12/16/2025
LOS CUATRO EVANGELIOS:
Primero quiero citar Dueteronomio 18:18-19;
18). Profeta les levantare de en medio de sus hermanos, como tu (Moises); y pondré “Mis Palabras” en Su Boca y Él les hablará todo lo que “YO” Le Mandare.
19). Más, a cualquiera que no oyere “Mis Palabras” que “Él Hablare” en Mi Nombre, YO le pediré cuenta.
En todos mis años de predicar sermones y enseñar en estudios Bíblicos, siempre me e encontrado con diversas personas de diversas denominaciones, y siempre hay algún tipo de confusion en cuanto a la interpretación de “Los Cuatro Evangelios; Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En esta breve explicación tocaré una breve explicación de Los Cuatro Evangelios.
Los cuatro Evangelios revelan la existencia eterna, la ascendencia humana, el nacimiento, la muerte, la resurrección, y ascensión de Jesús, El Cristo, El Mesías, El Hijo De Dios, E Hijo del Hombre.
Los cuatro Evangelios ofrecen ademas, una selección de los incidentes de Su Vida, como también un compendio de Sus Palabras y obras. Tomados en conjunto, los Evangelios, no son exactamente una biografía, sino la presentación de una “Personalidad Singular” (Dt.6:4; Mr. 12:29).
Estos dos hechos, es decir, que los cuatro Evangelios no son una biografía completa de Cristo pero si una revelación de la totalidad de Su Persona, nos indican cuál es el espíritu y cuál el propósito que en su estudio deben guiarnos. Lo importante es que por medio de estos documentos llegamos a contemplar y a conocer más de cerca la Persona que Los Cuatro Evangelios revelan.
Relativamente hablando, es de poca importancia que podamos formar con las narraciones de Los Evangelistas (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) las cuales según se admite en Las Sagradas Escrituras mismas, son incompletas (Juan 21:25), una historia bien relacionada de la Vida de Cristo.
Por alguna razón muy justa, quizá el peligro de que prestáremos demasiada atención solamente al “Cristo según la carne”, no fue el plan De Dios que se escribiese una biografía de Su Hijo Unigénito. Los veintinueve años formativos de la Vida de Cristo Jesús se pasan por alto en un silencio que se rompe tan solo una vez, y eso únicamente en doce breves versículos del Evangelio de Lucas. Será sabio que respetemos las reticencias divinas.
Pero aunque notoriamente incompletos como historia, los cuatro Evangelios son desde el punto de vista divino perfectos en su carácter de revelación. Y si en su contenido no nos es posible saber todos los hechos que Cristo Jesús realizo, podemos, eso si, conocer El Autor de los mismos. En cuatro grandes caracteres, cada uno de los cuales complementa a los otros tres, se nos revela la Persona misma de Cristo Jesús. Los Evangelistas no describen nunca a Cristo; antes bien se reducen a presentarle delante del lector. Ellos no dicen casi nada de sus propios pensamientos acerca de Él; lo que hacen es sencillamente permitir que Él hable y actúe por si mismo.
Es en este factor esencial que los Evangelios difieren de la mera biografía o del retrato. “Las palabras que YO os he hablado son espíritu y son vida.” El lector estudioso en quien El Espíritu mora y no está contristado, hallará en estas páginas al Mesías, al Cristo Viviente.
La introducción que en estas notas acompaña a cada Evangelio se señala brevemente lo que es peculiar de los respectivos Evangelistas (Mateo, Marcos, Lucas, y Juan) en su presentación del Cristo Viviente; pero sera de provecho añadir aquí algunas sugerencias de carácter general.
I). El Antiguo Testamento es, en la provisión divina, una introducción al Nuevo Testamento; y los cuatro Evangelios serán como un libro abierto para todo aquel que se acerque al estudio de ellos con una mente saturada por las anticipaciones antiguotestamentarias de la Persona, la obra y el Reino de Cristo; pues estas narrativas se hallan entretejidas con citas, alusiones y tipos del Antiguo Testamento. Nada menos que el primer versículo del Nuevo Testamento guía al lector inteligente hacia el contenido del Antiguo; y es digno de notarse también que El Cristo resucitado remitió a Sus discípulos a los antiguos oráculos para explicarles los sufrimientos y las glorias que acerca de Él se habían profetizado (Lc 24: 27, 44, 45). Una de Sus ultimas obras aquí en el mundo fue la de abrir el entendimiento de los Suyos a fin de que pudiesen comprender el Antiguo Testamento.
Por lo tanto, al acometer el estudio de los Evangelios la mente debe estar libre, hasta donde esto sea posible, de presuposiciones y conceptos meramente teológicos. Es necesario especialmente excluir la noción, que en el pensamiento protestante es un legado de la teología post-apostólica y católico-romana- de que la Iglesia es el Israel verdadero y que en la Iglesia se cumple lo que en el Antiguo Testamento anticipa acerca del Reino mesiánico.
