Saeta de Salvación

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Proclamamos verdades eternas que despiertan esperanza y guían a Cristo, compartiendo literatura llena de verdad y testimonios que exaltan Su nombre y preparan vidas para Su pronto regreso.

"EL PROCESO DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA" — Parte IMas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumen...
06/08/2026

"EL PROCESO DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA" — Parte I

Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto (Proverbios 4:18).

Como venimos diciendo, la perfección cristiana es un fenómeno que lleva su tiempo, Dios acompaña el crecimiento del creyente hasta que alcanza la perfección.
Veamos los versículos y las citas que así lo justifican:

El proceso hacia la perfección

“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18).

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa” (Filipenses 3:12-16).

“En la segunda carta de Pedro a los que habían alcanzado la “fe igualmente preciosa” con él, el apóstol expone el plan divino para el desarrollo del carácter cristiano…
Estas palabras están llenas de instrucción, y dan la nota tónica de la victoria. El apóstol presenta a los creyentes la escalera del progreso cristiano, en la cual cada peldaño representa un avance en el conocimiento de Dios, y en cuya ascensión no debe haber detenciones. Fe, virtud, ciencia, temperancia, paciencia, piedad, fraternidad y amor representan los peldaños de la escalera. Somos salvados subiendo escalón tras escalón, ascendiendo paso tras paso hasta el más alto ideal que Cristo tiene para nosotros. De esta manera, él es hecho para nosotros sabiduría y justificación, santificación y redención. Dios ha llamado a su pueblo para que alcancen gloria y virtud, y éstas se manifestarán en la vida de cuantos estén verdaderamente relacionados con él. Habiéndoseles permitido participar del don celestial, deben seguir dirigiéndose hacia la perfección, siendo “guardados en la virtud de Dios por fe.” 1 Pedro 1:5. La gloria de Dios consiste en otorgar su poder a sus hijos. Desea ver a los hombres alcanzar la más alta norma: y serán hechos perfectos en él cuando por fe echen mano del poder de Cristo, cuando recurran a sus infalibles promesas reclamando su cumplimiento, cuando con una importunidad que no admita rechazamiento, busquen el poder del Espíritu Santo.

Habiendo recibido la fe del Evangelio, la siguiente obra del creyente es añadir virtud a su carácter y así limpiar el corazón y preparar la mente para la recepción del conocimiento de Dios. Este conocimiento es el fundamento de toda verdadera educación y de todo verdadero servicio. Es la única real salvaguardia contra la tentación; y solamente eso puede hacerle a uno semejante a Dios en carácter. Por medio del conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, se imparten a los creyentes “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad.” Ningún buen don se niega al que sinceramente desea obtener la justicia de Dios.

“Esta empero es la vida eterna—dijo Cristo,—que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado.” Juan 17:3. Y el profeta Jeremías declaró: “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar; en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” Jeremías 9:23, 24. Difícilmente puede la mente humana entender la anchura, profundidad y altura de las realizaciones espirituales del que obtiene este conocimiento.

CONTINUARÁ...

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¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte V.“Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresion...
06/03/2026

¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte V.

“Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Ezequiel 18:30.

