07/21/2026
Vivimos en una época llena de «ruido», donde nos hemos acostumbrado tanto a la sobreinformación y a lo cotidiano, que hemos perdido la capacidad de asombrarnos-y más aún, de tener reverencia.
El problema pocas veces ha sido el silencio de Dios, sino la insensibilidad de nuestro corazón.
Dios sigue hablando a través de la Biblia, de la creación, del Espiritu Santo y de las circunstancias, pero a menudo se le escucha como quien oye llover: como un fondo blanco al que ya nos acostumbramos.
Isaias.66:2.
«Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas ellas llegaron a ser -declara el Señor-. Pero a este miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla a mi palabra.»
Isaias 66:2. El acostumbramiento a la reverencia
Temblar ante la Palabra de Dios no significa vivir con miedo pánico ni con una fe basada en el terror. En el lenguaje bíblico, «temblars equivale a tener un profundo respeto, asombro y obediencia inmediata.
La postura del corazón: Isaías 66:2 conecta el temblar» con un espiritu humilde y contrito. Solo el que reconoce que no lo sabe todo y que necesita a Dios es capaz de conmoverse cuando Él habla.
La soberbia, en cambio, vuelve duro el oído.
Recuperar la escucha: Si sientes que Dios
«no habla», quizás el primer paso no sea pedir más señales, sino volver a abrir las Escrituras con el corazón dispuesto a ser confrontado, moldeado y transformado.
Cuando la Palabra de Dios vuelve a tener peso real sobre nuestras decisiones, nuestros compromisos y nuestros pensamientos, el
"silencio" se disipa y su voz vuelve a resonar.🙏❤️✝️