Iglesia Nuevo Pacto

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04/23/2024

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03/10/2024

QUE TAL?
La Señal de los Tiempos – Estudio Bíblico
ElsieVega Estudios Bíblicos
Jesús ocupó la expresión «La señal de los tiempos», cuando en polémica con sus enemigos, les dijo que ellos sabían discernir si era época de lluvias o de sequedad a partir de los colores rojizos o amarillentos del firmamento, pero que no eran capaces de comprender la presencia del Mesías, basándose en los sucesos que estaban aconteciendo en ese tiempo. Ellos le pidieron señal de los cielos. Pero Jesús se enoja y les dice que son capaces de distinguir la señal de los cielos pero no pueden distinguir la señal de los tiempos.
Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue. Mateo 16:1-4
Escuchar la voz de Dios que habla a través de los acontecimientos es discernir su presencia en el mundo, basándose en la historia de cada individuo, de cada comunidad, de cada nación.
Y dijisteis: He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive. Deuteronomio 5:24
Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva? Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos. Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado; bien está todo lo que han dicho. ¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre! Deuteronomio 5:26-29
Pero no debemos limitarnos a la vida de cada cristiano sino que debemos oir la Palabra de Dios en los suce¬sos que atañen a la vida de los pueblos. El teólogo ale¬mán Karl Barth decía que los dos libros más importan¬tes para el predicador eran la Biblia y el periódico de cada día. Aquella trae la Palabra Revelada y éste la Pa¬labra existencial en cada acontecimiento. Por eso es bue¬no, al tomar nuestro desayuno de periódico cada día, preguntarnos: qué significa, en nuestra oración, una gue¬rra. una huelga, un accidente aéreo, la muerte de un niño, el invento de una vacuna, una ca¬rretera que se inaugura, un desastre financiero, una boda…
Hasta los avisos clasificados pueden ser como un teléfono por donde nos llegue la voz de Dios: a través de ellos presentimos las angustias de mucha gente, sus sueños, sus ideales, sus trabajos y sus limitaciones.
Es interesante preguntamos cómo conduce Dios al mundo. Pero no nos confundamos creyendo que todo cuanto ahora pasa es obra del demonio, porque entonces parecería que Jesús perdió la batalla. Pero al contrario El es el Señor de señores y Rey de reyes y valdría la pena tratar de discernir cómo Dios tiene el control de todo, y como Él interctúa con el hombre a través de su soberana voluntad y de su trato con el hombre.

03/09/2024

QUE TAL?
¿Conoce Usted la Verdad acerca de la Trinidad?
Alberto Vega Estudios Bíblicos
¿Quién es Dios? ¿Quién es ese a quien millones de cristianos adoran? Para la gran mayoría, en el corazón de su respuesta yace el siguiente misterio: el concepto de que Dios es una deidad dividida en distintas personas, y sin embargo, fusionadas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Observe la sincera confesión de uno de los evan¬gelistas más famosos del mundo quien enseña esta doctrina: “Hace años, cuando inicié el estudio de la Biblia, uno de los problemas más complejos que tuve que enfrentar fue la doctrina de la Trinidad. Y nunca lo he resuelto completamente, porque esta doctrina contiene un aspecto de misterio… Explicar e ilustrar la Trinidad es una de las tareas más difíciles…
(Esta es parte del articulo publicado originalmente como un error de uno de nuestros colaboradores . Pero seguiremos el desarrollo del tema basado en sus propias palabras para demostrar la doctrina de la Trinidad y su historia).
Nosotros podemos decir: Este es un tema difícil de explicar; solamente lo podemos afirmar. Esta doctrina tan claramente representada en la Biblia, no cabe dentro de nuestra mente. Para la mente humana comprender este misterio tan grande es realmente muy difícil. Pero la Biblia entera nos habla de Dios, del Hijo eternamente engendrado de Dios, que estaba con Él desde la eternidad. Desde Génesis vemos que dice:
«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (Génesis 1:26)
Incluso cuando los religiosos admiten que no pueden comprender a quien adoran, ¿existe alguna esperanza de que usted pueda entender la identidad de Dios? La respuesta es ¡Sí! Y buscarla principia buscando la ortodoxia trinitaria, buscando los versículos esclarecedores en la Biblia misma.