El docto Nicodemo había leído esas precisas profecías con una mente anublada, pero ahora empezaba a comprender su verdadero significado, y a entender que, aun un hombre justo y honorable como era él, debía experimentar un nuevo nacimiento por medio de Jesucristo como la única condición sobre la cual pudiera ser salvado y tener asegurada una entrada en el reino de Dios. Jesús habló en forma absoluta, indicando que a menos que una persona nazca de nuevo, no puede percibir el reino que Cristo vino a establecer en la tierra. Una precisión rígida en obedecer la ley no le da derecho a nadie a entrar en el reino de los cielos.
Debe haber un nuevo nacimiento, una nueva mente mediante la operación del Espíritu de Dios que purifica la vida y ennoblece el carácter. Esta conexión con Dios habilita a los mortales para el glorioso reino de los cielos. Ningún invento humano puede encontrar nunca un remedio para el alma pecadora. Sólo por medio del arrepentimiento y la humillación, de una sumisión a los requerimientos divinos, puede llevarse a cabo la obra de la gracia. La iniquidad es tan ofensiva a la vista de Dios, a quien el pecador ha insultado y agraviado por tanto tiempo, que un arrepentimiento proporcional al carácter de los pecados cometidos a menudo produce una agonía de espíritu que es difícil de soportar.
Nada menos que una aceptación práctica y una aplicación de la verdad divina abre el reino de Dios a los seres humanos. Allí sólo puede entrar un corazón puro y humilde, obediente y amante, firme en la fe y en el servicio del Altísimo. Jesús también declaró que, “como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:14, 15..
La serpiente en el desierto fue levantada sobre un palo ante el pueblo, para que todos los que habían sido mordidos fatalmente por las serpientes ardientes pudieran mirar a esa serpiente de bronce, símbolo de Cristo, y ser sanados instantáneamente. Pero debían mirar con fe, o no les serviría de nada. De la misma manera la gente hoy debe mirar al Hijo del Hombre como su Salvador para tener la vida eterna. El pecado ha separado a la raza humana de Dios. Cristo trajo su divinidad a la tierra, velada por su humanidad, para rescatar a la raza de su condición perdida. La naturaleza humana es vil, y el carácter debe ser cambiado antes de que pueda armonizar con lo puro y santo en el reino inmortal de Dios. Esta transformación es el nuevo nacimiento” (Elena G. de White - The Signs of the Times, 15 de noviembre de 1883 / SSJ 360).

La ley por sí misma no tiene poder para salvar

“Pablo había exaltado siempre la ley divina. Había mostrado que en la ley no hay poder para salvar a los hombres del castigo de la desobediencia. Los que han obrado mal deben arrepentirse de sus pecados y humillarse ante Dios, cuya justa ira han provocado al violar su ley; y deben también ejercer fe en la sangre de Cristo como único medio de perdón. El Hijo de Dios había mu**to en sacrificio por ellos, y ascendido al cielo para ser su abogado ante el Padre. Por el arrepentimiento y la fe, ellos podían librarse de la condenación del pecado y, por la gracia de Cristo, obedecer la ley de Dios” (Elena G. de White - HAP 315).

“Pablo había exaltado siempre la ley divina. Había mostrado que en la ley no hay poder para salvar a los hombres del castigo de la desobediencia. Los que han obrado mal deben arrepentirse de sus pecados y humillarse ante Dios, cuya justa ira han provocado al violar su ley; y deben también ejercer fe en la sangre de Cristo como único medio de perdón. El Hijo de Dios había mu**to en sacrificio por ellos, y ascendido al cielo para ser su abogado ante el Padre. Por el arrepentimiento y la fe, ellos podían librarse de la condenación del pecado y, por la gracia de Cristo, obedecer la ley de Dios” (Elena G. de White - HAP 315).

CONTINUARÁ...

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¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte IV.¿Podemos guardar los mandamientos por nuestro propio ...
05/31/2026

¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte IV.

¿Podemos guardar los mandamientos por nuestro propio poder?

“El que está intentando alcanzar el cielo por sus propias obras al guardar la ley, está intentando un imposible. El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios. Si el hombre pudiera salvarse por sus propias obras, podría tener algo en sí mismo por lo cual regocijarse. El esfuerzo que el hombre pueda hacer con su propia fuerza para obtener la salvación está representado por la ofrenda de Caín. Todo lo que el hombre pueda hacer sin Cristo está contaminado con egoísmo y pecado, pero lo que se efectúa mediante la fe es aceptable ante Dios. El alma hace progresos cuando procuramos ganar el cielo mediante los méritos de Cristo. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe”, podemos proseguir de fortaleza en fortaleza, de victoria en victoria, pues mediante Cristo la gracia de Dios ha obrado nuestra completa salvación” (Elena G. de White - FO 97).

