08/19/2026
La verdadera adoración no comienza cuando todo está bien. Muchas veces, la adoración más sincera nace cuando no entendemos nada.
Es fácil levantar las manos cuando recibimos la respuesta, cuando vemos el milagro y cuando todo marcha como esperábamos. Pero hay una alabanza diferente: la que sale de un corazón que está herido, cansado o atravesando una temporada difícil y aun así decide decir: “Dios, sigo confiando en Ti.”
Habacuc lo expresó de una manera poderosa: aunque no hubiera fruto, aunque faltara el alimento y aunque las circunstancias dijeran que no había razón para celebrar, él declaró: “Con todo, yo me alegraré en Jehová.” (Habacuc 3:17-18)
Eso es adoración. No es negar lo que estamos viviendo. No es fingir que no duele. Es reconocer que mi circunstancia puede cambiar, pero Dios no cambia.
Alábalo antes del milagro, alábalo antes de la abundancia, alábalo antes de la sanidad, alábalo antes de estar lleno de energía y de fuerzas!
No adores solamente por lo que tienes en tus manos. Adora por quien permanece contigo cuando tus manos están vacías.
La circunstancia no determina mi adoración.
Mi adoración está determinada por quién es mi Dios.