No debe asumirse, por lo tanto, que ciertas interpretaciones son legítimamente por el simple hecho de haberse popularizado.
No debe asumirse que “el trono de David” (Lc.1:32) es sinónimo del “Trono de mi Padre” (Ap. 3:21), o que “la casa de Jacob” (Lc. 1:33) es la Iglesia, la cual esta formada tanto de Judios como de gentiles.
II). Jesús vino, en primer lugar, a los Judíos (Mt. 10:5, 6; 15: 23-25; Jn. 1:11). Él “nació bajo la ley” (Ga. 4:4) y fue “siervo de la circuncisión para mostrar la verdad De Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres” (Ro. 15:8), y cumplir la ley con el fin de que sobreabundara la gracia. Debe esperarse, en consecuencia, que hasta la cruz del calvario haya cierto colorido judaico y del sistema legal mosaico en la narrativa de los Evangelios (por ejemplo, Mt. 5: 17-19; 6:12; comp. Ef. 4:32;
Mt. 10: 5, 6; 15: 22-28; Mr. 1:44; Mt. 23:2; etc).
El Sermon del Monte es ley y no gracia, pues en él se demanda como requisito para recibir la bendición (Mt. 5: 3-9) aquella perfección de carácter que sólo la gracia es capaz de producir por medio del poder divino (Ga. 5: 22, 23).
III). Las doctrinas de la gracia deben buscarse en las Epístolas y no en los Evangelios; sin embargo esas doctrinas se basan en la muerte y resurrección de Cristo, como también en las grandes verdades que Él expuso en forma germinal y que alcanzan su completo desarrollo en las Epístolas. Aún más, el único ejemplo perfecto de perfecta gracia es Él Cristo de los Evangelios.
IV). Los Evangelios no desarrollan la doctrina De la Iglesia. La palabra “iglesia” ocurre solamente en el Evangelio de Mateo. Después de haber sido rechazado por los judíos, en su carácter de Rey y Salvador, y anunciando un misterio que hasta ese momento había estado “escondido desde los siglos De Dios” (Ef. 3: 3-10), El Señor dijo: “Edificare mi iglesia” (Mt. 16: 16, 18). Se trataba, por lo tanto, de algo todavía futuro; pero por medio de su ministerio personal El había reunido un grupo de creyentes quienes en el día de Pentecostés llegaron a ser, en virtud del bautismo del Espíritu Santo, los primeros miembros de “la iglesia, la cual es Su cuerpo” (1 Co. 12:12, 13; Ef. 1: 23).
Los Evangelios presentan un grupo de discípulos de nacionalidad judaica, identificados con El Mesías en su estado de humillación aquí en el mundo; las Epístolas presentan la Iglesia, la cual es el cuerpo de Cristo en gloria, identificada con El en los lugares celestiales e integrada por todos los que son coherederos del Padre con Él y corregentes con Él en el Reino venidero, y en el tiempo presente, extranjeros y peregrinos en el mundo (1 Co. 12: 12, 13; Ef. 1: 3-14, 20-23; 2: 4-6; 1Pd. 2:11).
V). Los Evangelios presentan a Cristo en el desempeño de su triple oficio de Profeta, Sacerdote y Rey. Su ministerio profético no defiere en carácter del que cumplieron los profetas del Antiguo Testamento. Es la dignidad de Su Persona lo que le constituye el Profeta por excelencia. En los tiempos antiguos Dios habló por medio de los profetas; ahora Él habla por medio de Su Hijo ( He. 1:1, 2). El profeta de la antigüedad era un vocero De Dios; El Hijo, es Dios mismo (Dt. 18: 18, 19).
En todas las dispensaciones el profeta es un mensajero que Dios envía a Su pueblo para que en primer lugar, establezca la verdad, y en segundo lugar para que en tiempos de decadencia y apostasía exhorte a la nación a buscar de nuevo la verdad. Por lo tanto, su mensaje es comúnmente de reprensión y exhortación. Y es solamente cuando el pueblo no presta oídos a este mensaje, que el profeta se convierte en un pregonero de cosas por venir. En este respecto Cristo se halla también en armonía con los otros profetas; pues Su ministerio de predicación tiene lugar después de que Él ha sido rechazado en Su carácter de Rey.
La esfera y el carácter del ministerio de Cristo como Rey se definen en el Pacto Davídico 2 S. 7: 8-16 y referencias), según este es interpretado por los profetas y confirmado por el Nuevo Testamento. Este último no abroga ni modifica de manera alguna el Pacto Davídico, ni tampoco la interpretación profética del mismo; pero añade, eso sí, ciertos detalles que no aparecen en la visión del profeta.
