06/21/2026
Nuestro Padre Celestial
Juan 1:12-13 (RVR1960)
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”
La idea de un padre no nació en el corazón del hombre, sino en el corazón de Dios. A lo largo de las Escrituras podemos ver que Dios siempre ha deseado tener hijos y formar una familia.
Antes de crear al hombre, ya existían seres celestiales a quienes Dios llamaba hijos. Esto lo podemos observar en varios pasajes de la Biblia.
Salmos 82:6 (RVR1960)
“Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo.”
Job 1:6 (RVR1960)
“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.”
Génesis 6:2 (RVR1960)
“Que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.”
Tan solo en estos pasajes vemos a Dios refiriéndose a seres celestiales como hijos, mostrando que ya existía una relación familiar en Su Reino.
Cuando Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza, también lo llamó hijo. Adán fue el primer ser humano que recibió esta posición delante de Dios.
Lucas 3:38 (RVR1960)
“Hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.”
Sin embargo, después de la caída, el pecado produjo separación entre Dios y la humanidad. El hombre perdió la comunión perfecta con su Creador y necesitó redención para volver a ocupar su lugar como hijo.
A través de Jesucristo, Dios cumplió Su propósito eterno. Por medio de la obra de Cristo en la cruz, todos aquellos que creen en Él reciben el derecho y la autoridad de ser llamados hijos de Dios.
Cada persona que ha entregado su vida a Jesucristo ha sido adoptada por el Padre Celestial y forma parte de Su familia.
El concepto de la paternidad proviene de Dios. No es simplemente una idea humana; es la voluntad divina revelada desde el principio. Por esta razón el enemigo ha luchado constantemente contra la imagen del padre.
A causa del pecado, la figura paterna ha sido distorsionada en muchas familias. Los padres terrenales, aunque importantes, son imperfectos y muchas veces fallan. Esto provoca que a algunas personas les resulte difícil comprender y recibir el amor del Padre Celestial.
Muchos ven a Dios a través de las experiencias que tuvieron con sus padres terrenales. Si fueron rechazados, abandonados o heridos, inconscientemente pueden pensar que Dios es igual. Sin embargo, Dios no es un padre caído; Él es el Padre perfecto.
Efesios 6:2-3 (RVR1960)
“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.”
Dios estableció la honra hacia los padres porque Él mismo es Padre. La honra comienza con Él.
Nuestro Padre Celestial es perfecto. En Él no hay engaño, injusticia ni pecado. No debemos compararlo con nuestros padres terrenales, porque mientras los hombres tienen defectos y limitaciones, Dios es santo, justo y fiel en todo.
Por esta razón, Dios merece nuestra honra.
Malaquías 1:6 (RVR1960)
“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra?”
Dios mismo pregunta: “Si soy Padre, ¿dónde está mi honra?”
Esta pregunta sigue vigente hoy. Muchos desean las bendiciones de Dios, pero pocos le honran como Padre. La honra no consiste solamente en palabras; se demuestra con obediencia, respeto, amor, fidelidad y gratitud.
Es cierto que algunos tuvieron padres ausentes o irresponsables. El dolor que eso produce es real. Sin embargo, ninguna experiencia humana debe convertirse en una excusa para rechazar o deshonrar al Padre Celestial.
También debemos reconocer a aquellos padres que permanecieron presentes, trabajando, sacrificándose y esforzándose por sus familias. Ellos merecen honra y agradecimiento por su labor.
El enemigo sabe que cuando una persona pierde el respeto por la figura paterna, también le resulta más difícil honrar a Dios. Por eso busca destruir la imagen del padre en la sociedad, en los hogares y en las nuevas generaciones.
Pero Dios ha demostrado ser un Padre incomparable.
Su amor fue tan grande que entregó a Su único Hijo para salvarnos.
Juan 3:16 (RVR1960)
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
El precio fue inmenso. Jesucristo fue rechazado, humillado, golpeado, escupido, herido y crucificado por amor a nosotros. Todo esto ocurrió para que pudiéramos ser reconciliados con Dios y recibir la adopción de hijos legítimos.
Hoy podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia y llamar a Dios: Padre.
Ese fue Su deseo desde el principio: tener una familia de hijos que le amen, le honren y vivan para Su gloria.
Romanos 8:15 (RVR1960)
“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”
Pastor: Samuel A Lainez