09/05/2026
La sana doctrina no fue dada solamente para ser discutida, sino para transformar nuestra manera de vivir. Podemos conocer los términos correctos, defender cada enseñanza y señalar los errores de otros; pero si nuestra vida no refleja humildad, amor, obediencia y arrepentimiento, nuestras palabras pierden credibilidad.
No somos salvos por nuestras buenas obras, sino únicamente por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. Sin embargo, la fe verdadera nunca permanece sin fruto. El Evangelio que confesamos con los labios también debe manifestarse en nuestras decisiones, relaciones y actitudes.
No basta con hablar correctamente acerca de Cristo; necesitamos caminar con Él. Que nuestra vida no contradiga lo que predicamos, sino que confirme que la gracia de Dios realmente nos está transformando.
«Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores».
Santiago 1:22