01/30/2026
RESPUESTA DOCTRINAL DESDE LA UNICIDAD DE DIOS
Desde la fe apostólica de la Unicidad de Dios, rechazamos con absoluta firmeza cualquier afirmación que sugiera que Jesucristo sostuvo relaciones sexuales con María Magdalena.
Tal idea no solo es falsa y sin respaldo bíblico, sino que atenta directamente contra la revelación de Dios manifestado en carne.
La Escritura declara:
“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne.”
(1 Timoteo 3:16)
Jesucristo no es simplemente un hombre excepcional ni un líder espiritual más.
Él es el único Dios verdadero manifestado como hombre, santo, sin mancha y absolutamente separado del pecado.
“Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.”
(Colosenses 2:9)
Atribuirle a Cristo una relación carnal es negar su santidad, rebajar su identidad divina y desconocer su misión redentora.
El Cristo de la Biblia no vivió para satisfacer deseos humanos, sino para revelar al Padre, vencer el pecado y salvar a la humanidad.
“El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca.”
(1 Pedro 2:22)
Desde la Unicidad afirmamos que:
Jesús no fue un hombre común habitado por Dios,
Jesús fue Dios mismo actuando en la humanidad,
y por tanto, su vida fue absolutamente pura, santa y consagrada.
María Magdalena fue una mujer restaurada por el poder de Dios, discípula fiel y testigo de la resurrección. Convertir su historia en una narrativa sexual es distorsionar el evangelio y deshonrar tanto a Cristo como a ella.
La fe apostólica no se edifica sobre especulación, literatura popular o provocaciones ideológicas, sino sobre la revelación eterna de un solo Dios:
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.”
(Deuteronomio 6:4)
Negar la santidad de Cristo no es una opinión más;
es negar quién es Dios.
Defender esta verdad no es intolerancia,
es fidelidad a la revelación bíblica.
CONCLUSIÓN.
No estoy de acuerdo, ni lo estaré jamás, con ninguna afirmación que intente degradar o humanizar carnalmente a Jesucristo, porque Jesús no está sujeto a la opinión de los hombres.
Jesucristo es la máxima autoridad del universo, el soberano absoluto de todo lo visible y lo invisible.
Él es el Santo de los santos,
el Altísimo,
el Santísimo,
Dios manifestado en carne,
apartado de los pecadores,
hecho más sublime que los cielos.
“Tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos.”
(Hebreos 7:26)
Jesús no necesita ser defendido por teorías humanas ni rebajado a narrativas sensacionalistas.
Él es la Verdad eterna,
el mismo que dijo:
“Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.”
Reducir a Cristo es negar su gloria.
Cuestionar su santidad es desconocer su identidad.
Tocar su pureza es desafiar la revelación de Dios mismo.
Por eso lo afirmamos sin titubeos:
Jesucristo no es un personaje histórico moldeable,
es el Señor soberano,
el Rey de reyes,
el único Dios verdadero,
exaltado por encima de todo nombre,
digno de toda honra, gloria y adoración.
Y ante Él, no se discute su santidad:
se reconoce, se reverencia y se adora.