06/01/2026
“¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.”(Salmo 42:11 RVR 1960)
Amados, Hay momentos en los que la batalla más difícil no ocurre alrededor de nosotros, sino dentro de nosotros. El salmista no esconde su tristeza ni disfraza su dolor; habla con honestidad a su propia alma. Pero también se niega a dejar que la desesperanza tenga la última palabra.
En lugar de escuchar únicamente sus emociones, decide recordarle a su corazón quién es Dios. Esa es la esencia de la fe: no negar la tormenta, sino mirar más allá de ella.
Cristo es la respuesta definitiva a este salmo. Cuando el alma se siente abatida, Él sigue siendo nuestra salvación. Cuando las lágrimas nublan el horizonte, Él sigue siendo nuestra esperanza. Cuando no encontramos fuerzas para sostenernos, Él permanece sosteniéndonos con su gracia.
La tristeza puede visitar el corazón, pero no tiene derecho a establecerse como dueña de la casa donde habita Cristo.
No le permitas a tu dolor que te diga quién es Dios; permite que Dios te recuerde quién eres aun en medio del dolor.
¡Dios te bendiga y te guarde ricamente!
¡Donde la gracia de Dios te espera!