06/03/2026
Capítulo 21
COMO ROMPER EL AYUNO.
Y le dieron pan, y comió, y le dieron a beber agua. Le dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos racimos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches, 1 Samuel 30:11, 12.
Romper un ayuno de solamente uno o dos días no constituye ningún problema. Sin embargo, e de mucha importancia que sepamos qué es lo que se puede hacer y qué es lo que está mal cuando se rompe un ayuno prolongado a fin de evitar considerable dolor y malestar. En este capítulo trataremos con el aspecto práctico de la finalización de un ayuno prolongado.
Poco es lo que nos revela la Biblia respecto de cómo el común de la gente concluía sus ayunos quizá porque la forma de hacerlo era de conocimiento general en aquella época, ya que el ayunar era una práctica corriente entre personas de distintas creencias religiosas como así también entre los hebreos y cristianos. Pese a esto tenemos la impresión de que el lado práctico del ayuno y su conclusión no era tan complicado. Por lo tanto, debemos procurar mantenerlo de un modo tan sencillo y natural como nos sea posible a fin de que el énfasis pueda aplicarse a lo espiritual.
La habilidad de romper el ayuno consiste en el método de hacer que el organismo retorne a su vigor habitual y los órganos digestivos a su normal funcionamiento de una manera tan uniforme y rápida como sea posible. Con el despertar del hambre y la incapacidad del organismo, al principio, de hacer frente a cantidades normales de comida, es de vital necesidad limitar y controlar el apetito hasta que el cuerpo esté en condiciones de recibir una comida completa. Esto constituye una gran prueba de auto disciplina como cualquiera que pueda confrontar durante las primeras etapas del ayuno, porque entonces el deseo de comer iba en disminución con cada nuevo día y ahora aumenta a medida que pasan los días.
Debido a la dificultad que se presenta, y también porque casi siempre es necesario para el que ha ayunado retornar a sus actividades normales tan pronto como le sea posible, el periodo de "rompimiento", como se lo llama a veces, no debe prolongarse en forma indebida. A menos que por razones de salud sea necesaria una rigurosa dieta luego del ayuno, por lo general no hay motivo para que no sea posible estar en condiciones de comer cualquier clase de comida en un período que media entre los siete y los catorce días después de los ayunos prolongados y dentro de la semana para ayunos de hasta un máximo de veintiún días, aunque la cantidad de comida debe ser mucho menor.
Por medio de las Escrituras no recibimos ninguna impresión de que se necesitara una prolongada dieta luego de un ayuno bíblico y antes de que se retornara normalmente al diario vivir, y tampoco hay evidencias de que el período de adaptación fuera equivalente en cuanto a su duración al ayuno mismo. Insistir en esto, como hacen algunos, significaría que el ayuno en sí mismo tendría que ser innecesariamente acortado para permitir un período de tiempo equivalente a fin de retornar a la alimentación normal y puesto que el tiempo total que puede dedicarse a esto por lo general es limitado.
El doctor Herbert Shelton de Norte América, que por años ha estado al frente de una clínica de ayuno terapéutico, debe ser sin duda una de las más grandes autoridades hasta el presente sobre el tema. En los últimos cuarenta y cinco años ha supervisado treinta mil ayunos, que oscilaban desde unos pocos días y hasta un máximo de noventa días y llevados a cabo por personas de todas las edades. Estima que puede conseguir que alguien, normalmente sano, vuelva a alimentarse regularmente en el lapso de una semana después de un ayuno que puede ser mayor de veintiún días.
Ya sea que el período de adaptación sea corto o largo, todos están de acuerdo en que es necesario prestar mucha atención, y esto debido a que han ocurrido dos cosas muy importantes en el aparato digestivo durante el tiempo del ayuno.
En primer lugar, el estómago se ha ido contrayendo lentamente de manera que para cuando se concluye el ayuno no tiene la misma capacidad que antes para recibir alimentos y hasta la más pequeña cantidad de comida que se ingiera hace que la persona se sienta llena. En segundo lugar, los órganos del cuerpo, que por lo general están consagrados a la tarea de asimilar la comida, se han valido de este "descanso", y se encuentran sumidos en una especie de letargo que se hace más y más intenso a medida que se prolonga el ayuno.
A causa de esto, es necesario ejercitarse res- pecto de cuánto se come, lo que se come y la manera en que se come. El estómago necesita tiempo para volver a su tamaño normal, aunque quizá éste pueda ser menor que lo que era antes del ayuno. El aparato digestivo también debe ser guiado con vigilancia y atención a un despertar suave. Claramente, cuanto más largo el período de letargo que ha tenido, en proporción debemos dar mucho más tiempo para que despierte a una actividad normal.
¿Cuándo debe terminar el ayuno? A veces Dios no nos da instrucciones precisas al respecto en el momento en que nos llama a ayunar. El tiempo, por lo general, está determinado por muchas circunstancias y compromisos. De otro modo debemos esperar que nos dará instrucciones duran- te el transcurso del ayuno, como en el caso que menciona en el próximo capítulo. Una vez que está seguro de la voluntad de Dios al respecto, cuídese de la tentación del diablo, por lo general a través de las dificultades y el desaliento, de terminar el ayuno prematuramente.
En la escritura tenemos el trágico ejemplo de un profeta al que Dios había llamado para una misión importante y le había dicho que ayunara hasta que volviera de la misma, y que fuera persuadido por el enemigo a terminar el ayuno antes de tiempo, con consecuencias desastrosas. 1 Reyes 13.
