06/11/2026
“Muchos tienen una iglesia a la que asisten. Yo tengo una familia a la que pertenezco.” ❤️
Y no, no es porque seamos perfectos.
Me gusta mi iglesia porque cuando uno llora, nadie pregunta si es su problema; simplemente se acercan, abrazan, oran y ayudan a llevar la carga.
Porque cuando alguien celebra una bendición, todos nos alegramos como si fuera nuestra propia victoria.
Porque detrás de cada programa, cada actividad y cada detalle bonito, hay personas que sacrifican tiempo, cansancio y comodidad para servir con amor. Nadie puede hacerlo todo, pero juntos hacemos grandes cosas para Dios.
Y quizás ese es el secreto: la unidad.
Ver a todos trabajando hombro a hombro, dando lo mejor de sí, apoyándose mutuamente y poniendo sus talentos al servicio de Dios, hace que el resultado siempre sea más que un evento bonito. Se convierte en una experiencia llena de propósito y bendición.
Las fotos de este sábado, durante nuestro programa del Ministerio de la Mujer, me recordaron algo que nunca quiero olvidar: la iglesia no es un edificio. Es el lugar donde Dios une corazones diferentes para formar una familia.
Y si algún día me preguntan por qué amo tanto mi iglesia, la respuesta es sencilla:
Porque aquí encontré personas que me acercan más al cielo. 🤍✨