06/01/2026
Puerto Rico 🇵🇷
Triste realidad que es tan común y no sé por qué 🤷🏻♀️
Tomado del muro de Erick
Santiago 2:1 advierte claramente: “Que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas”. Sin embargo, dentro de muchas iglesias existe un problema silencioso: el favoritismo. A veces ciertos miembros reciben atención especial por su posición económica, influencia, cercanía con el liderazgo o utilidad dentro del ministerio, mientras otros son ignorados.
Jesús nunca trató a las personas basándose en su estatus. Se acercó tanto a ricos como a pobres, a líderes religiosos y a pecadores rechazados. El evangelio derriba las barreras humanas porque todos somos igualmente necesitados de gracia delante de Dios.
Cuando un pastor o líder comienza a tener “favoritos”, la iglesia puede convertirse lentamente en un lugar de preferencias humanas en vez de reflejar el carácter imparcial de Cristo. Algunos miembros terminan sintiéndose invisibles, menos importantes o espiritualmente olvidados. Y aunque muchas veces esto no ocurre con mala intención, sigue siendo un pecado que debe ser reconocido.
El pastor está llamado a cuidar todo el rebaño, no solamente a quienes le resultan más cercanos o convenientes. El liderazgo bíblico no funciona por círculos de favoritismo, sino por amor, servicio y justicia espiritual.
Esto también debe confrontar a toda la congregación. La iglesia no puede convertirse en un ambiente de grupos exclusivos, amistades selectivas o trato preferencial. En Cristo, todos formamos un solo cuerpo.
Una iglesia sana refleja el corazón del Buen Pastor: uno que conoce, ama y cuida a todas Sus ovejas, no solamente a unas cuantas.