Primera Iglesia Bautista Hispana De Lawrenceville

Primera Iglesia Bautista Hispana De Lawrenceville Mision:
"Uno Mas Para Cristo!"

06/14/2026

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06/12/2026

Lucas 18:7
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?

Queridos hermanos en Cristo,

Qué bendición tan grande es detenernos un momento en medio de nuestras intensas labores diarias para refugiarnos en la preciosa y eterna Palabra de nuestro buen Dios. Como creyentes, todos recorremos temporadas donde el camino se torna cuesta arriba, donde las fuerzas flaquean y donde el silencio del cielo parece volverse denso. Es precisamente en esos valles de prueba donde nuestra fe es acrisolada y donde necesitamos recordar la naturaleza de Aquel a quien servimos.

​Hoy quiero invitarlos a meditar en un pasaje de las Escrituras que es un verdadero bálsamo para el alma cansada, pero también una fuerte sacudida de esperanza para el corazón que duda. El evangelista Lucas nos relata una hermosa parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar, y la corona con estas profundas palabras de nuestro Señor Jesús que encontramos en Lucas 18:7 "¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?"

​Qué pregunta tan directa y a la vez tan llena de un consuelo inquebrantable. Para comprender la profundidad de este mensaje, debemos recordar que Jesús acaba de narrar la historia de una viuda desamparada que acudía ante un juez injusto. Aquel juez no temía a Dios ni respetaba a hombre alguno, pero ante la insistencia terca y constante de la mujer, decidió hacerle justicia solo para que dejara de molestarlo.

​Jesús utiliza ese contraste tan radical para elevarnos a una verdad infinitamente superior. Si un juez corrompido e indiferente cede ante la persistencia, ¡cuánto más nuestro Padre celestial, que es la fuente misma de la justicia y el amor, actuará en favor de los suyos! Dios no es como ese juez. Él no responde por fastidio, sino por un pacto de amor eterno que selló con nosotros a través de la sangre de su Hijo.

​A veces, la persistencia en la oración se siente como un desierto largo y seco. Oramos por la restauración de un matrimonio, por la salvación de un hijo, por una puerta financiera que se mantiene cerrada o por la sanidad de un cuerpo enfermo. Pasan las semanas, los meses o incluso los años, y el enemigo de nuestras almas susurra al oído que Dios se ha olvidado, que nuestras lágrimas caen en el vacío.

​Es ahí donde este texto nos sostiene. El pasaje nos llama "escogidos". Esa sola palabra define nuestra identidad y cambia por completo nuestra perspectiva. No somos extraños tocando a la puerta de un califa caprichoso. Somos sus hijos amados, los que fuimos elegidos desde antes de la fundación del mundo. Dios conoce tu nombre, cuenta tus cabellos y recoge cada una de tus lágrimas en su redoma.

​El texto también describe una actitud constante "que claman a él día y noche". La perseverancia no es un intento desesperado por cambiar la mente de Dios o por convencerlo de que sea bueno. La perseverancia en el clamor es la evidencia de un corazón que depende absolutamente de Él.

Cuando clamamos día y noche, le estamos diciendo al universo que no tenemos un plan B, que nuestra única fuente de socorro es el Dios vivo. Esa fe persistente honra al Padre.
​La pregunta final del versículo nos desafía "¿Se tardará en responderles?" A los ojos humanos, el tiempo de Dios a menudo se siente como una tardanza. Nos cuesta asimilar que el reloj del cielo no se rige por nuestras urgencias cronológicas.

Sin embargo, la aparente demora de Dios nunca es un signo de indiferencia, sino el espacio perfecto donde Él está trabajando algo más grande. Mientras esperas que Dios cambie tu circunstancia, Él está usando la circunstancia para transformarte a ti. Él está ensanchando tu capacidad espiritual, madurando tu carácter y preparándote para sostener la bendición que viene en camino. Su respuesta llegará en el momento exacto, ni un segundo antes, ni un segundo después.