De ser necesario se puede romper el ayuno con casi cualquier clase de comida, pero es obvio que hay comidas que son mucho más apropiadas que otras. Los dos factores que determinan esto son qué es lo que el organismo puede digerir mejor y qué es lo que será mejor digerido y asimilado en una determinada etapa. La mayoría está de acuerdo en que un ayuno natural (por ejemplo, con agua solamente) y de cierta duración, es mejor romperlo con jugo de frutas o vegetales, de ser posible recién exprimidos o arrancados más bien que envasados o enlatados. Muchos afirman que las frutas cítricas son las mejores. Pue de ser así en aquellos lugares donde tanto las naranjas como los pomelos se cosechan cuando están maduros. Pero en aquellos países donde por necesidad se los tiene que importar, invariable mente la fruta se ha cosechado sin madurar y el jugo, por lo tanto, puede resultar demasiado ácido para muchos estómagos. Otra alternativa puede ser el jugo de manzana, tomate o uva, o bien jugos cítricos puros envasados, pero de frutas maduradas al sol.
Al principio comience con una cantidad muy pequeña, digamos, medio vaso diluido, si es necesario, y tomado cada dos o tres horas el primer día. Aumente gradualmente la cantidad y después estará en condiciones de comer la fruta mis ma. En esta etapa puede incluirse la leche y sus subproductos, en especial el yogurt, que puede tomarse con la fruta y es muy bueno. Las ensaladas frescas y sin aderezos, sopas caseras de vegetales desgrasados y vegetales cocidos podrán ir incorporándose a la dieta, comenzando siempre con una cantidad mínima de cada nuevo alimento y aumentándola en forma gradual.
Se puede agregar luego un poco de pan crocante o tostado, de harina integral, con un poco de mantequilla, pero deben evitarse los postres, pastas y galletas. No se apure demasiado con las comidas farináceas. En cuanto a las proteínas, al principio es mejor consumirlas en forma de queso, huevos y nueces, dejando para más adelante la carne y el pescado. La manera de aumentar la dieta tanto en su variedad como en la cantidad depende de cuánto haya durado el ayuno y la forma en que nota que el organismo va asimilándola.
Es de muchísima importancia que la comida sea ingerida lentamente y se la mastique bien. A la primera sensación de sentirse satisfecho debe dejar de comer aun cuando no haya terminado la porción. El malestar que sigue a una comida puede considerarse como una indicación de que se debe ir despacio y si es necesario se debe pasar por alto la comida siguiente. Es aquí donde entra la autodisciplina.
Durante este tiempo es importante descansar tanto como sea posible a fin de que el organismo se concentre en el proceso de digestión y asimilación. Rechace la tentación de tener mucha actividad demasiado pronto. En el Apéndice II se tratan algunos otros asuntos referentes a la conclusión del ayuno.
Coma despacio y mastique bien.
A la primera señal de advertencia haga a un lado la comida.
Descanse tanto como le sea posible.
No trate de esforzarse mucho demasiado pronto.
Por último, tenga presente esta regla de oro: Vigile la cantidad.
Durante este tiempo haría bien en pensar y orar respecto de los hábitos de comida para el futuro. No debe volver a la misma manera de vivir indisciplinada, tal como el comer con exceso, "pellizcar" entre las comidas, o comer alimentos que no son apropiados, los que gustan al paladar más bien que los que resultan beneficiosos para el organismo. Por supuesto, quizá esto no sea de nuestra incumbencia, pero aquí cabe preguntarse: ¿Qué es lo que hago cuando tengo ocasión de elegir? De todos modos, son muchas las cosas que necesitamos vigilar además de lo que comemos. En el Apéndice III encontrará unas pocas y sencillas recomendaciones.
Durante este tiempo de conclusión del ayuno no se puede descansar espiritualmente sino sólo físicamente. Debe haber una vigilancia constan te porque el "ladrón" todavía está en acecho. No hable respecto de su ayuno ya sea cuánto ha ayunado o las experiencias que ha tenido duran te el mismo, a fin de que su ayuno sea en secreto, tal como mandó Cristo.
Este debe ser un tiempo de consolidación, cuan do por medio de la oración debe entender bien los asuntos que Dios le ha revelado. Es posible que experimente una libertad mucho mayor en la intercesión que la que experimentara durante el ayuno. Ahora, si no antes, debe empezar a ver los frutos de este tiempo que ha dedicado a Dios, con bendiciones que se derraman no solamente sobre usted sino sobre aquellos por quienes ha intercedido.
La primavera debe reinar tanto en su corazón como en su cuerpo. Es como si su Amado estuviera diciéndole: "He aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido..." Nueva fe, nueva esperanza, nuevo amor hacia Dios y los hombres, nuevas resoluciones para vivir solo y por entero para su gloria; todo eso debe arder ahora en el altar de su alma, alimentado por el fuego de la intercesión.
De esta manera, igual que su Señor y Maestro, vuelva de su ayuno en el desierto "en el poder del Espíritu", esperando que las obras de Dios y la gracia de Cristo se harán manifiestas en usted como lo fueron en él.
"De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo hará, para que el Padre sea glorificado en el Hijo." Juan 14:12, 13.
Créditos:
Extraído del libro: “El Ayuno Escogido Por Dios”.
Autor:
Arthur Wallis.