“Un estudio de la Biblia hecho con oración mostraría a los protestantes el verdadero carácter del papado y se lo haría aborrecer y rehuir; pero muchos son tan sabios en su propia opinión que no sienten ninguna necesidad de buscar humildemente a Dios para ser conducidos a la verdad. Aunque se enorgullecen de su ilustración, desconocen tanto las Sagradas Escrituras como el poder de Dios. Necesitan algo para calmar sus conciencias, y buscan lo que es menos espiritual y humillante. Lo que desean es un modo de olvidar a Dios, pero que parezca recordarlo. El papado responde perfectamente a las necesidades de todas esas personas. Es adecuado a dos clases de seres humanos que abarcan casi a todo el mundo: los que quisieran salvarse por sus méritos, y los que quisieran salvarse en sus pecados. Tal es el secreto de su poder” (Elena G. de White - CS 629).

“Mediante su obediencia el pueblo debía evidenciar su fe. Asimismo todo aquel que espera ser salvo por los méritos de la sangre de Cristo debe comprender que él mismo tiene algo que hacer para asegurar su salvación. Sólo Cristo puede redimirnos de la pena de la transgresión, pero nosotros debemos volvernos del pecado a la obediencia. El hombre ha de salvarse por la fe, no por las obras; sin embargo, su fe debe manifestarse por sus obras. Dios dio a su Hijo para que muriera en propiciación por el pecado; ha manifestado la luz de la verdad, el camino de la vida; ha dado facilidades, ordenanzas y privilegios; y el hombre debe cooperar con estos agentes de la salvación; ha de apreciar y usar la ayuda que Dios ha provisto; debe creer y obedecer todos los requerimientos divinos” (Elena G. de White - PP 283-284).

“Es elegida toda alma que labre su propia salvación con temor y temblor. Es elegido el que se ponga la armadura y pelee la buena batalla de la fe. Es elegido el que vele en oración, el que escudriñe las Escrituras, y huya de la tentación. Es elegido el que tenga fe continuamente, y el que obedezca a cada palabra que sale de la boca de Dios. Las medidas tomadas para la redención se ofrecen gratuitamente a todos, pero los resultados de la redención serán únicamente para los que hayan cumplido las condiciones” (Elena G. de White - PP 207-208).

"La salvación del alma requiere la combinación de la fuerza divina y la humana. Dios no se propone hacer la obra que el hombre puede hacer para alcanzar la norma de justicia. El hombre tiene una parte que hacer... Pero a fin de recibirla, el hombre debe unirse con su divino Ayudador. A menos que de su propio consentimiento el hombre esté dispuesto a renunciar a la práctica del pecado, Cristo no puede quitarle su pecado. El hombre debe cooperar de todo corazón con Dios, obedeciendo voluntariamente sus leyes, demostrando que aprecia el gran regalo de la gracia. Por medio del sentimiento de su dependencia de Dios, teniendo fe en Cristo como su Salvador personal, esperando eficacia y éxito mientras mantiene siempre a Cristo delante de él-es así como el hombre cumple con la exhortación: 'Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor' (Filipenses 2:12). Pero el esfuerzo humano no es suficiente. De nada sirve sin el poder divino. Por sí mismo, el hombre no tiene fuerza para luchar contra los poderes de las tinieblas. Por lo tanto, Cristo vistió su divinidad con la humanidad, y vino a esta tierra para cooperar con el hombre. A aquellos que lo reciben y confían en su poder para salvar, les imparte la virtud de su justicia. Les da el poder de ser hijos de Dios. 'Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros... de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia - Juan 1:14, 16" (Elena G. de White- Signs of the Times, 25 de septiembre, 1901)

"Cristo no libera al pecador de su obligación de guardar la ley. Por su muerte, Cristo hace posible que podamos guardar la ley. El pecador está bajo obligación a la ley. Aunque Cristo murió en el lugar del pecador, este es responsable de toda la penalidad de la ley si no cumple con las condiciones del evangelio; y este prescribe la obediencia, si él se beneficiara por la obediencia que ofrece. La expiación fue hecha para quitar el pecado del mundo" (Elena G. de White - Signs of the Times, 4 de agosto, 1898).