​Mis amados hermanos, les animo con todo mi corazón pastoral a que no desmayen. Si hoy te encuentras cansado de clamar, si tus rodillas flaquean y sientes la tentación de bajar los brazos, vuelve la mirada a la cruz. El Dios que no escatimó ni a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? Tu clamor diario no es en vano. La justicia de Dios se manifestará y su respuesta romperá el silencio.

​Manténganse firmes, sigan de rodillas y sigan confiando. Nuestro Redentor vive, Él escucha y su justicia resplandecerá en tu vida. Que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde hoy y siempre sus corazones en Cristo Jesús. ¡Un abrazo muy fuerte en su amor!

Que tengan un bendecido y lindo día.

06/11/2026

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06/11/2026

Salmo 126:6
Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.

Queridos hermanos en Cristo,

​Como pastor, mi corazón late por cada uno de ustedes. Conozco de cerca muchas de sus luchas, sus desvelos y los sacrificios que hacen a diario por mantener sus hogares en pie y sus vidas alineadas a la voluntad divina. Sé que hay temporadas donde el caminar cristiano se vuelve una cuesta arriba. Momentos donde cumplir con nuestro llamado, sostener a la familia o perseverar en la fe no se siente como una fiesta, sino como una carga muy pesada. Para esos días de cansancio, donde las fuerzas parecen agotarse, el Espíritu Santo nos regaló una promesa consoladora en el Salmo 126:6:
​"Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas."

​Esta palabra es un mapa de ruta para todo cristiano. Nos recuerda que la perseverancia en el reino de Dios no es la ausencia de dolor, sino la decisión valiente de invertir nuestras lágrimas en la tierra de Su voluntad.
"Irá andando y llorando..."

​El salmista no maquilla la realidad del sufrimiento. La vida nos exige avanzar aun cuando el corazón está roto. Notemos que el sembrador no se queda postrado en la queja ni se detiene a esperar que el clima cambie; él va andando. Como iglesia, debemos entender que habrá domingos, ministerios o jornadas familiares donde serviremos con el alma agobiada. Llorar no es falta de fe, amados; es nuestra humanidad. Cada oración desvelada por tus hijos, cada ofrenda entregada con sacrificio, y cada palabra de aliento que das cuando tú mismo estás vacío, no pierden valor. Al contrario, las lágrimas suelen ser el riego que ablanda la dureza de la tierra donde Dios va a obrar el milagro.

​Si hoy te encuentras caminando y llorando, no te aisles. En esta casa espiritual nos sostenemos unos a otros. El llanto es temporal, pero la semilla que estás sembrando en Dios es eterna. Sostengamos la Certeza de la Promesa: "...Mas volverá a venir" ​La Escritura no dice "tal vez volverá". Dice "volverá a venir". Es una garantía del cielo para su iglesia. El desierto que estás cruzando tiene fecha de caducidad. Tu fidelidad bajo presión está construyendo un testimonio que glorificará el nombre del Señor. ​Dios es un labrador experto y un Padre justo. Él no desperdicia ninguna de tus batallas en secreto. Aquel que inició la buena obra en cada uno de ustedes, la perfeccionará. La distancia entre el llanto de la siembra y el canto de la cosecha se llama perseverancia, y la caminamos juntos, un día a la vez.

​ Celebremos Juntos la Recompensa: "...Con regocijo, trayendo sus gavillas" ​El texto nos regala un contraste maravilloso. El mismo hombre que salió quebrado, regresa cantando. El peso de la angustia es reemplazado por el peso de la gloria; las gavillas, los frutos maduros de la obediencia.

​Como pastor, anhelo ver el día en que celebremos juntos esos frutos. Veremos a tus hijos y nietos caminar en el Señor, veremos los matrimonios restaurados y contemplaremos cómo el carácter de Cristo se formó en nosotros a través del fuego. Nuestro regocijo será comunitario, testificando que Dios estuvo con nosotros en cada paso.

