05/14/2026
Pastor Moya hoy compartió lo siguiente:
¿Has escuchado estas expresiones antes? 👇
“Desatar”, “activar”, “impartir ADN”, “transferir unción”, “llevarte a otra dimensión”.
Son expresiones comunes dentro de muchos ambientes apostólicos, pentecostales y carismáticos. La idea detrás de gran parte de este lenguaje es que otro hombre posee algo que tú todavía no tienes, y que necesitas que alguien lo “active”, lo “desate” o lo “imparta” sobre tu vida para entonces caminar plenamente en tu propósito, llamado o bendición.
Lamentablemente hay creyentes que viven con la sensación de que su bendición está en "PAUSA", esperando que alguien la libere sobre ellos. Piensan que si el pastor no les impone manos, la unción no llega. Que si el apóstol no los activa, el llamado no despierta. Que si un líder no los cubre, quedan desprotegidos espiritualmente.
Entiendo de dónde viene esa mentalidad. Muchas veces se enseña desde el Salmo 133, el aceite que fluye sobre la cabeza de Aarón y desciende por su barba. Una imagen poderosa de unidad. Pero ese texto describe al sumo sacerdote dentro del sistema del Viejo Pacto, no una estructura donde la bendición de Dios llega filtrada a través de ciertos hombres.
El Nuevo Testamento presenta algo distinto. “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5).
Uno solo. Repita conmigo UNO SOLO.
Cristo no comparte ese lugar con ninguna estructura humana. No existe una cadena espiritual donde primero debes pasar por un hombre para entonces recibir acceso a Dios o caminar en tu identidad.
Esto libera al creyente de depender de una persona para recibir lo que Dios ya le dio en Cristo.
Y aquí vemos uno de los fenómenos más comunes de nuestro tiempo. Muchos creyentes viven corriendo detrás de “ungidos”, “profetas” o figuras espirituales esperando que alguien les dé la palabra que los destrabe, la impartición que los eleve o la bendición que los dimensione.
El problema no está en valorar los dones espirituales. El problema comienza cuando la confianza del creyente deja de descansar en Cristo y comienza a depender constantemente de experiencias, palabras o activaciones externas para sentirse completo espiritualmente.
El evangelio no presenta al creyente como alguien incompleto esperando que otro hombre le entregue lo que Cristo olvidó darle. En Cristo ya fuiste aceptado, acercado y bendecido.
Y también libera al pastor de cargar un peso que Cristo nunca le pidió cargar. El llamado del liderazgo espiritual es ministrar a Cristo, no convertirse en puerta de acceso a Él.
Tienes acceso directo al Padre. El velo se rasgó de arriba abajo. Nadie lo volvió a coser.
La madurez espiritual comienza cuando dejamos de perseguir hombres para comenzar a descansar en la suficiencia de Cristo.