“Se nos presenta el trato de Cristo con el joven como una lección objetiva. Dios nos dio la regla de conducta que debe seguir cada uno de sus siervos. Es la obediencia a su ley, no sólo una obediencia legal, sino una obediencia que penetra en la vida y se ejemplifica en el carácter. Dios fijó su propia norma de carácter para todos los que quieren llegar a ser súbditos de su reino. Únicamente aquellos que lleguen a ser colaboradores con Cristo, únicamente aquellos que digan: Señor, todo lo que tengo y soy te pertenece, serán reconocidos como hijos e hijas de Dios. Todos deben considerar lo que significa desear el cielo, y sin embargo apartarse de él por causa de las condiciones impuestas. Pensemos en lo que significa decir no a Cristo.
El príncipe dijo: No, yo no puedo darte todo. ¿Decimos nosotros lo mismo? El Salvador ofrece compartir con nosotros la obra que Dios nos ha dado. Nos ofrece emplear los recursos que Dios nos ha dado, para llevar a cabo su obra en el mundo. Únicamente así puede salvarnos” (Elena G. de White - DTG 480).

CONTINUARÁ...

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📚 La obra de publicaciones nunca fue pensada por Dios como una actividad secundaria.Mucho antes de que existieran las re...
05/31/2026

📚 La obra de publicaciones nunca fue pensada por Dios como una actividad secundaria.

Mucho antes de que existieran las redes sociales, la radio o la televisión, Dios ya había señalado un medio para llevar la verdad a lugares donde el predicador no podía llegar.

Un libro puede entrar en un hogar donde nadie aceptaría una visita. Puede permanecer en una estantería durante años hasta que llegue el momento oportuno. Puede ser leído una y otra vez. Puede hablar cuando el mensajero ya no está presente.

Por eso Elena G. White escribió:

«"Vi que la obra de la verdad presente debiera cautivar el interés de todos. La publicación de la verdad es el plan ordenado por Dios, como medio para amonestar, reconfortar, reprochar, exhortar y convencer a todos los que reciban los mensajeros silenciosos, que no tienen voz audible. Los ángeles de Dios desempeñan una parte en la preparación de los corazones para que sean santificados por las verdades publicadas, y estén preparados para los solemnes y cercanos acontecimientos que les esperan."»

— Ministerio de Publicaciones, p. 377
(Cita original en Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 490)

En Saeta de Salvación creemos que preservar, rescatar, traducir y difundir literatura adventista fiel no es simplemente una labor editorial. Es participar en un plan que Dios estableció para que la verdad siga hablando a nuevas generaciones.

📖 La publicación de la verdad es el plan ordenado por Dios.

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¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte III.“El primer intento por derribar la ley de Dios, hech...
05/28/2026

¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte III.

“El primer intento por derribar la ley de Dios, hecho entre los inmaculados habitantes del cielo pareció por algún tiempo coronado de éxito. Un inmenso número de ángeles fue seducido; pero el aparente triunfo de Satanás se convirtió en derrota y pérdida, y determinó su separación de Dios y su destierro del cielo. Cuando se renovó el conflicto en la tierra, Satanás volvió a ganar una aparente ventaja. Por la transgresión, el hombre llegó a ser su cautivo, y el reino del hombre cayó en manos del jefe de los rebeldes. Pareció que Satanás tendría libertad para establecer un reino independiente y para desafiar la autoridad de Dios y de su Hijo. Pero el plan de la redención hizo posible que el hombre volviera a la armonía con Dios y a acatar su ley; y que tanto la tierra como el hombre pudieran ser finalmente redimidos del poder del diablo” (Elena G. de White - PP 342).

“Todos los que humillen sus corazones, confesando sus pecados, encontrará misericordia y gracia y seguridad. ¿Ha cesado Dios, en mostrarle misericordia al pecador, de ser justo? ¿Ha deshonrado Él Su santa ley, y pasará Él por alto, de aquí en adelante, la violación de la misma? Dios es verdadero. Él no ha cambiado. Las condiciones de la salvación son siempre las mismas. Vida, vida eterna, es para todo aquel que obedece la ley de Dios” (Elena G. de White - 7CBA 942).