​Oremos juntos;
​Amado Padre Celestial, hoy te pido que fortalezcas los brazos caídos y las rodillas paralizadas. Si alguno de tus hijos camina hoy llorando, recuérdale que su siembra es preciosa a tus ojos. Transforma nuestro dolor en resistencia, mantén nuestros pies en el camino correcto y danos la fe colectiva para ver las gavillas que tú ya estás haciendo crecer. En el dulce nombre de Jesús, Amén.

​Iglesia, la siembra puede ser dura, pero la cosecha es segura. ¡No desmayemos, porque a su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado! Les amo en el Señor.

Que tengan un bendecido y lindo día.

06/10/2026

Salmos 126.5
Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.

Queridos hermanos en Cristo,

Hay temporadas en la vida del creyente en las que el alma siente el peso de una carga que las palabras apenas pueden describir. Son los momentos en que el llanto parece ser el único lenguaje disponible, en que el corazón derrama lo que los labios no pueden articular. Y sin embargo, es precisamente en esos momentos donde Dios está trabajando con mayor profundidad, preparando el suelo de nuestra vida para una cosecha que nuestros ojos todavía no pueden ver.

El salmista, con la sabiduría que solo nace de haber atravesado el desierto y llegado al otro lado, nos entrega en esta breve pero poderosa declaración una de las verdades más consoladoras de toda la Escritura. Nos recuerda que en el diseño eterno de Dios, el dolor nunca es el destino final. Las lágrimas no son el punto de llegada, sino el punto de partida. Son semillas. Son el comienzo de algo que todavía está por venir.

El salmista tambien utiliza la metáfora del agricultor no por casualidad. En el mundo antiguo, sembrar era un acto de fe radical. El labrador tomaba en sus manos el grano que podría haber usado para comer, lo confiaba a la tierra oscura, y luego esperaba. No había garantías visibles. Solo había la promesa implícita en el orden que Dios mismo estableció desde la creación, que toda semilla plantada en la tierra correcta, en el tiempo correcto, dará su fruto. El agricultor sembraba con expectativa aunque el proceso pareciera, desde afuera, como una pérdida. Así son nuestras lágrimas en la presencia del Señor.

Cuántos de nosotros hemos conocido lo que es atravesar un desierto, esos momentos en que servimos con fidelidad y el fruto tarda en aparecer. Cuántos hemos experimentado crisis personales que sacuden los cimientos de lo que creíamos conocer sobre la fidelidad de Dios. Cuántos hemos llevado cargas tan pesadas que al final del día, cuando nadie más nos ve, nos hemos postrado ante el Señor con el único recurso que nos quedaba, las lágrimas. Y en esos momentos, el enemigo susurra que esas lágrimas son evidencia de derrota. Que el llanto es señal de que Dios no ha escuchado. Que la demora de la cosecha es prueba de que la promesa no era real.

Pero el salmista declara exactamente lo contrario. Cada lágrima derramada en la presencia del Señor no se pierde. No cae al vacío. No termina en el silencio. Dios las recoge, las registra, y las trabaja. Su Palabra nos recuerda en el Salmo 56 que Él guarda nuestras lágrimas en Su redoma, que están escritas en Su libro. Nuestro Dios es tan cercano, tan íntimamente presente en nuestro sufrimiento, que no permite que ni una sola expresión de nuestra alma quebrantada pase desapercibida ante Sus ojos. Las lágrimas que derramas en el altar riegan el suelo de tu corazón. Preparan el terreno para algo que Él ya tiene planificado. Y lo que Dios planifica, ninguna fuerza en el universo puede detener.

Lo que hace de este versículo algo tan extraordinariamente poderoso es la naturaleza de su promesa. No dice que tal vez vendrá el regocijo. No dice que posiblemente habrá cosecha. La declaración es afirmativa, plena, irrevocable. Con regocijo segarán.

Esta promesa no descansa en nuestra fortaleza, ni en la profundidad de nuestra fe, ni en la perfección de nuestra siembra. Descansa en el carácter inmutable de Dios. Él es el Dueño de la mies. Él es quien gobierna las estaciones de la vida espiritual. Y cuando Él promete que la cosecha vendrá, el cielo mismo está comprometido con el cumplimiento de esa palabra.

