06/14/2026
Reflexiones desde la Oficina Pastoral✝️🙏
Tú, Señor, eres bueno y perdonador…
Salmos 86:5
“Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.”
Este versículo presenta una de las declaraciones más claras del carácter de Dios dentro de la literatura sapiencial y devocional de los Salmos. No describe únicamente lo que Dios hace, sino lo que Dios es en su esencia: bueno, perdonador y abundantemente misericordioso. Estas no son cualidades ocasionales, sino atributos permanentes de su naturaleza.
La afirmación “tú, Señor, eres bueno” establece el fundamento de toda relación entre Dios y el ser humano. La bondad divina no es reactiva ni dependiente del mérito humano; es inherente a su ser. Esto significa que la forma en que Dios se relaciona con la humanidad no nace de la conveniencia, sino de su carácter inmutablemente bueno.
La expresión “perdonador” introduce una dimensión profundamente restauradora. El texto no presenta el perdón como una respuesta limitada o excepcional, sino como una disposición constante. Dios no es retratado como distante o inaccesible, sino como un Dios que abre continuamente la puerta a la restauración. Esto redefine la experiencia del arrepentimiento: no como un acto que enfrenta rechazo, sino como un camino hacia la reconciliación.
Cuando el salmista afirma que Dios es “grande en misericordia para con todos los que te invocan”, amplía el alcance de esta gracia. La misericordia no es escasa ni restringida, sino abundante y disponible para todo aquel que se acerca. El énfasis no está en la limitación del acceso, sino en la amplitud de la gracia divina.
Teológicamente, este versículo confronta la imagen distorsionada de un Dios distante, severo o inaccesible. En su lugar, presenta una de las verdades centrales de la revelación bíblica: Dios es accesible. El acercamiento a Él no está mediado por el temor paralizante, sino por la confianza en su bondad y en su disposición al perdón.
En el ámbito emocional y espiritual, este texto tiene un impacto restaurador significativo. Muchas personas viven bajo la carga de la culpa, la autoacusación o la percepción de rechazo espiritual. Este versículo redefine ese marco interno, mostrando que el punto de partida para acercarse a Dios no es la perfección humana, sino la misericordia divina.
Pastoralmente, Salmos 86:5 establece un espacio continuo de restauración. El creyente no solo es perdonado una vez, sino invitado a vivir dentro de una dinámica constante de gracia. Esto no promueve la indiferencia al pecado, sino una relación saludable donde la corrección y el perdón coexisten bajo el carácter bueno de Dios.
En síntesis, este pasaje presenta a Dios como bueno en esencia, perdonador en acción y abundante en misericordia en alcance. Es una invitación a acercarse con confianza, sabiendo que en Él no solo hay justicia, sino también restauración continua y gracia suficiente para cada etapa del camino espiritual.
Hay esperanza en medio del proceso,
Pastor Enrique A. Rivera
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