“El amor de Dios como se manifestó en Jesús, nos llevará al verdadero concepto del carácter de Dios. Cuando contemplemos a Cristo, traspasado por nuestros pecados, veremos que no podemos quebrantar la ley de Dios, y permanecer en su gracia. Sentiremos que, como pecadores debemos aferrarnos a los méritos de Cristo y cesar de pecar. Entonces somos acercados a Dios. Tan pronto como tengamos un concepto correcto del amor de Dios no estaremos inclinados a abusar de él” (Elena G. de White - Mensajes Selectos tomo 1 366).

¿Es necesario guardar toda la ley?

(Comentando la carta a los Gálatas) “Substituir la santidad del corazón y la vida por las formas exteriores de la religión, es tan agradable para la naturaleza no renovada hoy como en los días de esos maestros judíos. Hoy, como entonces, hay falsos guías espirituales, a cuyas doctrinas muchos prestan atención ansiosamente. El esfuerzo premeditado de Satanás procura apartar las mentes de la esperanza de salvación mediante la fe en Cristo y la obediencia a la ley de Dios. En toda época el gran enemigo adapta sus tentaciones a los prejuicios e inclinaciones de aquellos a quienes trata de engañar. En los tiempos apostólicos inducía a los judíos a exaltar la ley ceremonial y a rechazar a Cristo; y actualmente induce a muchos profesos cristianos, con el pretexto de honrar a Cristo, a menospreciar la ley moral y a enseñar que sus preceptos pueden ser transgredidos impunemente. Es el deber de todo siervo de Dios resistir firmemente a estos pervertidores de la fe y, por la palabra de verdad, exponer denodadamente sus errores” (Elena G. de White - HAP 310).

“Los pequeños pecados que los hombres piensan que son tan triviales en sus caracteres, que debido a ellos no van a ser llevados a condenación, son muy ofensivos a la vista de Dios. Alguien puede decir, ‘Usted es muy severo, un hombre puede permitirse estos pequeños defectos de carácter’. Escuchemos las palabras de Cristo. Él dice: ‘Todo aquel que guarde toda la ley, y sin embargo ofenda en un punto, es culpable de todo” (Elena G. de White - RH, 1 de Agosto de 1893).

“Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio” (Santiago 2:8-13).
“Haz esto, y vivirás,” dijo Jesús. Presentó la ley como una unidad divina, enseñando así que es imposible guardar un precepto y quebrantar otro; porque el mismo principio corre por todos ellos. El destino del hombre será determinado por su obediencia a toda la ley. El amor supremo a Dios y el amor imparcial al hombre son los principios que deben practicarse en la vida” (Elena G. de White - DTG 461.1).

"En su gran sufrimiento, Cristo no sintió ni un ápice de amargura contra su Padre. No sintió remordimiento por sus propios pecados, sino por los pecados de la raza caída. Pero aquellos que rechazan el don de Cristo un día sentirán la punzada del remordimiento. La obediencia entera a la ley de Dios es la condición de la salvación. Aquellos que rehúsan esto, que rehúsan aceptar a Cristo, se amargarán contra Dios. Cuando sean castigados por su transgresión, sentirán desánimo y odio. Esta será la experiencia de todos los que no participan del sufrimiento de Cristo; porque esta es la consecuencia certera del pecado" (Elena G. de White - Signs of the Times, 14 de abril, 1890).

“El evangelio del Nuevo Testamento no es la norma del Antiguo Testamento rebajada para llegar hasta el pecador y salvarlo en sus pecados. Dios pide obediencia de todos sus súbditos, obediencia completa a todos sus mandamientos. Ahora, como siempre, demanda perfecta justicia como el único título para el cielo. Cristo es nuestra esperanza y nuestro refugio. Su justicia solo es atribuida al que obedece" (Elena G. de White - Comentario bíblico adventista, tomo 6, p. 1072).

CONTINUARÁ...

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¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte II.“Si se hubiera podido cambiar la ley, el hombre habrí...
05/27/2026

¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte II.