El mismo suelo que hoy recibe tus lágrimas, mañana sostendrá el peso de tu regocijo. La misma vida que hoy atraviesa la prueba, mañana será testimonio vivo de la fidelidad de Dios. No te desanimes si hoy te toca sembrar con el alma quebrantada, con las manos temblorosas, con el paso inseguro del que camina más por fe que por vista. Esa siembra dolorosa es la condición necesaria de la cosecha gloriosa.

Tal vez hoy llegaste a este devocional con una carga que pocos conocen. Tal vez llevas semanas, o meses, o años sembrando en silencio, con lágrimas que nadie más ha visto, con oraciones que parecen no encontrar respuesta. Tal vez el trabajo se siente pesado, la familia atraviesa una crisis, o el corazón está agotado de una batalla que no termina.

Quiero decirte, con toda la autoridad de esta Palabra, que tu siembra no ha sido en vano. Cada oración ofrecida con lágrimas es una semilla viva en las manos de un Dios fiel. Cada acto de servicio sostenido en la debilidad es un grano de trigo que ya tiene futuro en el calendario eterno de Dios. Cada paso de obediencia dado en medio del dolor lleva en sí mismo la promesa de una cosecha que superará todo lo que puedas imaginar.

Sigue sembrando. Aunque las manos tiemblen, siembra. Aunque el corazón duela, siembra. Aunque la cosecha tarde más de lo que esperabas, siembra. La constancia en el dolor es la garantía del fruto en la bendición. Mantén los ojos en el Señor de la mies, porque Él nunca ha dejado sin cumplir ninguna de Sus promesas, y no comenzará a hacerlo contigo.

Oremos juntos;

Señor Todopoderoso, te doy gracias porque mi dolor presente no es en vano. Hoy entrego ante Tu altar cada lágrima, cada carga, cada noche de llanto que ha parecido interminable. Confío en Tu promesa, porque Tú eres fiel y no puede fallar Tu Palabra. Transforma mi sufrimiento en una cosecha de bendición, de madurez espiritual y de regocijo verdadero. Dame la fortaleza para seguir sembrando con fidelidad, con la certeza absoluta de que veré Tu gloria manifestada en mi vida, en mi familia y en Tu iglesia. Que mi cosecha sea tan abundante que desborde hacia los que están a mi alrededor, para que también ellos conozcan Tu fidelidad. En el poderoso nombre de Jesús, Amén.

Que tengan un bendecido y lindo día.

06/09/2026
06/09/2026

conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Queridos hermanos en Cristo,

En el caminar diario, nos detenemos hoy un momento frente a la infatigable Palabra de Dios para hallar descanso, dirección y, sobre todo, una fuerza renovada que nos impulse a seguir adelante. En nuestra jornada diaria, las pruebas no son una posibilidad lejana, sino una realidad constante. Hay días donde el desierto se vuelve más extenso, donde el silencio de la soledad cala hondo y donde nuestras propias fuerzas parecen disolverse como el agua entre los dedos.

​Es precisamente en ese escenario de fatiga y desgaste donde el Señor se acerca con profundo amor pastoral y nos susurra al corazón las palabras registradas en Isaías 43, 19, donde nos dice que Él hace cosa nueva, que pronto saldrá a luz y nos pregunta si no la conoceréis, prometiendo además que otra vez abrirá camino en el desierto y ríos en la soledad.

​Para comprender el peso de este mensaje, debemos recordar que Dios le estaba hablando a un pueblo que se encontraba en el exilio, cautivo y con el desánimo golpeando sus puertas. Ellos miraban a su alrededor y solo veían ruinas, pérdidas y un futuro incierto. Quizás hoy te encuentres en un desierto similar, un desierto familiar, financiero, emocional o de salud. El desierto tiene la particularidad de desorientarnos, de hacernos creer que estamos estancados y que el panorama actual es definitivo. Sin embargo, la promesa divina no depende de las condiciones del terreno, sino de la soberanía del Diseñador.

