05/18/2025
En el caminar ministerial, es evidente que muchos expresan el deseo de ver la gloria de Dios, pero pocos permanecen firmes cuando llega el momento de actuar o cuando enfrentan la aflicción. Ver la gloria de Dios no es solo cuestión de anhelo o emoción, sino de compromiso profundo y obediencia genuina.
Es común escuchar expresiones como: “Yo te apoyo”, “Estoy contigo”, “Envíame a mí”, pero lamentablemente, en muchos casos, los hechos no respaldan esas palabras. El llamado de Dios no es solo una confesión verbal, sino una rendición total que implica entrega, obediencia y sacrificio. Dios no busca entusiasmo momentáneo ni promesas pasajeras, sino corazones dispuestos a permanecer fieles en todo tiempo.
La mies ciertamente es mucha y los obreros son pocos —no por falta de personas ni de llamados— sino porque aún hay muchos corazones que no han decidido rendirse completamente a la voluntad de Dios.
Hoy es un buen día para volver al altar y decirle al Señor con sinceridad:
“¡Heme aquí! ¡Empiezo de nuevo! Envíame a mí, con mis virtudes y defectos, porque yo sé que Tú, Señor, eres poderoso para hacer en mí lo que yo no puedo hacer por mí mismo.”
Que esta sea nuestra oración y nuestra acción. No solo palabras, sino una vida rendida y disponible para Su gloria. 👇 abajo te dejo la imagen de un hombre que no creía en el mismo , ni aún cuando Dios mismo le hablo , lo conoces? y te pregunto confío y cómo terminó? …. Alaba y camina ! Suelta eso!