“Si se hubiera podido cambiar la ley, el hombre habría sido salvado sin necesidad del sacrificio de Cristo; pero el hecho de que fuese necesario que Cristo diera su vida por la raza caída prueba que la ley de Dios no exonerará al pecador de sus demandas. Está demostrado que la paga del pecado es la muerte. Cuando murió Cristo, quedó asegurada la destrucción de Satanás. Pero si la ley hubiera sido abolida en la cruz, como muchos aseveran, entonces el amado Hijo de Dios hubiera sufrido la agonía y la muerte sólo para dar a Satanás lo que pedía; entonces el príncipe del mal habría triunfado; y sus acusaciones contra el gobierno divino hubieran quedado probadas. Pero el mismo hecho de que Cristo sufrió la pena de la transgresión del hombre, es para todos los seres creados un poderoso argumento en prueba de que la ley es inmutable; que Dios es justo, misericordioso y abnegado; y que la justicia y la misericordia más infinitas se entrelazan en la administración de su gobierno” (Elena G. de White - PP 57-58).

“El gobierno de Dios es un gobierno de libre albedrío, y no hay un acto de rebelión u obediencia que no sea un acto de libre albedrío. Como creador de todo, Dios lo gobierna todo, y él está obligado a hacer cumplir su ley en todo el universo. Requerir menos de sus criaturas que la obediencia a su ley sería abandonarlos a la ruina. No castigar la transgresión de su ley sería colocar al universo en confusión. La ley moral es la barrera de Dios entre el agente humano y el pecado. Por eso es que la sabiduría infinita ha colocado ante los hombres la distinción entre lo correcto y lo errado, entre el pecado y la santidad... Las Escrituras dejan en claro que Dios es el Gobernante, y que el hombre se encuentra ante la más elevada obligación de aceptarlo, y de obedecer su ley con el corazón y la mente, confiando en su poder para obtener ayuda y protección” (Elena G. de White - Signs of the Times, 5 de junio, 1901).

“La verdadera fe, que descansa plenamente en Cristo, se manifestará mediante la obediencia a todos los requerimientos de Dios. Desde los días de Adán hasta el presente, el motivo del gran conflicto ha sido la obediencia a la ley de Dios. En todo tiempo hubo individuos que pretendían el favor de Dios, aun cuando menospreciaban algunos de sus mandamientos. Pero las Escrituras declaran “que la fe fue perfecta por las obras,” y que sin las obras de la obediencia, la fe “es muerta.” “El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él - Santiago 2:22, 17; 1 Juan 2:4” (Elena G. de White - PP 61).

“Cristo vino para dar un ejemplo de perfecta conformidad con la ley de Dios, tal como se requiere de todos, desde Adán, el primer hombre, hasta la última persona que viva en la tierra. Declaró que su misión no consistía en destruir la ley sino en cumplirla mediante una perfecta y cabal obediencia” (Elena G. de White - SSJ 351.3).

“Satanás procuraba inculcar a los hombres la creencia de que no había premio para los justos ni castigo para los impíos, y que era imposible para el hombre obedecer los estatutos divinos. Pero en el caso de Enoc, Dios declara de sí mismo que “existe y que es remunerador de los que le buscan.” Hebreos 11:6. Revela lo que hará en bien de los que guardan sus mandamientos. A los hombres se les demostró que se puede obedecer la ley de Dios; que aun viviendo entre pecadores corruptos, podían, mediante la gracia de Dios, resistir la tentación y llegar a ser puros y santos. Vieron en su ejemplo la bienaventuranza de esa vida; y su traslación fue una evidencia de la veracidad de su profecía acerca del porvenir que traerá un galardón de felicidad, gloria y vida eterna para los obedientes, y de condenación, pesar y muerte para el transgresor.
“Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte,... y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.” Vers. 5. En medio de un mundo condenado a la destrucción por su iniquidad, Enoc pasó su vida en tan íntima comunión con Dios, que no se le permitió caer bajo el poder de la muerte. El piadoso carácter de este profeta representa el estado de santidad que deben alcanzar todos los que serán “comprados de entre los de la tierra” (Apocalipsis 14:3) en el tiempo de la segunda venida de Cristo. En ese entonces, así como en el mundo antediluviano, prevalecerá la iniquidad. Siguiendo los impulsos de su corrupto corazón y las enseñanzas de una filosofía engañosa, el hombre se rebelará contra la autoridad del Cielo. Pero, así como Enoc, el pueblo de Dios buscará la pureza de corazón y la conformidad con la voluntad de su Señor, hasta que refleje la imagen de Cristo. Tal como lo hizo Enoc, anunciarán al mundo la segunda venida del Señor, y los juicios que merecerá la transgresión; y mediante su conversación y ejemplo santos condenarán los pecados de los impíos” (Elena G. de White - PP 76-78).

