04/09/2022
Dia 29
La oración perseverante
“Y aquella misma noche se levantó, y tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Jaboc. Los tomó y los hizo pasar el arroyo, e hizo pasar también todo lo que tenía. Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. Cuando vio que no había prevalecido contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él. Entonces el hombre dijo: Suéltame porque raya el alba. Pero Jacob respondió: No te soltaré si no me bendices. Y él le dijo: ¿Cómo te llamas? Y él respondió: Jacob. Y el hombre dijo: Ya no será tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido.” (Génesis 32:22-28)
Hay oraciones de oraciones. Hay momentos en que nos enfrentamos con nuestros más grandes temores. Esto fue lo que vivió Jacob cuando llegó el momento que el más había temido: el reencuentro con su hermano Esaú (había huido varios años antes porque Esaú le había amenazado de muerte). Su hermano mayor iba camino a encontrarse con Jacob junto con cuatrocientos hombres.
En ese momento Jacob solo tenía un lugar a donde ir y refugiarse: la oración. Es interesante notar que, aunque Jacob tenía la promesa de parte de Dios de regresar a su tierra y de la bendición sobre su descendencia, esto no lo privó de orar porque sabía que su familia y su futuro estaban en peligro.
En la oración perseverante de Jacob encontramos 4 características que nos marcan un camino para nuestra propia vida de oración:
1. Fue prioritaria. Llegó un momento en la vida de Jacob donde él entendió que TODO dependería de su oración. Esto lo llevó a buscar estar a solas con Dios. Con 11 hijos no era nada fácil. Tuvo que hacer toda una logística para lograrlo. Hay momentos en los cuales debemos apartarnos, y buscar encontrar ese tiempo en donde podamos pasar un tiempo de calidad, sin distracciones delante de Dios. La vida de oración no se convierte en algo más que me toca hacer en mi día a día, se convierte en el fundamento de mi vida, el aire necesario para seguir adelante.
2. En la oración Jacob libró su más grande batalla. Muchas veces olvidamos este principio: nuestra lucha no es contra carne y sangre, nuestras armas espirituales no son como las armas de este mundo. Jacob estaba librando la más grande batalla por sus generaciones. Él entendía que su vida estaba en peligro, y también la vida de su casa. Por eso LUCHÓ. Me impacta el espíritu de tenacidad de Jacob. No se dio por vencido frente a su momento más difícil. Al contrario, luchó, peleó, perseveró. Esta oración perseverante cambió su naturaleza.
3. Fue específica. Llega un momento en el que el Ángel le pide a Jacob que le sol-tara, porque ya estaba por amanecer. Pero me impacta la respuesta de Jacob: No te soltaré si no me bendices. ¿Cuál ha sido tu petición en estos 30 días de orar por tu casa? No te des por vencida. Hoy te motivo a que perseveres. Sé específica con Dios y recibirás una respuesta específica.
4. Fue efectiva: fue una oración que cambió el destino de su vida. Llegó a la raíz de su opresión y de tantos años de vivir en aflicción –aunque era un hombre temeroso de Dios, nieto de Abraham y con un legado de fe–. El mismo Señor quebrantó esa naturaleza que había estado en Jacob desde su nacimiento, y pasó de ser el suplantador a un príncipe con Dios. Su autoridad fue restaurada.
Hoy, tienes acceso al mismo Dios que Jacob. Te motivo a que hagas de la oración tu prioridad, no solo por estos 30 días, sino por el resto de tu vida. Creo que Dios te dará las más grandes conquistas en ese lugar secreto. Recuerda: sé específica con Dios y vas a recibir respuestas específicas.
Oración:
Señor, gracias por el regalo de la oración. Gracias porque Tú me conoces mejor que nadie. Conoces mi pasado, mi presente y mi futuro. Hoy pido que abras mis ojos espirituales, que me lleves a la raíz de aquello que ha frenado Tu bendición plena en mí y en mi casa. Enséñame, cámbiame, y cumple en mí tu perfecta voluntad. ¡Señor, no te dejaré si no me bendices!