Después que la iglesia reconoció el canon de las Escrituras y su autoridad, la doctrina de la Trinidad fue una de las primeras que se afanó por definir. Pero con todo y ello tardó, tardó alrededor de cuatro siglos para dar una exposición satisfactoria a esta doctrina. Es el gran teólogo africano Agustín de Hipona quien (hasta la fecha) ha dado el mejor tratado sobre la Trinidad. Lo hizo en los primeros años de los cuatrocientos (siglo quinto). Debido a que los hoy en día se repiten los mismos errores que se propagaban en tiempos de la iglesia primitiva (por ejemplo, los Testigos de Jehová enseñan las mismas doctrinas que enseñó el arrianismo (de Arrio, 256-336), nos conviene saber un poco de la historia de la doctrina de la Trinidad.
Historia de la doctrina:
Son tres las herejías que provocaban las principales controversias en los primeros siglos de la teología cristiana: la monarquiana, la arriana y la macedoniana. La primera controversia trataba de la doctrina general de la Trinidad contra el unitarianismo, el patripasionismo, y el sabelianismo; la segunda contra las negaciones de la divinidad del Hijo, y la tercera contra las perversiones acerca de divinidad y personalidad del Espíritu Santo, y las controversias produjeron expresiones doctrinales que la iglesia cristiana nunca ha abandonado.
Aunque el desarrollo de la doctrina de la Trinidad llegó a su punto más crítico con la controversia con Arrio, sus raíces se hallan en las respuestas con que la iglesia respondió a errores previos. La primera de esas controversias es la monarquiana. (Las controversias, lejos de ser dañinas o estorbos, fueron fuertes motivos para que la iglesia buscara la verdad de las Escrituras: Dios por medio de ellas le enseñó a la iglesia cómo encontrar la verdad). El monarquianismo, como forma de error, data desde la última parte del segundo siglo (entre 170 y 190). Fue Tertuliano quien le dio este nombre a la herejía. El término de mono=uno y arqué=principio) fue un intento de describir la herejía, sin embargo, las intenciones de los manarquianos no eran del todo malas. Querían defender la unidad de Dios contra el politeísmo y esto los llevó a negar una trinidad personal, o sea, un trinidad de personas. La idea fue primeramente promulgada por un tal Teodoro, quien, alrededor del año 195, fue de Grecia a Roma y enseñó que Jesús nació milagrosamente de la viergen María y que fue un hombre recto y justo. Cuando fue bautizado por Juan en el río Jordán, el Espíritu Santo (a quien Teodoro llamó «Cristo») llegó a él, por lo que vino a ser «Jesucristo», «Jesús» entonces progresó en bondad, fue crucificado, y resucitó, y puede ser nuestro Salvador por el «Cristo» (el Espíritu Santo que estaba en él y porque su obediencia fue completa. Dios entonces lo adoptó como Hijo. Los seguidores de esta idea se llamaron «adopcionistas». Tambien son «monarquianos dinámicos», porque creen que Dios se revela como una energía o poder divino (dynamis) en Jesús. Esta idea presente en distintas formas en las variedades del «modernismo» actual.
Otro tipo de monarquianismo es el modalista, comúnmente lalmado modalismo. Tambien se le llama «sabelianismo» por uno de sus principales promotores, Sabelio, quien dio la forma final a esta equivocada perpectiva de la Trinidad. El sabelianismo quería tambien proteger la unidad y singularidad de Dios, pero de una manera diferente del adopcionismo. Enseñó que Dios ser reveló como Padre, creador de todas las cosas. Tambien es el legislador que dio su ley a Israel. En segundo lugar, cuando Dios quiso efectuar la obra de la salvación, dejó de revelarse como Padre y tomó la forma o modo de Hijo. Luego, cuando la obra del Hijo fue completa, Dios tomó la forma, o modo, del Espíritu Santo. Según esta doctrina, pues, cada persona de la Trinidad es solamente un modo de su revelación.
En la iglesia moderna, el modalismo está relacionado con la manera de experimentar a Dios. A veces, dicen los modalistas modernos, lo experimentamos como Padre, pero en otras ocasiones como el Hijo, y tambien como el Espíritu Santo. Las personas de la deisdad son, pues, modos de nuestra experiencia en Dios. Hay indicios de modalismo en algunas de las tendencias teológicas actuales, sobre todo en algunas formas d elo que se llama «barthianismo».