​El texto nos desafía a agudizar nuestra mirada espiritual. Dios afirma que lo nuevo ya está brotando, pero lanza una pregunta crucial, ¿no la conoceréis? A veces estamos tan enfocados en el polvo del camino, en la intensidad de la prueba diaria y en lo que perdimos ayer, que nos volvemos ciegos a los pequeños brotes de gracia que el Señor está haciendo surgir hoy. Perseverar en Dios no significa caminar con una fe ciega y resignada, sino caminar con una expectativa santa, sabiendo que el invierno del alma no es eterno.

​Analicemos la doble promesa que el Señor nos regala para sostenernos en medio de las batallas cotidianas.
La primera promesa "​Un camino en el desierto"

El desierto es por definición un lugar sin sendas marcadas, un espacio donde es fácil perder el rumbo. Cuando enfrentamos dificultades diarias que amenazan nuestra paz, Dios nos asegura que Él mismo se convierte en nuestro pionero. Él no te pide que construyas la carretera, te pide que camines por el sendero que Su fidelidad ya está abriendo en medio de la nada.

La segunda promesa "​Ríos en la soledad"

La soledad y el desierto resecan el espíritu. El desgaste diario de sostener el trabajo, la familia y las responsabilidades puede dejarnos vacíos. Pero el Señor no solo nos da dirección (un camino), sino también provisión (ríos). Es una promesa de refrigerio interno en el lugar menos pensado. Tu entorno puede seguir seco por un tiempo, pero tu interior será saciado por la fuente de Su Espíritu.

​La perseverancia cristiana no es simplemente aguantar el dolor con los dientes apretados, es avanzar con la firme convicción de que el desierto es solo el escenario temporal para el milagro permanente de Dios.

​Hermano, si hoy sientes que las fuerzas te faltan para dar el siguiente paso, recuerda que Aquel que te llamó no te ha dejado a la deriva en el camino. No te rindas ante la fatiga del martes, ante la incertidumbre del mañana o ante los ataques sutiles del enemigo que te dice que nada va a cambiar. Las pruebas diarias no están diseñadas para destruirte, sino para vaciarte de ti mismo y llenarte de Su gloria manifiesta.
​Dios está trabajando en los detalles invisibles de tu situación. Lo que hoy ves como un terreno estéril y vacío, mañana será el testimonio vivo de que el Señor volvió a abrir caminos y volvió a desatar ríos donde todos decían que era imposible. Mantén la mirada en el Redentor, abraza tu llamado con valentía, consuela al que sufre a tu lado con el mismo amor que recibes y sigue adelante. La obra nueva ya ha comenzado, mantén tu corazón conectado a la fuente y prepárate para ver la luz de un nuevo amanecer en tu vida y en tu iglesia. Que Su paz y Su gracia inquebrantable sostengan cada uno de tus pasos hoy y siempre. Amén.

Que tengan un bendecido y lindo día.

06/08/2026

Mateo 6:33
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Queridos hermanos en Cristo,

​A lo largo de mi caminar en el ministerio y en la consejería, he tenido el privilegio de escuchar a cientos de personas compartir sus cargas más profundas. Conozco el peso de la incertidumbre, el dolor de la escasez y esa angustia silenciosa que nos asalta por las noches cuando los problemas parecen gigantes y nuestras fuerzas se sienten diminutas. Es en esos momentos de vulnerabilidad cuando el mundo nos empuja a correr desesperadamente detrás de las soluciones humanas, del control y de la autosuficiencia.

Sin embargo, nuestro Salvador nos extiende una invitación completamente contraria, una que transforma nuestra ansiedad en una paz que sobrepasa todo entendimiento. El Evangelio según Mateo, en su capítulo 6, verso 33, nos regala una brújula eterna que dice así, "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." ​Estas palabras no son un simple eslogan de motivación, sino un principio de alineación divina y una promesa inquebrantable para nuestra vida espiritual.

