08/04/2026
🌱La semilla de hoy
Siba y su veneno
“El chisme es el único veneno que se toma uno... pero mata al de al lado.”
Cuando Absalón se rebeló y David tuvo que huir de Jerusalén con el corazón roto y descalzo, apareció Siba, el sirviente encargado de administrar las tierras de Mefiboset. Siba llegó ante David con provisiones, comida y un veneno mortal en los labios.
David le preguntó: «¿Dónde está el hijo de tu señor?»
Y Siba inventó una mentira atroz: «Se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: 'Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre'».
Siba hizo quedar a un muchacho leal, agradecido y vulnerable como un traidor despreciable y oportunista. ¿Y qué hizo David? Nublado por el dolor, la traición de su propio hijo y la vulnerabilidad del momento, creyó el chisme sin investigar. No confrontó, no preguntó, no esperó a verificar. Con un decreto apresurado, David le quitó todas las tierras al inocente Mefiboset y se las entregó al calumniador Siba.
¿Pero qué estaba sufriendo realmente el pobre Mefiboset?
Mefiboset no estaba conspirando. Mefiboset estaba destrozado. Por su discapacidad física, dependía de Siba para ensillar su a**o y salir tras su amado rey David. Pero el sirviente oportunista lo dejó tirado, lo abandonó a su suerte en la casa vacía y corrió a calumniarlo para quedarse con sus riquezas.
Durante todo el tiempo que duró la guerra, el pobre Mefiboset ni se lavó los pies, ni se cortó la barba, ni lavó sus ropas. Estuvo en un luto silencioso y agónico por el rey que amaba. Cuando David volvió victorioso y Mefiboset salió a su encuentro con la ropa sucia y el rostro demacrado, la verdad salió a la luz.
David descubrió que la división, el malentendido y la injusticia habían sido provocados por la lengua envenenada de un chismoso y por la ligereza de un rey que prestó oídos a la calumnia sin investigar.