Otro criterio, y de más influencia, fue el del arrianismo (de Arrio, presbítero de la iglesia de Alejandría). Este niega la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo. Lo que ellos enseñaban es, más o menos, lo que enseñan hoy día los (llamados) Testigos de Jehová. El Hijo es un ser creado, tiene su principio y por ello no es eterno. Es lo más importante de la creación, pues Dios creó el «logos» para que este pudiera crear el resto de la creación. El «logos» es entonces el primero y el más alto de todos los seres creados, pero no deja ser un ser creado; el «logos» es una criatura.
La doctrian arriana de Cristo es aun muy inferior a la de los monarquianistas. En las doctrinas de estos, Jesús llega a ser «divino» por ser adopatado como Hijo, o porque tiene el valor de Dios, o es un «modo» de Dios. En el arrianismo (como entre los Testigos de Jehová actualmente) Cristo no es, de ninguna manera, Dios. El Espíritu Santo tampoco es Dios. Más bien es una «energía divina», la «fuerza viva» de Dios, como afirman los Testigos de Jehová, pero no es persona, y menos divina.
La primera respuesta, y de mayor influencia, a estas herejías fue la que dio Tertuliano (160-250). Su formulación proveyó el fundamento para la respuesta final que la iglesia, por medio de sus credos, daría al mundo. Tertuliano insistió en que hay solamente una sola naturaleza divina, y que el Padre, el Hijo, y el Espírtu Santo tienen en común esta sola naturaleza divina. Son separados y distintos, sin embargo, en cuanto a su persona. Entonces, hay solamente una naturaleza divina y tres personas divinas. En otros puntos tocantes a la relación entre las personas no fue tan atinado, enseñando una subordinación de la segunda y tercera personas de la Trinidad. No obstante, su contribución hacia la correcta doctrina es importante.
En la historia del desarrollo de la doctrina bíblica de la Trinidad se destaca una de las más grandes figuras en la historia de teología cristiana: Atanasio. Llegó tarde a la controversia, pues nació en Alejandría en al año 300 y murió en la misma ciudad en 373. (Agustín de Hipona, quien hacía el final del controversia dio a la doctrina su más completa expresión, nació en 354 y murió en 430) Atanasio se opuso a las doctrinas de Arrio y sostuvo una larga lucha por el concepto correcto de la Trinidad. Sufrió la cárcel y el destierro por su insistencia en la formulación bíblica.
Aunque era relativamente joven en este tiempo, Atanasio jugó un papel importante en el concilio de Nicea y en la formulación del credo de Nicea. Este concilio fue le que primero formuló oficialmente la doctrina de la Trinidad, y el credo formulado por él (que lleva el nombre del lugar del concilio) sigue siendo la expresión oficial de la iglesia relativa a la doctrina de la Trinidad. El credo de Nicea debió haber sido la solución del problema, pero, lejos de ello, desencadenó una larga lucha, ya que los enemigos de la doctrina bíblica no se rendían fácilmente. De hecho, los sufrimientos de Atanasio, que fueron muchos, le sobrevinieron después del concilio.
La lucha tenía que ver con una sola palabra. La palabra en griego es homoousios (homo=mismo y ousios=sustancia). El credo dice que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son la misma sustancia.
Despues Atanasio, cuyos últimos años pasó en paz y quien no vivió par la victoria de su lucha por la correcta doctrina, tres grandes teólogos tomaron parte en el debate. Han entrado en la historia como «los tres capadocios», debido a que los tres fueron de Capadocia. Son Cregorio de Nisa, Basilio de Cesarea, y Gregorio de Nizianzo.
El fin del asunto:
Aunque en la iglesia siempre ha habido herejías, y todavía existen, la doctrina de la Trinidad quedó afirmada en una serie de concilios que la definieron cuidadosamente. Los concilios son de Constantinopla en 381, de Éfeso en 431, y de Calcedonia, en 451. Los últimos dos, sin embargo, no se ocuparon tanto de la doctrina de la Trinidad. Fue realmente el concilio de Constantinopla el que dio fin a la formulacion de la doctrina. La obra de Agustín de Hipona empezó en estas fechas. Él pudo defender esta doctrian y darle una expresión teológica que es válida hasta el día de hoy.
Nuestro lector, Jonathan, nos comentó acertadamente el error en el artículo original que publicamos. Sentimos mucho tal falla.
Él nos da dos citas bíblicas que nos demuestran la deidad y personalidad del Espíritu Santo:
«Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? (Hechos 5:3)
«Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. (Hechos 16:6-7)
La verdad que todo el libro de los Hechos de los Apóstoles debería llamarse el libro de los Hechos del Espíritu Santo.

