06/10/2026
Novena al Sagrado Corazón de Jesús:
Octavo Día: Jesús, manso y humilde de corazón
Santa Teresita de Lisieux, “la Pequeña Flor”, comprendió profundamente el corazón dulce y humilde de Jesús. Al contemplar cómo ser transformada por el amor de Cristo, reflexionó que “Lo que le agrada [a Jesús] es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia… cuanto más débil se es, sin deseos ni virtudes, más cerca se está de las operaciones de ese Amor consumidor y transformante” (Carta 197 a Sor María del Sagrado Corazón, 17 de septiembre de 1896). Unámonos a Santa Teresita en la oración para que nuestros corazones sean humildes como Jesús.
Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso”. Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo, te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles... Te ruego, divino Jesús, que me envíes una humillación cada vez que yo intente colocarme por encima de las demás. Yo sé bien Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa... Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: “¡Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!”.
(Oración de la USCCB)
Oración al Sagrado Corazón de Jesús:
Oh, Sagrado Corazón de Jesús, horno ardiente de la misericordia y bondad de Dios, transforma mi corazón y mi espíritu para que pueda entregarme con mayor generosidad en amor y servicio a los demás. Que Tu tierno Corazón sea siempre el lugar de encuentro para experimentar el amor incondicional de Dios, manifestado tangiblemente en cada una de Tus palabras, acciones y gestos.
Toma posesión de mí para que yo pueda ser una extensión de Tu presencia en nuestro mundo y canalizar los ríos de agua viva que brotan de la fuente de Tu infinito amor y misericordia. Concédeme la gracia necesaria para proclamar el Evangelio valientemente y difundirlo con entusiasmo a través de la gozosa obra de la evangelización, mientras invito a otros a adentrarse más profundamente en el misterio de Tu Sagrado Corazón. Amén.
(Oración del Obispo Donald J. Hying)