“El sacrificio exigido a Abrahán no fue sólo para su propio bien ni tampoco exclusivamente para el beneficio de las futuras generaciones; sino también para instruir a los seres sin pecado del cielo y de otros mundos. El campo de batalla entre Cristo y Satanás, el terreno en el cual se desarrolla el plan de la redención, es el libro de texto del universo. Por haber demostrado Abrahán falta de fe en las promesas de Dios, Satanás le había acusado ante los ángeles y ante Dios de no ser digno de sus bendiciones. Dios deseaba probar la lealtad de su siervo ante todo el cielo, para demostrar que no se puede aceptar algo inferior a la obediencia perfecta y para revelar más plenamente el plan de la salvación” (Elena G. de White - PP 150-151).

“Antes del diluvio, Dios mandó a Noé que diese aviso al mundo, para que los hombres fuesen llevados al arrepentimiento, y para que así escapasen a la destrucción. A medida que se aproxima el momento de la segunda venida de Cristo, el Señor envía a sus siervos al mundo con una amonestación para que los hombres se preparen para ese gran acontecimiento. Multitudes de personas han vivido violando la ley de Dios, y ahora, con toda misericordia, las llama para que obedezcan sus sagrados preceptos. A todos los que abandonen sus pecados mediante el arrepentimiento para con Dios y la fe en Cristo, se les ofrece perdón. Pero muchos creen que renunciar al pecado es hacer un sacrificio demasiado grande. Porque su vida no está en armonía con los principios puros del gobierno moral de Dios, rechazan sus amonestaciones y niegan la autoridad de su ley” (Elena G. de White - PP 91-92).

“El amor de Dios ahora se extiende para abrazar al más degradado y vil pecador que se acerque contrito a Cristo. Se extiende para transformar al pecador en obediente y fiel hijo de Dios. Sin embargo, ni una sola alma puede ser salvada si continúa en el pecado” (Elena G. de White - Mensajes Selectos tomo 1 367).

CONTINUARÁ...

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¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte I.Versículo clave: “Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno...
05/26/2026

¿SE NECESITAN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS? — Parte I.

Versículo clave: “Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19:17).

En este estudio intentaremos definir la importancia de la ley en la salvación de las personas. Sabemos que somos salvos solo por gracia, por la vida, la muerte y el ministerio intercesor de Cristo, es el único con los méritos suficientes y con el poder para obrar la salvación. ¿Pero, tendrá algo que ver la obra del hombre de guardar los mandamientos de Dios? ¿Es necesario para que se produzca la redención? Descubrámoslo:

La ley de Dios no pasará por alto los pecados
“De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío” (Éxodo 23: 7).

“Dios hizo al hombre recto; le dio nobles rasgos de carácter, sin inclinación hacia lo malo. Le dotó de elevadas cualidades intelectuales, y le presentó los más fuertes atractivos posibles para inducirle a ser constante en su lealtad. La obediencia, perfecta y perpetua, era la condición para la felicidad eterna. Cumpliendo esta condición, tendría acceso al árbol de la vida” (Elena G. de White - PP 30-31).

“El Señor no requiere menos del alma ahora que lo que requirió de Adán en el paraíso antes de la caída: perfecta obediencia, justicia impecable. Lo que Dios requiere bajo el pacto de la gracia es tan amplio como lo que requirió en el paraíso. Armonía con su ley que es santa y justa y buena. El evangelio no debilita las demandas de la ley. Exalta la ley y la hace honorable. En el nuevo testamento no se requiere menos de lo que se requería en el antiguo testamento” (Elena G. de White - MS tomo 1 439).