03/04/2024

QUE TAL?
¿Sábado o Domingo? – Estudio Bíblico
ElsieVega Estudios Bíblicos
El pastor Juan Bueno, en su libro «Consultorio del alma» responde a la pregunta de esta hermana, si el día de reposo es ¿Sábado o Domingo?:
Desde niña se me ha enseñado que el domingo es el día del Señor.
Aunque no soy evangélica, sé que hay algunos grupos que enseñan que el día de descanso es el sábado. ¿Podrían ustedes decirme quién tiene razón? ¿Los que creemos que es el domingo o los que creen que es el sábado?
Esta controversia es tan antigua como la iglesia misma. Y la razón es que los que observaban el sábado eran originalmente judíos cuya norma de conducta era la ley de Moisés. De modo que cuando el evangelio se comenzó a predicar entre los gentiles, o sea los no judíos, hubo un conflicto entre las dos corrientes.
Por una parte, los cristianos alegaban que ya habían sido liberados de la ley, y que ya no tenían ninguna obligación mosaica que cumplir.
Los judíos no sólo se aferraban a la ley de Moisés, sino que negaban que Jesús hubiera sido el Mesías prometido.
Pero había un tercer grupo, eran los judaizantes, estos eran judíos que se habían convertido al cristianismo pero que todavía creían que se debían de practicar las costumbres judías. se habían mezclado en la iglesia para sembrar su doctrina legalista. Y si bien es cierto que los judíos guardaban el séptimo día, que es nuestro sábado actual, cierto es también que, con el adve¬nimiento de Cristo, la ley vino a ser como un ayo que nos guió hasta la cruz del Calvario, pero que al morir Cristo en la Cruz, en ese momento terminó la ley y comienza el período de la gracia.
Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. (Romanos 10:4)
El día del Señor es el domingo, porque Cristo resucitó en ese día.
Y si alguien cree que el sábado es su día de descanso, no debe preocuparse porque los demás no lo guarden.
Porque para el cristiano lo que cuenta no es el día sino el descanso. Y el Señor no nos obliga a guardar determinado día, sino a acordamos del día de reposo para santificarlo. Y es aquí donde las grandes mul¬titudes han fallado; han dado más importancia al calendario que al propósito divino de que se guarde su día.
El hijo de Dios ha entrado a un reposo superior, que el que enseñaba la ley. Libertado en Cristo, San Pablo escribe:
Por tanto, nadie os juzgue en comida o bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo” (Colosenses 2:16).
Para los judíos, el día de reposo era el sábado. Para el cristiano, su reposo es Cristo.

03/02/2024

QUE TAL?
¿Por qué No es Fácil ser Cristiano? – Estudio
ElsieVega Estudios Bíblicos
Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?. Juan 9:35
No es fácil ser cristiano. O tal vez volverse cristiano es muy sencillo; sólo requiere abrirle el co¬razón a Jesús y entregarle la vida. Lo difícil es permane¬cer cristiano.
Cuando un bebé está en el vientre de la madre, recibe de ella todos los elementos necesarios para la vida; y aun al nacer, su vida sigue un proceso natural. Nacer es relati¬vamente fácil. Lo difícil es sobrevivir. Millones de niños mueren en el mundo en los primeros meses de vida. Des¬nutrición, enfermedades y flagelos de todo tipo, siegan la vida de esas indefensas criaturas.
En la vida cristiana sucede lo mismo. Al comienzo mis¬mo, después de nacer en Cristo, vienen las luchas y las presiones de adentro y de afuera.
El ciego de nuestra historia aceptó a Jesús. Fue al es¬tanque de Siloé, se lavó y volvió viendo. Hasta ahí no hubo mayores problemas. Las dificultades surgieron des¬pués: los fariseos lo expulsaron de la sinagoga y cual¬quier ser humano se siente mal cuando es rechazado, cuan¬do es expulsado de algún grupo humano.
¿Has aceptado tú a Jesús y quieres andar en sus cami¬nos? ¡Prepárate para los problemas! Seguir a Jesús nunca fue fácil. El mismo comparó su camino con una vía estre¬cha. Muchos parientes, amigos y seres queridos no esta¬rán de acuerdo con la decisión que has tomado. Si se limi¬tasen a eso, tal vez no sería problema, pero algunos de ellos lucharán y harán todo lo posible para desanimarte. Se reirán de ti, se burlarán de tu “ingenuidad” y otros has¬ta te perseguirán y te expulsarán del hogar o del núcleo social al que perteneces.
