05/23/2026
LAS INCONGRUENCIAS DEL MISTICISMO RELIGIOSO
Las incongruencias que surgen cuando nos alejamos de la Palabra para vivir sumergidos en el misticismo religioso han creado una imagen negativa del verdadero evangelio.
Dios puede hablar, dirigir e incluso usar experiencias extrabíblicas conforme a sus propósitos y a las necesidades de las personas. Yo mismo he vivido muchas de ellas. He tenido sueños donde Dios me habló claramente. He recibido dirección genuina por medio de experiencias espirituales. El problema no es que Dios pueda hacer eso. El problema comienza cuando esas experiencias se convierten en el fundamento principal de nuestra fe, desplazando poco a poco la centralidad de la Palabra de Dios.
Porque cuando las experiencias subjetivas comienzan a ocupar el lugar de autoridad, inevitablemente aparecen las contradicciones.
En 1989 fui a predicar a otro país al cual había sido invitado, a una iglesia reconocida por las manifestaciones espirituales. Al llegar, el pastor me dijo que no podía predicar porque, según una revelación del Espíritu, un hombre de Dios debía usar barba, haciendo una conexión con Cristo y las barbas que le arrancaron. Me pidieron volver semanas después con barba y lo hice sin problema.
Pero la semana siguiente fui a otra iglesia, en el mismo sector, dirigida también por un hombre que sinceramente considero un hombre de Dios. Apenas llegué, me mandó al baño a quitarme la barba porque, según una revelación del Espíritu, la barba representaba rebeldía y comunismo.
En una iglesia el Espíritu decía: “déjate la barba”.
En otra: “quítatela”.
Y ambas aseguraban tener discernimiento espiritual.
Una de las personas que más admiré en aquellos años era un profeta. A un amigo mío le habló cosas de su vida con una precisión impresionante. Lo dirigió acerca de dónde vivir y muchas de aquellas palabras terminaron cumpliéndose. Pero ese mismo hombre también mandó a casar a dos amigos míos que no duraron ni un año juntos.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿qué parte vino realmente de Dios y qué parte vino del hombre?
Yo mismo tuve sueños que claramente fueron dirección divina, pero también tuve sueños influenciados por emociones personales a los que quise hacer caso y terminé chocando de frente con la realidad.
Y ahí está el verdadero problema: cuando una experiencia auténtica abre la puerta a una cadena de experiencias donde poco a poco comienzan a mezclarse emociones, ego, impresiones humanas y supuestas revelaciones contradictorias.
Eso fue algo que vi muchísimo en los inicios del ministerio. Poco a poco comenzaban a aparecer “revelaciones”, “direcciones” y “palabras” que terminaban contradiciéndose entre sí.
Dentro de la iglesia donde crecí hubo una división enorme. Una de las congregaciones principales se separó. Había profetas en ambos lados. Y ambos grupos estaban convencidos de que el Espíritu Santo respaldaba su versión. Lo único que terminó ocurriendo fue más enemistad, más división y más confusión.
¿Y cuántas divisiones no han nacido precisamente de esto?
¿Cuántos matrimonios mal dirigidos?
¿Cuántas decisiones incorrectas?
Y en ocasiones, incluso decisiones correctas mezcladas con emociones humanas.
Alguien dirá:
“Lo que hace falta es discernimiento”.
Pero entonces la pregunta es:
¿cuál discernimiento?
¿El discernimiento más seguro no debería ser pesar todas las cosas por medio de la Palabra de Dios? ¿O vamos a seguir creyendo que discernir es sentir piel de gallina, emociones intensas o impresiones subjetivas?
Porque muchas veces terminamos filtrando emociones con más emociones y experiencias con más experiencias.
Y ahí está el peligro.
La Biblia no niega que puedan existir experiencias espirituales, pero sí nos enseña que el fundamento principal debe seguir siendo la Palabra de Dios. Y si hay un lugar donde puedes encontrar la mayor seguridad posible sin equivocarte, es cuando sigues la Escritura.
Todas las demás experiencias siempre tendrán un margen de error.
Pero Dios es veraz. Por eso la Escritura dice: “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso”. La Palabra que viene de Dios es absolutamente segura. En cambio, las palabras de los hombres pueden venir de Dios, pueden venir de la carne o incluso pueden venir del mismo in****no.
Y aquí hay algo importante: si tú dudas de una profecía, de un sueño o de una revelación, no ofendes a Dios. La misma Biblia enseña que los espíritus deben ser probados. Pero si dudas de la Palabra de Dios, entonces ya no estás luchando contra hombres, sino rebelándote contra Dios mismo.
Ahí es donde la Biblia se convierte en el verdadero filtro de discernimiento que hoy tanto se necesita y al cual debemos volver.
Porque en los tiempos finales habrá señales, milagros y manifestaciones. La misma Escritura enseña que Satanás se disfrazará como ángel de luz. Pero solamente lo que verdaderamente proviene de Dios permanece y tiene un fundamento seguro.
Pr Gustavo Moros