09/17/2024
“Traédmelo…” (Marcos 9:19)
Los hijos son dones preciosos de Dios, pero con ellos viene mucha ansiedad. Pueden ser motivo de gran alegría o de gran amargura para sus padres; pueden estar llenos del Espíritu de Dios, o poseídos por el espíritu del mal.
En todos los casos, la Palabra de Dios nos da una receta única para curarlos de todos sus males: «Traédmelo.»
Debemos elevar oraciones más ardientes a favor de nuestros hijos, ¡aún mientras son pequeños bebés! El pecado ya está en ellos: que nuestras oraciones comiencen a atacarlo. Nuestro clamor en favor de nuestros vástagos debiera preceder a los gritos que anuncian su llegada en este mundo de pecado.
En los días de su juventud, veremos tristes señales de aquel espíritu mudo y sordo, que ni orará rectamente, ni oirá la voz de Dios al alma. Pero Jesús aún ordena: «Traédmelos.»
Cuando sean mayores, quizás se revuelquen en el pecado y echen espumarajos de enemistad contra Dios. Entonces, cuando nuestros corazones estén quebrantados, recordemos la palabra del Gran Médico: «Traédmelos.»
No debemos cesar de orar hasta que dejen de respirar. Ningún caso es desesperado mientras Jesús vive.
El Señor a veces permite que los Suyos sean puestos entre la espada y la pared, para que conozcan por experiencia cuánto Lo necesitan. Los hijos impíos, al mostrarnos nuestra propia impotencia frente a la depravación de sus corazones, nos obligan a ir al Todopoderoso para buscar la fuerza, y esto es para nosotros una gran bendición.
Sea cual sea nuestra necesidad esta mañana, dejemos como si una corriente fuerte nos llevara hacia el océano del divino amor. Jesús pronto puede quitar nuestro dolor: Él se deleita en consolarnos.
Apresurémonos a Él, porque aguarda a encontrarse con nosotros.