El enemigo es muy astuto y ciega completamente a las personas. Conocí a una señora que decía a su hija: “Pre¬fiero verte a ti transformada en una drogadicta y prostitu¬ta, que verte convertida en una creyente”. ¿Cómo puede un ser humano pensar una cosa de esas? Pero el cuadro que estoy presentando es una realidad. Conozco a jóvenes que fueron expulsados del hogar paterno por causa de su fe en Cristo. Conozco a esposas abandonadas por los ma¬ridos por causa de sus principios y conozco también pa¬dres cuyos hijos los ponen en ridículo por causa de la fe que ellos tienen en Jesús.
En los tiempos de Cristo, tampoco era fácil seguirlo. ¿Quiénes lo seguían? Personas que vivían al margen de la sociedad, prostitutas, ladrones, gente humilde, gente que en esta tierra sólo podía tener esperanzas muy débiles de felicidad.
En aquellos tiempos había gente culta, rica y de influen¬cia, que se sentía atraída por Jesús, pero que lo seguían de lejos. Sin duda, el Espíritu Santo hizo brotar la simiente en esos corazones en el momento oportuno.
El precio de la fidelidad a Jesús
Después de la muerte de Jesús sus discípulos fueron perseguidos sin piedad. La mayoría de ellos murió como resultado de su fidelidad a Jesús. La tradición dice que Pedro fue crucificado cabeza abajo. San Juan, también se¬gún la tradición, fue lanzado a un tonel de aceite hirvien¬do; como milagrosamente salió vivo, lo llevaron a la isla de Patmos. Allí lo encontramos escribiendo el libro de Apocalipsis.
En el segundo siglo continuó la persecución. A Diocleciano, emperador romano, se le atribuye el haber ilumina¬do los jardines de su palacio con antorchas vivientes que eran cristianos cubiertos de brea. Quien vaya hoy a Roma podrá ver todavía el circo romano donde los cristianos eran despedazados por los leones por causa de su fe.
Pero todo eso, en vez de hacer que el cristianismo des¬apareciese, contribuyó para que la fe cristiana se expan¬diese por todos los rincones del planeta.
Debemos recordar que las mayores luchas que el cris¬tiano ha de enfrentar no son las que proceden de las pre¬siones externas. Al contrario. Parece que cuanto más otras personas combaten nuestra fe, tanto más afirmamos nues¬tra confianza en Jesús. Los mayores enemigos son inter¬nos; están dentro de nosotros, escondidos, a veces en el mundo inconsciente, listos a saltar y destruimos de adentro hacia afuera.
Pero Jesús nos dio la clave de la victoria, cuando pre¬guntó al hombre que había recuperado la visión, después que él fue expulsado de la sinagoga:
“¿Crees tú en el Hijo de Dios?” (Juan 9:35).
Ese creer no es un creer teórico, filosófico, propio de la cultura helenística que dominaba en el tiempo de Jesús. Para los griegos, el conocimiento era apenas un asunto de aquello que entraba en la cabeza. Me explico. Para que un griego dijera que conocía una flor, iba a la biblioteca y estudiaba todo aquello que había sido escrito en relación con la flor: tipos, funciones, proceso, colores, variedades, etc. Después de haber estudiado absolutamente todo, el griego decía: “Ahora conozco la flor”.
Pero el “creer” de Jesús no es como el creer de los grie¬gos. El creer del cristianismo, además de la teoría, tiene una dimensión más, que es la experiencia. En el “creer” de Jesús, para que alguien dijese que conocía la flor —ade¬más de estudiar todo lo que las enciclopedias decían—, debía ir al campo y observar la flor. Debía tocarla, olería, sentirla, y sólo entonces podía decir: “Conozco la flor”.
Cuando Jesús dijo al ciego: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”, estaba hablando de una creencia experimental, no meramente teológica. ¿Cuál es la diferencia? Santiago lo explica mejor:
“Tú crees que Dios es uno; bien haces. Tam¬bién los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19).