​ "Buscad primeramente"

​Vivir en medio de dificultades constantes nos tienta a alterar nuestro orden de prioridades. Es fácil caer en la trampa de buscar primero la provisión antes que al Proveedor, o desear la sanidad antes que al Sanador. La palabra "primeramente" que utiliza Jesús no se refiere únicamente a una secuencia de tiempo, no significa simplemente orar cinco minutos en la mañana y luego olvidarnos de Dios el resto del día. Se refiere a una prioridad de valor, de afecto y de autoridad en nuestro corazón.

​Buscar el Reino en primer lugar significa que, aun con lágrimas en los ojos y problemas sin resolver en la mesa, decidimos que el señorío de Cristo gobierne nuestras emociones, nuestras decisiones y nuestras reacciones. Es un acto de fe radical que le dice al Padre, "Señor, mis circunstancias están revueltas, pero mi devoción te pertenece solo a ti". Cuando intencionalmente quitamos la mirada de la tormenta y la fijamos en el trono de Dios, nuestra perspectiva cambia. El problema no desaparece de inmediato, pero nosotros nos hacemos más fuertes porque nos reconectamos con la fuente de todo poder.

​ "El reino de Dios y su justicia"

​¿Qué significa buscar Su Reino y Su justicia en medio de nuestras crisis cotidianas? Significa anhelar que la cultura del cielo se manifieste en nuestra tierra interior. El Reino de Dios es, como nos enseña la Escritura, justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Por lo tanto, buscar Su justicia implica renunciar a nuestras propias defensas, al orgullo, a la amargura y a la tentación de vengarnos o resolver las cosas a nuestra manera humana. ​Cuando los problemas nos abruman, buscar Su justicia nos lleva a preguntarnos, "¿Cómo respondería Jesús ante esta crisis? ¿Cómo puedo reflejar Su amor, Su santidad y Su verdad en medio de este desierto?". Esta búsqueda profunda nos madura clínicamente en nuestras emociones y nos robustece nuestra fe. Nos ayuda a entender que el propósito supremo de Dios en nuestras pruebas no es solo cambiarnos las circunstancias, sino transformarnos a nosotros a la imagen de Su Hijo.

​ "Todas estas cosas os serán añadidas"

​Aquí es donde nuestro corazón encuentra un descanso profundo. Nuestro Dios no es un cobrador indiferente, sino un Padre amoroso que conoce al detalle cada una de nuestras necesidades legítimas. Él sabe que necesitas el pan, el sustento, la estabilidad familiar, la sanidad y la dirección. Jesús no minimiza tus necesidades materiales o emocionales, al contrario, te asegura que al enfocarte en lo eterno, lo temporal queda bajo el cuidado absoluto de Su soberanía.

​La expresión "serán añadidas" nos libera de la fatiga de cargar con el mañana. Nos recuerda que la provisión es un subproducto de nuestra relación con Dios, no el fin principal de ella. Cuando descansas en esta promesa, tu esperanza deja de ser un deseo vago y se convierte en una certeza anclada en el carácter fiel de Dios. Él añadirá lo que necesitas en el momento exacto, conforme a Sus perfectas riquezas en gloria.

​Te animo a que hoy mismo dejes tus cargas a los pies del Maestro. No permitas que el afán te robe la intimidad con tu Creador. Dedica tiempo a buscar Su rostro en oración, a sumergirte en Su Palabra y a rendir tu voluntad ante Él. Verás cómo, al ordenar tu vida alrededor de Su Reino, la paz volverá a habitar en tu hogar y la esperanza renovará tus fuerzas para seguir adelante. Dios está contigo, y Él nunca falla. Amén.

Que tengan un bendecido y lindo día.

06/05/2026

Romanos 5, 3-5
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Queridos hermanos en Cristo,

​En el caminar de la vida cristiana a menudo nos encontramos con días donde el viento sopla en contra. Nos desgastamos intentando esquivar las dificultades, asumiendo que el silencio de Dios o la presencia de la prueba significan ausencia de su favor. Sin embargo, la perspectiva del Reino nos invita a mirar el panorama con los ojos de la eternidad. Las situaciones que enfrentamos en nuestro diario vivir no son interrupciones en nuestro destino, sino las herramientas exactas que el Divino Alfarero utiliza para moldear nuestro carácter.

