. No es de extrañar que el presidente Brigham Young dijera en una ocasión: “Todos los ángeles del cielo están contemplando a este pequeño puñado de personas”.

Cuando miren alrededor en este barco crucero llamado “tierra”, quizás vean a otras personas en sillas reclinables bebiendo, apostando en casinos, con prendas sugerentes, mirando incesantemente el celular y malgastando demasiado tiempo en juegos electrónicos. Pero en lugar de preguntarse: “¿Por qué yo no puedo hacerlo?”, pueden recordar que ustedes no son pasajeros comunes. Ustedes forman parte de la tripulación y tienen responsabilidades que los pasajeros no tienen. Como dijo la hermana Ardeth G. Kapp cierta vez: “No puedes trabajar de salvavidas en la playa si tienes el mismo aspecto que los bañistas”.

Y antes de que se desanimen por todas esas obligaciones adicionales, recuerden que los miembros de la tripulación reciben algo que los demás pasajeros no reciben: remuneración. El élder Neil L. Andersen ha dicho: “Hay un poder espiritual compensador para los justos”, que incluye “una mayor convicción, una mayor confirmación y una mayor confianza”. Tal como Abraham de antaño, ustedes reciben mayor felicidad y paz, mayor rectitud y mayor conocimiento. Su remuneración no es tan solo una mansión en los cielos y calles pavimentadas de oro. Para el Padre Celestial sería fácil simplemente darles todo lo que Él tiene. Su deseo es ayudarlos a llegar a ser todo lo que Él es. Así pues, su dedicación requiere más de su parte porque así es como Dios hace más de ustedes.

Es “pedir mucho de cualquiera, ¡pero ustedes no son cualquiera!”, son los jóvenes herederos de la noble primogenitura. Su relación por convenio con Dios y Jesucristo es una relación de amor y confianza en la que tienen acceso a una mayor porción de Su gracia: a Su asistencia divina, a una investidura de fortaleza y a poder habilitador. Ese poder no es simplemente una ilusión vana, un amuleto de la suerte ni una profecía autocumplida. Es real.

Al cumplir con las responsabilidades de su primogenitura, nunca estarán solos. El Señor de la viña trabaja con ustedes y ustedes trabajan codo a codo con Jesucristo. Con cada nuevo convenio —y a medida que su relación con Él se profundiza— se abrazan el uno al otro con más fuerza hasta que quedan firmemente entrelazados. En dicho sagrado simbolismo de Su gracia, hallarán tanto el deseo como la fortaleza para vivir exactamente como el Salvador vivió: de manera diferente a la del mundo. ¡Ustedes pueden porque Jesucristo los sostiene!.

En 2 Nefi 2:6 leemos: “Por tanto, la redención viene en el Santo Mesías y por medio de él, porque él es lleno de gracia y de verdad”. Dado que es lleno de verdad, Él los ve como realmente son, con sus defectos, debilidades, remordimientos y todo. Dado que es lleno de gracia, Él los ve como realmente pueden ser. Los recibe como son y los ayuda a arrepentirse y a mejorar, a vencer y a llegar a ser.

Oh, “juventud bendita [heredera de la noble primogenitura]: ¡A vencer, a vencer, a vencer!”. Testifico que se los ama y que se confía en ustedes hoy, en veinte años y siempre. No vendan su primogenitura por un plato de guisado. No entreguen todo a cambio de nada. No permitan que el mundo los cambie cuando ustedes han nacido para cambiar el mundo. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Discurso pronunciado en la Conferencia General de Octubre de 2024 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias.

Todos los derechos de este video estan reservados y pertenecen a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias.
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