10/23/2026
Romanos 14:5-17
Imagina a un hombre que llega a una iglesia por primera vez. Viene de una semana difícil, tiene problemas en su matrimonio y está buscando a Dios. Se sienta al fondo, escucha la alabanza y trata de conectarse con el mensaje.
Pero alguien comienza a observarlo: cómo está vestido, cómo levanta las manos, si canta o no canta, si cierra los ojos o si permanece sentado.
Al terminar el servicio, ese hombre se va sin que nadie le pregunte cómo está, pero con la sensación de que todos lo evaluaron.
La iglesia estaba llena de personas que observaban, pero quizá faltó alguien que amara.
Esta escena representa una situación que puede ocurrir en cualquier congregación. No es una historia documentada de una persona específica; es un ejemplo realista de un problema común.
Y aquí viene la pregunta: ¿nos llamó Dios para transformar vidas o para vigilar las preferencias de los demás?