09/15/2026
En nuestra cultura, solemos definir quiénes somos por lo que hacemos, por nuestros logros o por cómo nos perciben los demás. Es una identidad frágil que siempre está en riesgo si fallamos.
El Evangelio nos da una identidad inquebrantable. Dios no se limitó a perdonar nuestras faltas como un juez; Él nos adoptó como un Padre.
Ser llamados "hijos de Dios" significa que ahora gozamos del acceso, la intimidad y la seguridad de pertenecer a Su familia.
Tu valor más profundo y tu identidad ya no dependen de tu desempeño, sino del amor de un Padre que decidió llamarte Suyo.