El Sermon del Monte es un desarrollo de la idea de “justicia” como la característica predominante del Reino mesiánico (Is. 11:2-5; Jeremías. 23:5, 6; 33: 14-16). El profeta antiguotestamentario se quedo perplejo cuando contempló en un mismo horizonte, por así decirlo, el sufrimiento y la gloria del Mesías (1 Pd 1: 10-11). El nuevo testamento indica que éstos se hallan separados el uno del otro por la presente edad de la Iglesia; y señala hacia el regreso del Señor como el tiempo cuando el Pacto Davídico de bendición se cumplirá por medio del poder divino ( Lc. 1: 30-33; Hech. 2: 29-36; 15: 14-17); justamente como el pacto de bendición concertado con Abraham se cumplió, en virtud del sufrimiento de Cristo, en su primera venida (Hch. 3: 25; Ga. 3: 6-14).
A Cristo nunca se le llama el Rey De la Iglesia. Es cierto que “el Rey” es uno de Sus títulos divinos, y que la Iglesia se une a Israel en la exaltación de Él como “el Rey de los siglos, inmortal, invisible” (Sal. 10: 16; 1 Tim. 1:17); pero la Iglesia está destinada a reinar con Él. Él Espíritu Santo está llamando en la actualidad no a los súbditos sino a los coherederos y corregentes del Reino venidero (2 Tim. 2:11, 12; Ap. 1:6; 3:21; 5:10; Ro. 8: 15-18; 1 Co. 6: 2, 3).
EL OFICIO SACERDOTAL de Cristo es el complemento de Su ministerio profético. El profeta representa a Dios ante el pueblo; el sacerdote es el representante del pueblo en la presencia De Dios. Debido a la pecaminosidad de los que representa, el sacerdote tiene que ofrecer sacrificio; y porque ellos son seres necesitados , el debe ser un intercesor compasivo (He. 5: 1, 2; 8: 1-3). De igual manera Cristo inició en la cruz su obra de Sumo Sacerdote ofreciéndose a sí mismo sin mancha a Dios (He. 9: 14); y al presente, se compadece de los suyos en perenne intercesión (He. 7: 25). El capitulo diecisiete del Evangelio de Juan es el modelo de dicha intercesión.
En los Evangelios debe distinguirse entre interpretación y aplicación moral. Mucho de lo que en los Evangelios pertenece, en términos de estricta interpretación, a Israel o al reino mesiánico, es sin embargo, una revelación de la mente divina y tiene tanta base en principios eternos como para ofrecer una aplicación moral al pueblo De Dios en cualquier dispensación. Es siempre la verdad que “los de limpio corazón” son felices porque ellos “ven a Dios” y que un “ay” de condenación es la parte que corresponde a los formalistas religiosos, ya sea bajo la ley o en la presente edad de la gracia.
Concluyo con:
Hay un énfasis especial en aquello que los cuatro Evangelistas testifican en conjunto. Su testimonio unánime es el siguiente:
1. En todos los Evangelios se revela la Persona singular de Cristo Jesús. El mismo Jesús es Rey en el Evangelio de Mateo, Siervo en el de Marcos, Hombre en el de Lucas, y Dios en el de Juan. Aún más; el Rey presentado por Mateo es también Siervo, Hombre y Dios; el Siervo, en la narración de Marcos, es también Rey, Hombre y Dios; el hombre en el relato de Lucas, es también Rey, Siervo y Dios; y El Eterno Hijo De Dios, que Juan revela, es también Rey, Siervo y Hombre. La pluma es diferente; los incidentes en los que Él aparece pueden ser diversos; el carácter en que Él es presentado varía en cada uno de los Evangelios; Él es siempre el mismo Cristo. Este solo hecho bastaría para demostrar la inspiración divina de estos relatos.
2. Todos los Evangelios describen el ministerio de Juan el Bautista.
3. Todos los Evangelios relatan la alimentación de los cinco mil.
4. Todos los Evangelios revelan que Cristo se presentó a si mismo como Rey de acuerdo a lo dicho por el profeta Zacarías.
5. Todos los Evangelios refieren la traición de Judas; la negación de Pedro; los juicios a que Cristo fue sometido; su crucifixión y su resurrección corporal. Y todo esto se narra como testimonio de que el supremo propósito de Cristo al venir a este mundo fue su muerte en la cruz; que todo lo que precede a dicha muerte no fue sino la preparación para ella, y que de ella emanan todas las bendiciones que Dios a concedido y concederá al hombre.
6. Todos los Evangelios narran el ministerio del Cristo resucitado. Este es un ministerio que revela a Cristo como Aquel que no ha sufrido cambio por el tremendo acontecimiento de la pasión, y que caracteriza, al mismo tiempo, por una nueva nota de universalidad y poder.
7. Todos los Evangelios señalan hacia la segunda venida de Cristo.
Espero que esta breve explicación de “Los Cuatro Evangelios” sean de claridad para todos lectores que diligentemente buscan y anhelan conocer mas de nuestro Señor y Salvador y Su Obra Redentora cumplida asta el mínimo detalle en toda Su perfeccion, de acuerdo el plan perfecto De Dios Abba-Padre.
En El Servicio Del Maestro
Pedro Pete Cerham