“Las condiciones por las cuales puede ganarse la vida eterna bajo el nuevo pacto, son las mismas que había bajo el antiguo pacto: perfecta obediencia” (Elena G. de White - 7CBA 943).

"Si bajo el pacto abrahámico no hubiera sido posible que los seres humanos guardaran los mandamientos de Dios, todos estaríamos perdidos. El pacto abrahámico es el pacto de la gracia. 'Por gracia sois salvos' (Efe. 2:8). ¿Hijos desobedientes? No, obedientes a todos los mandamientos divinos. Si no fuese posible que fuéramos observadores de los mandamientos, entonces ¿por qué hace Dios de la obediencia a sus mandamientos la prueba de que lo amamos?” (Elena G. de White - Comentario bíblico adventista, tomo 1, p. 1106).

“La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había perdido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía; y no habría quedado esperanza para la raza caída, si Dios, por el sacrificio de su Hijo, no hubiese puesto la inmortalidad a su alcance. Como “la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron,” Cristo “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.” Romanos 5:12; 2 Timoteo 1:10. Y sólo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad. Jesús dijo: “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; más el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida.” Juan 3:36. Todo hombre puede adquirir un bien tan inestimable si consiente en someterse a las condiciones necesarias. Todos “los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,” recibirán “la vida eterna - Romanos 2:7” (Elena G. de White - CS 588).

“Dios creó al hombre a su semejanza, libre de pecado. La tierra debía ser poblada con seres algo inferiores a los ángeles; pero debía probarse su obediencia; pues Dios no había de permitir que el mundo se llenara de seres que menospreciasen su ley. No obstante, en su gran misericordia, no señaló a Adán una prueba severa. La misma levedad de la prohibición hizo al pecado sumamente grave. Si Adán no pudo resistir la prueba más ínfima, tampoco habría podido resistir una mayor, si se le hubiesen confiado responsabilidades más importantes.
Si Adán hubiese sido sometido a una prueba mayor, entonces aquellos cuyos corazones se inclinan hacia lo malo se hubiesen disculpado diciendo: “Esto es algo insignificante, y Dios no es exigente en las cosas pequeñas.” Y así hubiera habido continuas transgresiones en las cosas aparentemente pequeñas, que pasan sin censura entre los hombres. Pero Dios indicó claramente que el pecado en cualquier grado le es ofensivo.
A Eva le pareció de poca importancia desobedecer a Dios al probar el fruto del árbol prohibido y al tentar a su esposo a que pecara también; pero su pecado inició la inundación del dolor sobre el mundo. ¿Quién puede saber, en el momento de la tentación, las terribles consecuencias de un solo mal paso? Muchos que enseñan que la ley de Dios no es obligatoria para el hombre, alegan que es imposible obedecer sus preceptos. Pero si eso fuese cierto, ¿por qué sufrió Adán el castigo por su pecado? El pecado de nuestros primeros padres trajo sobre el mundo la culpa y la angustia, y si no se hubiesen manifestado la misericordia y la bondad de Dios, la raza humana se habría sumido en irremediable desesperación. Nadie se engañe. “La paga del pecado es muerte.” Romanos 6:23. La ley de Dios no puede violarse ahora más impunemente que cuando se pronunció la sentencia contra el padre de la humanidad” (Elena G. de White - PP 45).

“Así como el sacrificio en beneficio nuestro fue completo, también debe ser completa nuestra restauración de la corrupción del pecado. La ley de Dios no disculpará ningún acto de perversidad; ninguna injusticia escapará a su condenación. El sistema moral del Evangelio no reconoce otro ideal que el de la perfección del carácter divino. La vida de Cristo fue el perfecto cumplimiento de todo precepto de la ley. Él dijo: “He guardado los mandamientos de mi Padre”. Su vida es para nosotros un ejemplo de obediencia y servicio” (Elena G. de White - El Ministerio de Curación 359).

CONTINUARÁ...

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