06/18/2026
Hay personas que conocen muchos versículos, pero ya no confían en Dios. Saben predicar, saben cantar, saben hablar de fe, pero dejaron de depender de Él. Jesús no dijo que había que hacerse como sabios, fuertes o importantes. Dijo que había que hacerse como niños.
Un niño cree. Un niño depende. Un niño perdona rápido. Un niño corre hacia los brazos de su padre cuando tiene miedo.
Un niño tiene muchas cosas que los adultos pierden con el tiempo.
Si corriges a un niño, llora unos minutos y luego vuelve a abrazarte. No guarda una lista de ofensas para recordártelas dentro de diez años.
Si un niño necesita ayuda, la pide sin sentir vergüenza. No le preocupa parecer débil.
Si un niño confía en su padre, salta aunque no vea dónde va a caer, porque sabe quién lo está sosteniendo.
Muchos adultos hacen lo contrario.
Guardan resentimientos durante años. Construyen muros. Se vuelven desconfiados. Se ofenden con facilidad. Les cuesta perdonar. Les cuesta pedir ayuda. Les cuesta reconocer que necesitan a Dios.
Jesús no dijo que fuéramos ignorantes como niños. Dijo que tuviéramos un corazón como el de ellos.
Un niño no vive calculando venganza.
Un niño no pasa la vida demostrando que tiene razón.
Un niño no se preocupa por aparentar grandeza.
Un niño cae, llora, se levanta y sigue adelante.
Hay personas que todavía recuerdan palabras que les dijeron hace veinte años.
Todavía están heridas. Todavía están peleando batallas que ocurrieron hace mucho tiempo.
Un niño no vive así.
Por eso Jesús tomó a un niño y lo puso como ejemplo. Porque el orgullo complica lo que la humildad resuelve.
Muchos adultos se han llenado de orgullo, de heridas, de desconfianza y de autosuficiencia. Ya no oran con sinceridad. Ya no lloran delante de Dios. Ya no le creen como antes. Quieren entenderlo todo antes de obedecer.
Pero el Reino de Dios no se recibe con arrogancia. Se recibe con humildad.
Hay personas que perdieron la fe porque alguien las decepcionó.
Hay personas que dejaron de orar porque no recibieron la respuesta que esperaban.
Hay personas que siguen asistiendo a la iglesia, pero hace años dejaron de tener corazón de niño.
Cuando Jesús habló de ser como niños, no estaba hablando de inmadurez. Estaba hablando de una confianza total en el Padre.
El orgullo dice: "Yo puedo solo."
El niño dice: "Papá, ayúdame."
El orgullo exige explicaciones.
El niño simplemente toma la mano de su Padre.
Muchos quieren llegar al cielo llevando títulos, reconocimiento, conocimiento y logros. Pero delante de Dios nadie entra por lo que sabe. Entramos por la gracia, con un corazón humilde y rendido.
Quizás el problema de muchos no es que se alejaron de Dios. El problema es que crecieron demasiado para depender de Él.
Cuando pierdes el corazón de niño, comienzas a confiar más en tus fuerzas que en las de Dios.
Cuando recuperas el corazón de niño, vuelves a creer que para Dios nada es imposible.
Hoy Dios no está buscando personas impresionantes. Está buscando corazones sencillos que todavía crean, que todavía confíen y que todavía puedan decir:
"Padre, no lo entiendo todo, pero sigo confiando en Ti."
“De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”
Mateo 18:3