03/04/2026
El fuego “iná” no es solo llama, es energía en movimiento, la palabra viva del universo que transforma, limpia y eleva.
Ṣàngó —dueño del rayo, el trueno y el tambor— manifiesta el poder del fuego en su forma más pura. Su trueno no destruye: ordena el caos, establece el equilibrio.
Cada chispa enseña que nada arde sin propósito.
Las velas que encendemos ante los Òrìṣàs
no son simples luces, son mensajeras, llevan nuestras oraciones al mundo espiritual y mantienen ardiente el lazo entre lo humano y el inframundo de los ancestros.
El fuego es ofrenda, luz que cruza umbrales, prueba viva de que los espíritus aún caminan con nosotros.
Para el corazón de Ifá, Òdù —principio del todo— el fuego es depuración, quema lo mu**to, exorciza lo oscuro, abre espacio para lo nuevo. En ceremonias como ÒbepareÒdù, el fuego se coloca frente al babalawo para que con el calor expulse lo negativo, lo impuro, desde su estomago. Marca un antes y un después, ese fuego no solo inicia una responsabilidad: purifica el cuerpo al cual acecha.
El fuego enseña que no hay evolución sin transformación, que dentro de cada uno vive esa misma llama que guía, purifica y cambia todo.
Ṣàngó vive en nosotros, virilidad, poder transformador, energía Orisa que cohabita en nuestro cuerpo; es el fuego interno digestivo, el calor de los jugos gástricos que convierten alimento en energía. También sentimos ese fuego cuando hay ira, pasión, ansiedad, acidez.
Ṣàngó arde en tu interior.