06/14/2026
Como un castillo de naipes, el orgullo rara vez está aislado. A menudo comienza con algo pequeño: querer impresionar a los demás, negarnos a admitir que estamos equivocados, o sentir la necesidad de tener la última palabra… pero una vez que se pone en marcha, desencadena una reacción en cadena. El orgullo puede llevarnos a tomar decisiones insensatas, dañar relaciones, alimentar la amargura y endurecer nuestro corazón para resistir a Dios. Nunca afecta solamente un momento o a una sola persona; termina derrumbando todo lo que está a su alrededor. Acompáñanos mientras aprendemos cómo las consecuencias del orgullo pueden llegar mucho más lejos de lo que imaginamos, y cómo las promesas de misericordia de Dios pueden extenderse aún más.