09/04/2026
A veces sentimos que no pertenecemos precisamente porque hemos llegado a un lugar que exige una versión de nosotros que
todavía está siendo formada.
Caleb y Josué vieron las mismas murallas, los mismos gigantes, y llegaron a una conclusión distinta. no porque disminuyeran el desafío,
sino porque se negaron a permitir que los gigantes determinaran quiénes eran.
Ahí comienza al aparecer una pregunta más profunda:
"¿Dónde estoy?":
¿Quién soy en el lugar donde Dios me ha puesto?
Podemos ocupar correctamente una posición y vivir todavía desde una
identidad equivocada. Podemos haber salido de aquello que nos limitaba y continuar interpretándonos con el lenguaje que aprendimos allí.
Y mientras eso no sea reconocido, existe el peligro de comenzar a retroceder no porque Dios haya cambiado de dirección, sino porque nosotros dejamos de reconocernos dentro de Su futuro.
Así apareció, aquella noche, la propuesta terrible:
“Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto." No querían regresar porque Egipto hubiera mejorado. Querían regresar porque lo conocido comenzó a parecer más
seguro que aquello que Dios les estaba entregando.
Quizá la sensación de no pertenecer no está anunciando que debemos
regresar. Quizá está revelando que ha llegado el momento de dejar atrás algo que salió con nosotros de Egipto, pero que nunca fue diseñado para entrar con nosotros en la promesa.
Reflexiona: Piensa en un área de tu vida donde ya llegaste a lo que pediste un trabajo, una relación, una etapa - pero donde todavía
te sientes como forastero.
Escribe una frase que describa desde qué
"Egipto" interior sigues interpretando ese lugar nuevo...