10/06/2026
En el mundo neoevangélico tienes:
– Canciones que alaban a David.
– Conferencias que alaban a Debora.
– Sermones que alaban a los patriarcas y profetas.
– Libros que elogian a Pablo y el resto de los Apóstoles.
Pero no te atrevas, ni por un segundo, elogiar, alabar o enaltecer el nombre de María, la madre de nuestro Señor.
El desdén, el desprecio y la ignorancia sobre el rol singular que Dios le otorgó a María en la obra redentora de la humanidad, es de lamentar.
Sin María, no hay cuerpo.
Sin cuerpo, no hay sacrificio.
Sin sacrificio, no hay derramamiento de sangre.
Sin derramamiento de sangre, no hay remisión de los pecados.
Sin remisión de los pecados, no hay salvación para la descendencia de Eva.
María es, como dijeron los primeros Cristianos, la nueva Eva. Sólo para citar a uno de ellos, Justino Mártir (Diálogo con Trifón):
– "Cristo nace de la virgen, para que la desobediencia causada por la serpiente sea destruida de la misma manera en que se había originado. Porque Eva, siendo virgen, concibió la palabra de la serpiente y engendró la muerte por medio de la desobediencia. Pero la virgen María, llena de fe y de alegría, cuando el ángel Gabriel le anunció la buena nueva de que el Espíritu del Señor vendría sobre ella, y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra, y por tanto el Santo nacido de ella sería el Hijo de Dios, respondió: 'Hágase en mí según tu palabra'. Y, en efecto, ella dio a luz a Aquel por quien Dios destruye a la serpiente y libera de la muerte a los que se arrepienten de sus pecados y creen en Él".
Ahora bien, la pregunta es: ¿pudo Dios haber escogido a otra mujer aparte de María? Ciertamente: pudo. Pero no lo hizo porque no quiso. Y este es precisamente el punto que destaca aún más a María: fue el puro beneplácito del Padre, escoger y predestinar a María, desde la eternidad pasada, para que fuera la Madre de Su Hijo, para que de ella, es decir, de su cuerpo, sangre y hueso, el Logos eterno asumiera forma humana y habitare entre nosotros. De manera que la sangre que Él vertió en la cruz por mí y por ti, es la sangre que de María Él asumió en su vientre.
¡Wow!
Si esto no te sorprende, si esto no te causa tanto asombro y admiración de María cómo lo causó en Elisabet, su pariente mayor, realmente nada te sorprenderá del gran misterio de nuestra Fe (1 Timoteo 3:16). María es, la madre de mi Señor y mi Dios; pues así lo dicen las Escrituras.
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– "Y aconteció que cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz y dijo: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque he aquí, apenas la voz de tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de gozo en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor" (Lucas 1:41-45).
– "Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz" (Isaías 9:6).