05/05/2026
Hoy celebramos a San Ángel, a quien Dios concedió una visión del “futuro de la Iglesia”
San Ángel de Sicilia, también llamado San Ángel de Jerusalén, fue un sacerdote carmelita y mártir nacido en Jerusalén en 1185, en una familia judía convertida al cristianismo. Desde niño mostró gran amor por Dios, destacando por su inteligencia y formación, llegando a dominar el griego, latín y hebreo. Ingresó joven a la Orden del Carmelo, donde vivió como ermitaño y fortaleció su vida espiritual.
Según la tradición, tuvo una visión de Jesús que le anunció sufrimientos para Tierra Santa y le encomendó predicar en Occidente. Ordenado sacerdote en 1218, fue enviado a Roma para gestionar la aprobación de la Regla carmelita, que sería confirmada por el papa Honorio III en 1226. Durante su estancia predicó en la basílica de San Juan de Letrán y tuvo una visión en la que Cristo le mostró a Santo Domingo y San Francisco como “columnas de la Iglesia”.
Posteriormente fue enviado a Sicilia, donde predicó contra herejías como el catarismo y llamó a la conversión de los pecadores. Su predicación logró numerosas conversiones, incluso entre judíos, pero también le ganó enemigos por denunciar los vicios de la sociedad.
Finalmente, mientras predicaba en Licata, fue atacado por sus adversarios y herido de muerte. Antes de morir, perdonó a sus agresores y ofreció su vida por la conversión de los pecadores, muriendo el 5 de mayo hacia 1225-1226. Su martirio “por odio a la fe” consolidó su fama de santidad.
Su culto se difundió rápidamente y fue reconocido oficialmente en el siglo XV por el papa Pío II, siendo hoy venerado como uno de los primeros santos carmelitas y ejemplo de fe, predicación y entrega total a Dios.