06/13/2025
Cómo actuar fielmente en tiempos difíciles: una carta del Obispo Presidente Rowe
Querido pueblo de Dios en la Iglesia Episcopal:
Les escribo desde Ginebra, donde me encuentro reunido con asociados de todo el mundo en el Consejo Mundial de Iglesias y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. A medida que hemos hablado de las formas en que nuestras instituciones podrían actuar fielmente y con audacia en estos tiempos turbulentos, he estado reflexionando sobre cómo los episcopales, como seguidores del Cristo Resucitado cuya primera lealtad es al reino de Dios y no a ninguna nación ni partido político, podemos responder a lo que se está desarrollando a nuestro alrededor.
Los acontecimientos de los últimos días convierten este desafío espiritual en un asunto urgente. A principios de esta semana, entró en vigor la orden ejecutiva del presidente Trump que prohíbe o restringe los viajes procedentes de 19 países. Esta orden afecta a países que albergan diócesis de la Iglesia Episcopal y de muchos de nuestros asociados de la Comunión Anglicana, y les he escrito a los obispos y a los primados de esos países para expresarles nuestra preocupación.
El despliegue injustificado de la Guardia Nacional y el Cuerpo de Marines de EE. UU. en las calles de Los Ángeles también señala un giro peligroso. Como han escrito los obispos de California, estos despliegues militares generan el riesgo de agravar innecesariamente los enfrentamientos y sientan un peligroso precedente para futuros despliegues que aumentarán las tensiones en lugar de resolverlas. Como cristianos comprometidos a luchar por la justicia y la paz entre todas las personas, sabemos que hay una forma mejor de hacer las cosas.
Lo que estamos presenciando es el tipo de distorsión que surge cuando las instituciones como las fuerzas armadas y el Departamento de Estado se vuelven contra las personas a las que deben proteger. Estos pilares del gobierno federal, concebidos para salvaguardar a la sociedad civil y promover la paz y la estabilidad, se están convirtiendo ahora en armas para lograr ventajas políticas.
La violencia en la televisión no es nuestro único riesgo. También estamos viendo las propuestas para el presupuesto federal que desplazarían recursos de los pobres hacia los ricos, la denegación del debido proceso a los inmigrantes, la eliminación de fondos para programas esenciales de salud pública, servicios sociales y ayuda exterior que desde hace mucho tiempo han cumplido el mandato de los Evangelios de cuidar de los vulnerables, los niños, los hambrientos y los enfermos.
Con todo esto en mente, estamos encontrando formas de responder como cristianos a lo que vemos que ocurre a nuestro alrededor. Estamos explorando opciones para apoyar litigios que impugnen la prohibición de viajar por motivos de libertad religiosa, abogando por un gasto federal que salvaguarde el bienestar de los más vulnerables, atendiendo a inmigrantes y refugiados en nuestras congregaciones y comunidades, y solidarizándonos con otros grupos religiosos. En resumen, estamos practicando una resistencia institucional arraigada no en la lealtad partidista, sino en la convicción cristiana.
En sus mejores momentos, nuestra iglesia es capaz de lograr una claridad moral y un compromiso decidido con la justicia. Creo que podemos concentrar esas fortalezas para enfrentar la tormenta que se avecina. Las Iglesias como la nuestra, protegidas por la Primera Enmienda y con la práctica de galvanizar a la gente de buena voluntad, podrían ser algunas de las últimas instituciones con capacidad para resistir la injusticia que ahora se está promulgando. No es un papel que hayamos buscado desempeñar, pero sí es uno al que estamos llamados.
En Ginebra, se me ha recordado que formamos parte de una comunión mundial de esperanza en el Cristo Resucitado. No estamos solos al vivir nuestras promesas bautismales: perseverar en la resistencia ante el mal, luchar por la justicia y la paz entre todos los pueblos, y respetar la dignidad de todos los seres humanos. Que en estos tiempos difíciles, encontremos valor y resiliencia en nuestra identidad como miembros del Cuerpo de Cristo.
Suyo en Cristo,
Rvdmo. Sean Rowe
Obispo Presidente
La Iglesia Episcopal