03/24/2023
HISTORIA DE AMOR
Cinco meses después del divorcio, el CEO llevó a su novia a una cena.
Cuando vio a su ex esposa ganarse la vida estando embarazada de 6 meses, ¡se enfureció!
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Capítulo 1 Embarazada«Seis semanas de embarazo»
Al leer esas tres palabras que aparecieron en el reporte de mi ultrasonido quedé impactada y conmocionada.
«¡Solo pasó una vez! ¿Cómo pude haber quedado embarazada? ¿Ahora qué hago? ¿Debería decirle a Álvaro sobre esto? ¿Ya no querrá divorciarse de mí por esto? Neh, ¡lo dudo! Quizás piense que estoy usando a este bebé para engañarlo»
Metí el reporte a mi bolso suprimiendo la frustración en mi corazón mientras salía del hospital. Había un Maybach esperando afuera con la ventana un poco abierta y apenas se podía ver un hombre atractivo con una expresión fría sentado en el asiento del conductor. Un hombre en un auto lujoso podía obtener la atención de todos los que pasaban por ahí. Álvaro Ayala era la representación exacta de tener riquezas y buena apariencia. Luego de muchos años, me acostumbré a las miradas curiosas de las personas, pero los ignoré y me senté en el asiento del pasajero. El hombre estaba descansando con los ojos cerrados cuando sintió un ligero movimiento y se pronunció un ceño fruncido entre sus cejas. Sin abrir sus ojos, preguntó con una voz profunda:
—¿Ya quedó todo arreglado?
—¡Sí! —Asentí mientras le pasaba el contrato firmado con el hospital, murmurando—. El Dr. Lara te mandó saludos. —Tenía la intención de firmar el contrato sola en el hospital, pero me encontré a Álvaro cuando venía aquí y por alguna razón se ofreció a traerme diciendo que estaba de camino.
—Estarás a cargo del caso. —Álvaro siempre ha sido un hombre de pocas palabras. En lugar de agarrar el contrato, me dio instrucciones de manera indiferente antes de encender el auto. Asentí y me quedé en silencio. Al parecer lo único que sabía hacer era obedecerlo y seguir sus órdenes. El auto se dirigió hacia el centro de la ciudad. Ya era tarde y no estaba segura hacia dónde conducía si no era de regreso al chalé. Aunque estaba confundida, no tomé la iniciativa de preguntarle hacia dónde íbamos y me quedé callada. El reporte del ultrasonido era lo único en mi mente, pero no sabía cómo abordar el tema. Volteé a verlo de reojo en medio de un dilema y como siempre emanaba un aura fría y distante. Su mirada firme y despiadada estaba enfocada en el camino.
—¡Álvaro! —grité. Las palmas de mi mano se volvieron sudorosas mientras apretaba mi bolso. Quizás eran por mis nervios de punta.
—Habla. —Esa sola palabra fue dicha sin ningún trazo de emoción. De todas formas, siempre me ha tratado de esa forma. Después de unos segundos, la tensión se fue alejando gradualmente de mi cuerpo al calmar mis nervios. Tomé un gran respiro y anuncié:
—Estoy... «Embarazada» —Solo tenía dos palabras que confesar, pero me tragué la segunda que estaba en la punta de mi lengua al momento que su teléfono sonó.
—Rebeca, ¿qué sucede?
«Algunas personas solo reservan su lado gentil y cariñoso para una persona»
Ese lado gentil de Álvaro estaba reservado para Rebeca Villa. Era fácil de ver por la forma en que conversaba con ella. Las palabras de Rebeca a través del teléfono causaron que Álvaro frenara de forma abrupta mientras hablaba con ella con un tono suave.
—Está bien. Estaré ahí en un momento. No te vayas de ahí, ¿de acuerdo? —Tan pronto como terminó la llamada, su expresión frívola regresó a su lugar. Me volteó a ver y con un tono seco, ordenó:
—Salte. —Su instrucción no dio lugar para discutir. Esta no era la primera vez que me sacaba de su auto. Al ver esto, asentí y tragué las palabras que planeaba decir hasta la garganta. Abrí la puerta del auto y salí. Mi matrimonio con Álvaro fue debido a un giro del destino, pero el amor nunca fue parte de la ecuación. Álvaro ya tenía a Rebeca en su corazón y mi existencia era redundante. Quizás, hasta se pudo haber considerado un obstáculo. Dos años atrás, George Fuller, el abuelo de Álvaro, sufrió un ataque al corazón. Mientras estuvo hospitalizado, obligó a Álvaro a casarse conmigo y por el bien de su abuelo, aceptó a hacerlo a la fuerza.
Él menospreciaba mi existencia, pero de todas maneras no hizo nada y ahora que su abuelo falleció, no pudo esperar a conseguir un abogado para mandarme a firmar los papeles del divorcio. El cielo había oscurecido cuando regresé al chalé. La casa enorme estaba vacía y parecía estar embrujada. Tal vez era por el embarazo que no tenía apetito y me fui a mi habitación para lavarme y terminar el día. En mi estado somnoliento, escuché un ligero sonido de un auto siendo apagado y venía del jardín.
