03/28/2024
Gloria, Gloria a Dios
Sigamos estudiando en estos días sobre la Gloriosa Obra de Jesucristo en la cruz del Calvario como el Cordero de Dios:
JESÚS EL ENVIADO:
“Nuestra Pascua”
I Parte
"Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será este el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Más si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedaré hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová”. Éxodo 12:1-11
Las implicaciones del sacrificio de Jesucristo; el Enviado del Padre deben ser enseñadas en este tiempo con vehemencia entre el Pueblo de Dios; esta obra en la cruz del Calvario es fundamental, determinante y única, debe ser conocida por todos. Amén.
Si la muerte de Cristo como Cordero de Dios no es explicada con claridad le puede suceder a mucha gente lo que ocurrió al eunuco etíope del libro de los Hechos.
El capítulo ocho nos narra la historia:
“Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñaré? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; más su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”. versos 27-35
Este eunuco de Etiopía era convertido al judaísmo, él buscaba con gran anhelo conocer las Escrituras y su revelación. Había buscado en su religión y las fiestas de Jerusalén la respuesta a sus inquietudes sin hallar la verdad. Él regresaba lleno de frustración de la celebración religiosa de la capital de Israel; era obvio que no le habían podido explicar las palabras del Profeta Isaías.
Él tenía hambre de Dios y de Su Palabra, pero nadie en Jerusalén le había podido explicar lo que describía el Profeta. Ni escribas, ni fariseos, ni sacerdotes ni nadie le habían sacado de sus grandes interrogantes acerca del Cordero de la profecía. Es allí donde encontramos la triste realidad de las religiones, estas no conducen a Dios ni a Su Enviado; a veces más bien alejan y frustran al hombre sediento. Bastó que el Señor enviara a su evangelista Felipe para qué le explicará lo dicho por el profeta Isaías; sobre el Cordero sacrificial. Felipe le enseñó comenzando desde esta escritura y a través de muchas otras el Evangelio de Salvación provisto mediante el sacrificio del Cordero de Dios; no un animal sino de un hombre; el Enviado del Padre, Aleluya.
Esta maravillosa historia del Cordero comienza desde los primeros hombres sobre la tierra. Con la caída de Adán y Eva en el huerto del Edén (Génesis 3) fue necesario cubrir su desnudez después del pecado. Dios preparó para este fin túnicas de pieles. Obviamente estas pieles eran de
los mortales a través de la sangre de un Cordero. Aleluya.
“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”. Génesis 3:21
Desde Adán por las generaciones, el Señor enseñó a Su Pueblo a sacrificarle a Él lo mejor de sus ovejas, esto serviría para anunciar en cada ofrenda que un día Él enviaría a Su Escogido como Cordero de Dios para morir por los pecadores. Amén.
“Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;...” Génesis 4:4
Con el paso de los siglos, los patriarcas de Jehová se acercaron a Él para adorar a través del sacrificio del Cordero. Esta fue una práctica viva y santa en Noé, Abraham, Isaac y Jacob. Después de ellos, Dios levantó a Moisés para establecer el sacrificio del Cordero como una ordenanza dentro de la naciente religión israelita.
“Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo”.
Génesis 22:8 y 13
Después de la multiplicación de los hijos de Jacob (Israel) en grandes tribus, ellos se trasladaron a Egipto en los días de la escasez para ser alimentados por su hermano José, Gobernador del Imperio. Años después, con la muerte de José y de Faraón que le protegía; el pueblo de Israel quedó esclavo en territorio egipcio.
Fueron años y años de esclavitud y trabajo duro haciendo ladrillos para el Faraón y su Imperio.
Aquí se nos muestra un simbolismo impresionante:
A. Faraón representa a satanás el esclavizador.
B. Egipto representa al sistema del mundo y su estructura religiosa,
política y social.
C. Israel simboliza la Iglesia, el Pueblo de Dios.
D. Hacer ladrillos, el trabajar para satán y su sistema dejando de edificar el Reino de Dios.
En el tiempo perfecto de Jehová; ante el clamor de Su gente, Él escucha y responde enviando liberación a través de Moisés.
¡Aleluya !
“Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo”.
Éxodo 3:7-8
La historia de la liberación al pueblo de Israel del yugo de Egipto, es la historia de cada cristiano que fue liberado del diablo y de sus verdugos y sacado del sistema mundano de pecado. Esta es nuestra propia historia.
¡Amén!
Al diablo y a su obra destructora siempre le llega su hora final. Dios lo ha planeado así, es por esto que la esclavitud de Israel; llegó a su final así como también llegó al final la nuestra.
Gloria al Señor.
Después de quebrantar todos los dioses de Egipto, Jehová planificó destruir el poder de su dios mayor; el sol o Amon Rah. Para esto trajo la plaga de tinieblas y la noche de la muerte de los primogénitos de Egipto.
Esa noche sería de un juicio impresionante sobre la tierra de la nación egipcia. La muerte de sus primogénitos llegaría inevitablemente. Jehová tendría misericordia en el territorio donde habitaba Israel solo si las puertas de sus casas tendrían la sangre de un cordero pintada en sus postes y en el dintel de la puerta. ¡Aleluya !
La Escritura señala que Dios ordenó a Israel sacrificar un cordero por familia esa noche de juicio.
Debían pasar por fuego todo el animal y comerlo. Nada de este debía cocinarse con agua o comerse cruda; la carne debía ser asada al fuego y tenía que comerse en la misma noche; ninguna parte del animal debía dejarse para el día siguiente; si algo quedare no podía comerse, sino que tenían que quemarlo todo en el fuego.
Los israelitas tenían que celebrar la muerte del cordero listos para la marcha. Ellos deberían tener ceñidos sus lomos, su calzado puesto en sus pies y su bordón en sus manos. Debían comer la carne apresuradamente; esta sería su última noche en Egipto y debían estar listos para partir en su marcha hacia la libertad.
¡Amén!
Esta sería desde ese día en adelante una gran celebración para Israel y para sus generaciones. Esta sería la Pascua de Jehová.
¡Glorificado sea el Señor!