10/01/2026
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En 1 Corintios 9:25 (NBLA)
Pablo comparó la corona de un atleta con el premio eterno del creyente: "Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno". Pablo mantuvo la mirada fija en la meta porque todo su objetivo y propósito en la vida era ganar a Cristo: "Antes creía que esas cosas eran valiosas, pero ahora considero que no tienen ningún valor debido a lo que Cristo ha hecho. Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo" (Filipenses 3:7-8, NBLA).
Cuando se trata de avanzar, nuestro cuerpo tiende a moverse automáticamente hacia el lugar al que dirigen nuestros ojos. Un corredor que se vuelve constantemente para mirar atrás perderá la carrera. Consciente de este fenómeno, Pablo instó a los creyentes a dejar de mirar atrás y a mantenerse centrados en la meta futura. El propio Pablo estaba decidido a "olvidar" o "borrar de su mente" su antigua forma de vida, cuando perseguía violentamente a la iglesia de Dios y trataba de destruirla (Gálatas 1:13). Dejó de obsesionarse con los obstáculos y las dificultades de la persecución, el encarcelamiento y el abandono de su pasado (2 Corintios 4:8-9; Hechos 16:22-40; 23:10; 25:1-12; 28:17-31; 2 Timoteo 1:15). En cambio, se esforzó por alcanzar lo que tenía por delante. Esperaba con ansias el cielo, la resurrección de su cuerpo y el encuentro cara a cara con su Salvador: "Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de Su gloria" (Filipenses 3:20-21, NBLA).
¿Cómo nos impiden progresar en nuestro crecimiento espiritual las cosas que hemos dejado atrás?
Aferrarnos a emociones como el rencor y la falta de perdón puede frenarnos e incluso mantenernos atrapados en el pasado. Repetir los conflictos y revivir episodios dolorosos solo servirá para reabrir viejas heridas. Pedro nos exhortó a dejar atrás estas cosas: "Por lo tanto, desháganse de toda mala conducta. Acaben con todo engaño, hipocresía, celos y toda clase de comentarios hirientes. Como bebés recién nacidos, deseen con ganas la leche espiritual pura para que crezcan a una experiencia plena de la salvación. Pidan a gritos ese alimento nutritivo" (1 Pedro 2:1-2, NTV). La culpa y la desesperación por los pecados del pasado también pueden mantenernos encadenados al pasado. Pero Dios no nos echa en cara nuestros pecados pasados, y nosotros tampoco deberíamos hacerlo (1 Juan 1:7-9).
DTB corre y avanza Cristo Viene