03/15/2026
A veces pensamos que la salvación comienza cuando somos fuertes… pero el Reino de Dios empieza cuando reconocemos nuestra necesidad.
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” — Mateo 5:4
El llanto del creyente no es señal de derrota, es un clamor que atraviesa el cielo. Cuando el corazón se quebranta delante de Dios, su amor responde con consuelo, gracia y salvación.
La salvación del hombre no nace de su perfección, sino del encuentro entre el amor de Dios y el clamor sincero de un corazón arrepentido.
A veces las lágrimas son la puerta por donde entra la misericordia.