04/21/2025
El Papa ha mu**to. Y cuando una figura religiosa global como esta muere, el mundo se da cuenta. Los titulares ruedan, los homenajes llegan y las conversaciones se encienden. Pero aunque el asiento de Roma ahora puede estar vacío, el trono del Cielo nunca ha estado vacante. Ni por un segundo.
El Salmo 90:2 dice: “Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios.”
Dios no tiene principio, ni fin, y no necesita un sucesor. No se desgasta, no renuncia o fallece. Él reina eternamente.
Este momento nos recuerda algo mucho más grande que un funeral: es una llamada de atención para considerar quién realmente tiene autoridad. Los hombres van y vienen. Las coronas se pasan. Los títulos son heredados. Pero Cristo no es votado por los cardenales ni confirmado por la tradición. Hebreos 1:3 dice: "Él sostiene el universo por la palabra de Su poder". Eso no es ceremonial. Eso no es simbólico. Ese es el verdadero poder. Y Jesús no heredó su autoridad. Se la ganó. Filipenses 2:9 dice que “Por lo cual, también Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que es sobre todo nombre;”
Filipenses 2:8 ¿Por qué? Porque se humilló a sí mismo, tomó la forma de un sirviente, obedeció.
No había humo blanco, sólo la tumba vacía.
Las instituciones religiosas no pueden salvar. Las túnicas clericales no pueden limpiar. Los títulos pueden impresionar al mundo, pero solo la sangre de Cristo puede reconciliar un alma con Dios. Si un hombre vestido de esplendor todavía debe morir, entonces deja que eso te provoque una santa urgencia. La muerte llega para todos nosotros. La pregunta es: ¿estás listo?
Jesús dijo: "Soy la resurrección y la vida. Quien crea en mí, aunque muera, vivirá". Eso no es un ritual. Eso es rescate.
Así que llora el fallecimiento de un hombre si quieres, pero deja que te señale al Rey que pasó por la muerte y salió del otro lado vivo para siempre. Apocalipsis 1:18 Jesús declara: "He mu**to, y he aquí que estoy vivo para siempre, y tengo las llaves de la muerte y el Hades".
-Mark Spence