10/22/2026
Como nacio el himno “Oh Que amigo, nos es Cristó?” Joseph Scriven nació en 1819 en Banbridge, condado de Down, Irlanda, en el seno de una familia acomodada. En 1842 se graduó de Trinity College, en Dublín. Sin embargo, su vida estuvo marcada por profundas experiencias de dolor. En 1843, la noche anterior a su boda, su prometida murió accidentalmente ahogada, una tragedia que cambió para siempre el rumbo de su existencia.
Al año siguiente, cuando tenía apenas 25 años, Scriven decidió abandonar Irlanda y emigrar a Canadá. Se estableció en Woodstock, Ontario, impulsado por el deseo de dedicar su vida al servicio de Dios, de acuerdo con su fe en los Hermanos de Plymouth. Aunque inicialmente permaneció poco tiempo en Canadá debido a problemas de salud, regresó definitivamente en 1847.
Durante algunos años se dedicó a la enseñanza privada en Brantford, Ontario. En 1855, mientras residía en Bewdley, cerca de Port Hope, recibió una noticia dolorosa desde Irlanda: su madre estaba gravemente enferma. Deseando consolarla a pesar de la distancia, escribió un poema titulado Pray Without Ceasing («Orad sin cesar»).
Scriven nunca imaginó que aquellas palabras personales, nacidas de su amor por su madre y de su confianza en Dios, llegarían a convertirse en una de las expresiones más conocidas de la fe cristiana. Tiempo después, Charles Crozat Converse les puso música y el poema pasó a conocerse como el himno What a Friend We Have in Jesus, traducido al español como «¡Oh, qué amigo nos es Cristo!».
Hacia 1857, Scriven se trasladó a las proximidades de Port Hope, donde volvió a enamorarse y planeó casarse. Sin embargo, el sufrimiento volvió a tocar su puerta. En agosto de 1860, su prometida enfermó de neumonía y falleció.
Después de experimentar estas pérdidas tan profundas, Scriven dedicó el resto de su vida a enseñar, predicar y ayudar a quienes atravesaban necesidades. Su existencia se convirtió en un testimonio de servicio y entrega, aun en medio de las pruebas personales.
En 1869 publicó una colección de 115 himnos y otros poemas, aunque curiosamente no incluyó en ella la composición que llegaría a ser su obra más famosa: What a Friend We Have in Jesus.
Joseph Scriven murió ahogado en 1886, a los 66 años. Su historia permanece vinculada a un himno que ha llevado consuelo a millones de personas en diferentes países y generaciones.