​Para comprender la profundidad de este pasaje, es fascinante detenernos en el lenguaje original en el que fue escrito. Cuando el apóstol Pablo habla de tribulaciones, utiliza la palabra griega thlipsis. En la antigüedad, este término no se refería a un simple desánimo o a un mal día. Thlipsis evoca la imagen de una presión aplastante, como la que sufre la uva en el lagar para extraer el vino, o el grano de trigo bajo la pesada rueda de molino.

​Es una presión que encierra, que oprime y que parece quitarnos el aire. ¿Cuántas veces se ha sentido usted así ante un diagnóstico médico, una crisis familiar o una carga pesada en el trabajo? La belleza del evangelio radica en que esa presión no viene para destruirle. En las manos de Dios, thlipsis se convierte en el mecanismo que extrae lo mejor de su interior, separando lo superficial de lo eterno.

​El texto nos dice que esta presión produce paciencia. La palabra utilizada aquí es hupomone, un término compuesto de gran belleza. Hupo significa "debajo de", y moneo significa "permanecer o quedarse". Así, hupomone no es una paciencia pasiva, no es cruzarse de brazos a esperar que la tormenta pase con actitud de resignación. Es una resistencia activa, la capacidad de mantenerse firme bajo una carga pesada sin doblar las rodillas ante la desesperación. Es el soldado que sostiene el escudo a pesar del embate feroz del enemigo. Dios usa los desafíos cotidianos para desarrollar en usted esa musculatura espiritual que solo se adquiere cuando decidimos no huir, sino permanecer bajo su sombra protectora. Como enseñamos anoche en el estudio Bíblico.

​Esta resistencia sostenida produce lo que las Escrituras llaman prueba, que en el griego original se traduce como dokime. Este término se usaba específicamente en el ámbito de la metalurgia para describir el oro o la plata que habían pasado por el fuego purificador y habían demostrado ser genuinos, sin impurezas.

​Cada experiencia difícil que usted enfrenta es un fuego que consume la hojarasca del orgullo, de la autosuficiencia y del temor. Lo que queda después del fuego no es una fe debilitada, sino una fe aprobada, un carácter templado que refleja con mayor nitidez la imagen de Jesucristo. Usted no es el mismo después de haber adorado en medio del dolor; usted sale de allí con la certeza de que Dios es fiel, no porque se lo contaron, sino porque lo experimentó en el fondo del valle.

​Finalmente, este proceso culmina en la esperanza "elpis", que en el contexto bíblico no es un deseo vago de que las cosas mejoren. Elpis es una expectativa sumamente confiada, una certeza absoluta basada en el carácter de Aquel que hizo la promesa. Es mirar el futuro no con ansiedad, sino con la seguridad de que las crisis presentes son temporales, mientras que la gloria que nos espera es eterna.

​Querido hermano, le animo a levantar tu mirada en este día. No catalogue tus problemas actuales como accidentes fuera del control divino. Mírelos como instrumentos de crecimiento, herramientas pedagógicas del Cielo diseñadas para expandir tu capacidad de amar, de confiar y de servir.
​Cuando la presión de la vida intente aplastarte, recuerda que tu está escondido en Dios. Su amor ya ha sido derramado en tu corazón como un bálsamo inagotable a través del Espíritu Santo. No te rinda, no desmaye. Mantén te firme (hupomone), sabiendo que el fuego de hoy es solo la preparación para el brillo de mañana. Tu Salvador camina a tu lado en medio de la hornalla, y de allí saldrá tu transformado, con una fe inquebrantable y un testimonio que inspirará a muchos a seguir adelante. La meta está cerca, y el Dios de toda gracia perfeccionará la obra que comenzó en tu vida. Amén.

Que tengan un bendecido y lindo día.

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