09/20/2012
La Oración: Maravilloso Don de Dios
Que es la oración?
La oración es la práctica necesaria de todo cristiano ante la presencia de Dios. La oración es la devoción de nuestra alma a Dios, porque por medio de ella nos comunicamos íntimamente con El y también le adoramos en espíritu. Es el lugar donde el orgullo es abandonado y adoptamos humildad. La oración es el lugar donde admitimos nuestra dependencia de Dios y clamamos por nuestra necesidad. La oración es el ejercicio de la fe y la esperanza alzada hacia el trono de Dios en reverente suplica de Su gracia y favor divino. La oración es el lugar y el momento sagrado en donde todas nuestras querellas son expuestas ante el Benéfico y Protector de nuestras almas. La oración es el privilegio de poder tocar el corazón del Padre por medio de su Hijo, Jesús nuestro Señor.
La Santa Biblia habla mucho de la oración. Pero en muchas ocasiones, nosotros ignoramos la utilidad de este don y queremos cumplir en la fuerza de nuestra propia voluntad aquellas cosas que deseamos tener o sucedan en nuestra vida. Para nosotros, los que somos culpables de esta falta, necesitamos doblar nuestras rodillas, confesar nuestros pecados, recibir el perdón de Dios, y rogarle que la voluntad del Señor se cumpla sobre la nuestra. Dios es soberano y amoroso, y El sabe lo que es mejor para nosotros y los demás.
Muchas veces nos acercamos al Señor con legítimas peticiones de sanidad, conversión, necesidades, y aun así las respuestas que esperamos no las hemos logrado contemplar. Nos extrañamos y en veces hasta dudamos. Pero todavía, perseveramos y alabamos a Dios. Nosotros oramos porque sabemos que Dios nos escucha y deseamos ver resultados de nuestras plegarias. Tal vez parezcan ante nuestro ojos sin sentido los designios de Dios, es en la oración donde adoptamos una seguridad pacificadora y serena.
“Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús”. Filip. 4:6,7
Creo, hermanos, que es justo suponer, que nosotros podemos probar y medir nuestra vida espiritual, por la paz o por la falta de ella en nuestros corazones, si verdaderamente somos hombres y mujeres constantes en la oración, ya que todos dependemos del Todopoderoso.