El conocimiento teórico cambia solamente los con¬ceptos de la mente, pero no transforma la vida. Es fácil aceptar lo que Jesús dice. Pero es difícil vivir sus ense¬ñanzas. El “creer” de Jesús es la combinación perfecta de la teoría y de la experiencia. En el Sermón del Monte él dijo:
“Perdonad a vuestros enemigos”, y levantado en la cruz y casi muriendo, vivió hasta el fin la teoría del amor: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (S. Lucas 23:34).
Uno de los grandes peligros del cristianismo es dejarse dominar por la creencia diabólica, intelectual, romántica pero inoperante.
Jesús muestra una escena del día de ajuste de cuentas con el ser humano, en San Mateo 7:21-23:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cie¬los, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos mila¬gros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
¿Cómo “hacedores de maldad”? ¿Qué está queriendo decir el Señor? Profetizar, expulsar demonios o hacer mi¬lagros, ¿son obras inicuas? ¿No fue él mismo quien dijo:
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; toma¬rán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18)?
¿Cómo entonces hay hombres que en el día final se pierden habiendo hecho todo esto? ¿Por qué Jesús dice que hicieron “obras inicuas”? ¿En qué sentido son inicuas? San Pablo explica este misterio en la Epístola a los Roma¬nos: “Y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Roma¬nos 14:23, ú.p.).
¿Ves? No basta hacer cosas buenas para ser cristiano, porque hasta las cosas buenas que el hombre hace, si no fueren frutos de una vida de comunión con Jesús, frutos de la fe, son obras pecaminosas.
A los hombres que reclaman en el día final, Jesús les explica por qué se están perdiendo.
“No todo el que me dice: Señor, Señor…” ¿Ves? No es meramente asunto de expulsar demonios y hacer curas milagrosas; es más, mu¬cho más: es hacer “la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.
“No os conozco”, dice Jesús. ¿Cómo que no? ¿No esta¬ba yo en la iglesia todos los días que había culto? ¿No tenía yo un cargo en la iglesia? ¿No era yo un predicador de multitudes? Nada de eso cuenta. Es ahí donde están los enemigos interiores. Los que no veo, ocultos dentro de mí, los más peligrosos y los que finalmente pueden lle¬varme a la perdición.
Cómo vencer a los enemigos ocultos
Al final de cuentas, yo puedo defenderme de aquel que se burla de mi fe; yo puedo enfrentar a los que me llevan a la prisión por causa de mi fe, pero ¿cómo puedo defender¬me del enemigo que ni siquiera sé que existe?
Cuando Jesús le dijo al hombre: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”, le estaba dando el secreto de la victoria y tam¬bién estaba diciendo lo que Pablo explica con otras pala¬bras en la Epístola a los Efesios 6:10-12:
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestios de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Por¬que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Ese es nuestro enemigo invisible que se nos presenta en forma de orgullo, celos, envidia, egoísmo, codicia, y males semejantes.
¿Cómo vencer a esos enemigos ocultos, que se agaza¬pan en lo más íntimo de nuestro carácter y personalidad? “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”, pregunta Jesús. “Forta¬leceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”, aconseja Pablo. “Separados de mí nada podéis hacer”, vuelve a afir¬mar Jesús, y, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, concluye Pablo.
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peli¬gro, o espada?… Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ánge¬les, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa crea¬da nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35, 37-39).
Un día Juan llegó a Jesús, cargando los harapos de una personalidad desfigurada por el pecado. Llevaba un so¬brenombre que combinaba con su carácter explosivo: “Hijo del trueno”. El estaba cansado de cargar los problemas planteados por su carácter tan difícil. Pero fue a Jesús tal como era, y luego permaneció a su lado todo el tiempo.
Jesús tenía doce discípulos. Once de ellos podrían ser considerados “buenos miembros de iglesia”. No robaban, no mataban, no adulteraban. Juan salía de la mediocridad de ser apenas un buen miembro de iglesia y pasaba horas a solas con Jesús. Lo que lo llevaba a buscar a su Maestro era justamente el hecho de estar consciente de su tempe¬ramento rudo. Las personas que ajuicio de ellas son “bue¬nas”, no necesitan de Jesús. Creen que les basta con ser buenos miembros de iglesia. Juan reclinó su cabeza en el pecho de Jesús. ¿Tú ya hiciste eso alguna vez? ¿Cuánto tiempo pasas a solas con el Cristo en quien tú crees? ¿Qué tipo de “creer” es el tuyo?