«¿Habrá regresado Álvaro? ¿No se supone que está con Rebeca?»
Capítulo 2 ¿Puedes quedarte?De pronto, abrieron la puerta de la habitación de manera repentina antes de poder seguir pensando más a fondo. Álvaro se dirigió a la habitación un poco mojado sin voltearme a ver y seguido de eso, se escuchaba el sonido del agua. Su regreso hizo imposible quedarme dormida y me levanté a ponerme ropa. Saqué un conjunto de su pijama del guardarropa y lo coloqué al lado de la puerta del baño antes de ir al balcón. Como era temporada de ciclones, empezó a lloviznar afuera. El cielo estaba oscuro y el sonido de la lluvia chocando contra los ladrillos se podía escuchar vagamente. Al sentir un movimiento detrás de mí, di la vuelta y vi a Álvaro saliendo del baño con una toalla alrededor de su cintura. Su cabello estaba mojado y las gotas de agua corrían por su cuerpo musculoso creando una vista atractiva. De seguro notó mi mirada y volteé hacia abajo con un ligero fruncido.
—Ven aquí —ordenó con una voz sin emoción. Caminé hacia él de manera obediente y atrapé la toalla que me lanzó. Luego, volvió a ordenar—. Seca mi cabello. —Me había acostumbrado a su forma de ser tan dominante. Justo cuando se sentó en la esquina de la cama, me subí y me arrodillé para secar su cabello.
—El funeral del abuelo es mañana. Deberíamos irnos a casa de la familia temprano. —Le recordé. No estaba intentando tener una conversación con él, sino que me preocupaba que se le fuera a olvidar porque su mente iba a estar ocupada con Rebeca.
—Mhmm —gruñó en respuesta y no dijo nada más. Al saber muy bien que no quería interactuar conmigo, me mantuve en silencio y me enfoqué en secar su cabello. Al terminar, me acosté en la cama lista para dormir. Me di cuenta de que estos días me había sentido adormilada y eso lo atribuyó al embarazo. Por lo general, Álvaro solía irse a su estudio luego de bañarse y se quedaba ahí hasta la medianoche. Dado a que esa era la norma, me quedé confundida cuando se metió debajo de las cobijas después de ponerse su pijama. A pesar de estar desconcertada por completo, logré contener mis preguntas con gran esfuerzo. De repente, sus brazos estaban alrededor de mi cintura y me jaló hacia él. Luego, sentí un beso ligero como una pluma en mis labios y levanté mi mirada perpleja.
—Álvaro, estoy...
—¿Indispuesta? —preguntó. Sus ojos negros destellaban un fuerte deseo dentro de ellos y agaché la cabeza. En efecto, estaba indispuesta, pero yo no podía decidir eso.
—¿Podrías ser más gentil? —El feto solo tenía seis semanas y había un alto riesgo de tener un ab**to espontáneo. Álvaro frunció su ceño y se dio la vuelta para comenzarme a atacar con muchísima intensidad sin decir nada. Mi cuerpo se retorcía por el dolor y no pude hacer mucho para proteger al bebé de lastimarse. La lluvia empezó a caer más fuerte al mismo tiempo que sus movimientos eran bruscos. Un rayo parpadeó a través del cielo y enseguida sonó un trueno causando que la habitación se iluminara cada vez que tronaba. Luego de un rato, se levantó y se fue al baño.
Empapada en sudor, me dieron ganas de tomar pastillas para el dolor. Sin embargo, me deshice de la idea al recordar al bebé. De pronto, el teléfono en la mesa sonó; era de Álvaro. Miré el reloj de la pared y vi que ya eran las 11:00 p.m. Rebeca era la única que podía llamarlo a esa hora. El sonido del agua corriendo en el baño se detuvo y Álvaro volvió a salir con la toalla en su cintura. Se secó las manos y respondió. Sin poder escuchar las palabras emitidas del otro lado de la línea, pude observar cómo fruncía su ceño mientras exclamaba:
—¡Rebeca, deja de jugar! —Dicho esto, colgó el teléfono, se cambió y se preparó para irse. Antes solía hacerme de la vista gorda, pero esta vez tomé su brazo con fuerza y con tono ligero, le supliqué:
—¿Puedes quedarte esta noche?
Álvaro frunció con una expresión de desagrado en su rostro.
—¿Tanto placer te di que ahora empiezas a pedir cosas? —Sus palabras irradiaban sarcasmo. Me sorprendí por un momento antes de ponerme a pensar que eso era absurdo. Incliné mi cabeza para mirarlo y le expliqué:
—Mañana es el funeral del abuelo. Aunque no soportas dejarla ir, ¿no deberías practicar un poco tu moderación?
—¿Me estás amenazando? —Entrecerró los ojos, tomó mi barbilla en un instante y con un tono de desprecio, dijo—. Pareces tener más agallas, Samara Arias.
