04/03/2026
En la cruz no solo hubo dolor, hubo un amor tan profundo que decidió quedarse, aun pudiendo bajarse. La Biblia nos revela que en esa cruz no colgaba solo un cuerpo herido, colgaba el perdón de nuestros pecados, la restauración de nuestra identidad y el abrazo eterno de un Padre que no se rindió con nosotros.
Jesús no fue llevado a la cruz, Él caminó hacia ella. Getsemaní nos demuestra que Él era consciente del sufrimiento que le esperaba, sabía del clavo, sabía del abandono, sabía del peso del pecado, lo sabía todo y aun así, eligió amarnos.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8)
Hoy la cruz nos susurra algo al corazón: “No tienes que ganarte este amor… ya fue dado.” Cada gota de sangre fue una declaración: “Vales la pena.”
Cada herida en su cuerpo era un grito: “Eres mío”.
Y en medio del dolor, cuando todo parecía terminar, Jesús dijo:
“Consumado es.” (Juan 19:30)
No fue derrota, fue la más grande victoria.
TETELASTAI: ¡La deuda está pagada!
La muerte en la cruz fue el comienzo de una vida eterna para nosotros. Hoy, respondemos con gratitud, con entrega, con un corazón rendido ante Aquel que nos amó primero.
Oremos…
Señor Jesús,
gracias por amarme hasta la cruz.
Gracias por no rendirte conmigo.
Hoy rindo mi vida a Ti una vez más.
Enséñame a vivir un amor que responda al tuyo y que mi alma nunca olvide el precio que pagaste por mí.
Amén.