La diferencia entre Juan y los otros once sólo se advir¬tió cuando llegó la persecución. Tú nunca sabrás cuál es la calidad de tu cristianismo hasta que no tengas que en¬frentar turbulencias en tu vida.
Once discípulos abandonaron al Maestro. El único que quedó hasta el fin al lado de Jesús fue Juan, a quien el Señor le encomendó el cuidado de su propia madre. Des¬pués de su resurrección Jesús ascendió al cielo, y Juan continuó pasando mucho tiempo a solas con Jesús, en la persona del Espíritu Santo.
Un día lo encontramos ancianito en la isla de Patmos. Debía tener entonces cerca de 100 años. Nadie más lo lla¬maba “hijo del trueno”. Ahora todos lo conocían como “el discípulo del amor”. Dime, ¿en qué momento cambió el carácter de Juan? ¿Puede él o alguien determinar el mo¬mento exacto en que dejó de ser un peleador para volver¬se el dulce ancianito que ahora era? No. El acudió a Jesús, convivió con él y en ese compañerismo diario el carácter de Jesús fue reproduciéndose en Juan.
¿Estás cansado de luchar y luchar y no conseguir nun¬ca la victoria que anhelas? ¿Estás siendo constantemente derrotado por enemigos interiores que están en tu propio carácter? ¿Son ellos tantos que a veces tú sientes que no vas a conseguir vencerlos? Ve a Jesús tal como estás. Pon todo en sus manos, el presente, el pasado y el futuro. No te apartes de él. Aprende a vivir con él las 24 horas del día. Permite que Jesús participe de tus sueños, planes, lu¬chas y tristezas. Depende de él y te sorprenderás con los resultados que aparecerán en tu vida.
Los fariseos podían expulsar a aquel hombre de la si¬nagoga, pero no podían expulsar a Jesús de su vida. Ahí estaba para siempre el secreto de su victoria. Por eso Je¬sús le preguntó: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”

02/20/2024

QUE TAL?
Donde y Cuando Orar – Estudio Bíblico
ElsieVega Estudios Bíblicos
Hemos estado pensando en la presencia de Dios ante nosotros, y de nuestra presencia ante el Señor. Ahora se van a proponer algunos ejercicios que faciliten situarse ante Dios, como caso básico para poder orar.
Empieza por buscar un lugar adecuado para tu ora¬ción. Aunque en todas partes se pueda orar, un buen sitio puede facilitar la intensidad o el recogimiento de tu oración.
Muchas personas oran en la soledad del campo, o ante las olas del mar, o sentadas en la montaña, contemplan¬do las estrellas del firmamento. Esta circunstancia puede dar gran calma y sosiego interior y pone al hombre en contacto con las maravillas de la creación y con su Autor.
Pero tal comunión con la naturaleza no siempre es posible. Además nuestra fe no es solo a base de la crea¬ción sino de la intervención personal de Dios en la histo¬ria de los hombres.
Situémonos, entonces, en un lugar más al alcance de todos, v.gr. en una habitación de nuestra casa Optemos por un lugar relativamente calmado, no sometido a la interferencia de cuantos entran, salen y pasan, o al tim¬brar frecuente del teléfono, o a la distracción de los ni¬ños pequeños, si es posible evitarla.
Si nuestra casa es muy reducida y no es posible en¬contrar un lugar especialmente apropiado, oremos en la sala o en el comedor o en el dormitorio, pero privilegie¬mos las horas que más favorezcan una plegaria intensa, por ejemplo la madrugada o el amanecer, o cuando los niños duermen o cuando están en la escuela, etc.
Busquemos una silla de respaldar. Ojalá podamos mantener durante toda la oración una posición recta. Por supuesto que el hombre puede orar en cualquier po¬sición corporal, pero una posición erguida puede favore¬cer nuestra atención.
Cuando el orante se giba, se inclina, o se desmadeja perezosamente, queda en situación corporal que le di¬ficulta concentrarse y que le facilita el sueño, la molicie o la distracción.
Si, a pesar de todos los esfuerzos, llega el sueño, será conveniente ponerse de pie. Un ligero balanceo del cuer¬po favorece la circulación de la sangre, evita el cansancio y puede fomentar una buena oración.
El Señor Jesús se levantaba antes de que amaneciese y se iba aparte de sus discípulos para poder estar solo cuando hablaba con su Padre.
Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. (Mateo 14:23)
Jesús nos enseña que debemos de orar siempre:
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. (Lucas 18:1-14)

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