Capítulo 3 Estoy de acuerdo con el divorcioSabía muy bien que era imposible hacer que se quedara, pero aun así quise intentarlo. Nivelé mi mirada con la de él y anuncié:
—Estoy de acuerdo con el divorcio, pero tengo mis condiciones. Quédate aquí esta noche y acompáñame al funeral del abuelo. Firmaré los papeles del divorcio en cuanto termine.
Su mirada se entrecerró, sus pupilas oscuras desbordaban burla y su boca se torció un poco.
—Compláceme. —Álvaro soltó mi barbilla y se acercó hacia mi oído para susurrarme—. Muchas palabras y nada de acción no te llevará a nada, Samara. —Su voz era fría con un tono de provocación. Sabía a lo que se refería y puse mis brazos alrededor de su cintura, inclinando mi cabeza hacia la suya. Probablemente me veía graciosa debido a nuestra diferencia de altura. No sabía cómo sentirme al respecto y usé un método abominable para forzar a la persona que me gustaba para quedarse conmigo.
«Quizás soy patética»
Seguí mis instintos y estaba a punto de deslizar mi mano hacia abajo cuando de pronto Álvaro la tomó. Levanté mi cabeza enseguida y me encontré con sus ojos negros penetrantes.
—Suficiente. —Su voz seca me tomó por sorpresa un instante, tratando de entender sus palabras, pero fallé. Luego, tomó su pijama gris de la cama y se la puso con movimientos elegantes. Me quedé atónita antes de despertar del impacto.
«¿Se va... a quedar?»
Para mi desgracia, antes de poder sentirme feliz por mi logro, la voz de una mujer se escuchó desde afuera de la ventana en medio de la fuerte lluvia.
—Álvaro...
Mientras yo estaba impactada, Álvaro ya había reaccionado. Caminó hacia el balcón con pasos largos y miró hacia afuera. Después, tomó su abrigo y salió de la habitación con una expresión seria. Rebeca estaba parada en medio de la lluvia y debajo del balcón. Las gotas frías le habían empapado su vestido delgado por completo. La mujer hermosa era muy frágil y se miraba cada vez más lamentable al permanecer en la lluvia. Álvaro estaba por reprenderla y le cubrió los hombros con el abrigo que llevaba. A pesar de eso, lo abrazó con fuerzas y lloró en sus brazos.
Al ver esto, de pronto me di cuenta de algo y comprendí por qué mis dos años de matrimonio con Álvaro no se comparaban con una llamada de Rebeca. La llevó hacia el chalé con sus brazos alrededor de ella y yo me quedé arriba de las escaleras para bloquear su paso, escaneando su ropa mojada.
—¡Quítate del camino! —gritó Álvaro con desprecio.
«¿Estaba triste?»
Tampoco yo lo sabía, pero mis ojos me dolieron más que mi corazón al presenciar a la persona que más amaba tratando a otra mujer como si fuera una preciosa gema mientras me pisoteaban.
—Álvaro, le prometiste al abuelo que nunca la dejarías pisar esta casa mientras yo estuviera aquí cuando nos casamos. —Álvaro y yo vivíamos juntos. En más de una ocasión, dejé que Rebeca estuviera con él y, como si no fuera suficiente, le estaba permitiendo contaminar el único lugar al que podía llamar mío.
—¡Ja! —Se burló Álvaro, haciéndome a un lado y respondiendo con tono frío—. Te sientes muy poderosa, Samara. —Su forma de burlarse de mí no tenía límites. Al final, solo pude ver cómo Rebeca entraba a la habitación de invitados tal como si fuera una espectadora. Esta noche iba a ser larga. Rebeca estuvo expuesta a la fuerte lluvia; para empezar, su cuerpo era muy débil y le dio fiebre. Álvaro la cuidó como si fuera una joya valiosa y la ayudó a cambiarse de ropa, usando una toalla para bajar la temperatura. Quizás al verme parada ahí lo hacía molestar y me lanzó una mirada fría mientras me ordenaba:
—¡Regresa a la casa de los Ayala ahora! Rebeca no va a poder ir a ninguna parte esta noche con este estado.
«¿Quiere que me vaya a esta hora? Ja, ja... Supongo que soy una molestia»
Luego de observarlo por un largo tiempo, no pude encontrar las palabras para recordarle que la casa de su familia estaba muy lejos y que podría ser muy peligroso para una mujer salir a estas horas de la noche. Sin embargo, esas cosas no le preocupaban. Solo le importaba asegurarse de que Rebeca no fuera afectada por mi presencia. Me obligué a contener el dolor en mi pecho antes de decir con calma:
—Regresaré a la habitación. ¡No es... apropiado regresar a casa de la familia a esta hora! —No le iba a permitir que me pisoteara incluso sabiendo que no me valoraba ni un poco. Al salir de la habitación de invitados, me encontré con Gael Ceja apresurado en el pasillo. Al notar que aún estaba en su pijama negra, deduje que quizás había llegado corriendo al chalé. Ni siquiera se cambió de zapatos y su pijama estaba empapada.
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