08/21/2026
1 Tesalonicenses 5:12-13
“Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.”
En tiempos donde se honra al influencer más que al intercesor, y se aplaude más al artista que al siervo, la Palabra de Dios sigue siendo clara: honra a tu pastor.
Pablo no escribe este verso como un consejo opcional, sino como un ruego apostólico. Nos pide tres cosas: reconocer, amar y honrar.
• Reconocer no es aplaudir lo que se ve en el púlpito, es valorar lo invisible: las lágrimas, las oraciones de madrugada, las batallas espirituales que nadie conoce.
• Amar no es simpatía humana, es agápē: un amor que decide cubrir, sostener y respetar por causa de la obra. No se ama al pastor solo por quién es, sino por lo que representa: el propósito de Dios en nuestra vida.
• Honrar es entender que cuando levantas las manos de tu pastor, Dios levanta las tuyas. Israel prosperaba cuando honraba a Moisés, Eliseo recibió doble porción por honrar a Elías, y Jesús mismo dijo: “El que recibe al que yo enviare, a mí me recibe” (Juan 13:20).
La honra trae paz. Una iglesia que honra no murmura, intercede. No divide, edifica. La deshonra apaga al Espíritu; la honra enciende el fuego del avivamiento.
Iglesia: honrar a tu pastor no es idolatría, es obediencia.
Porque el que honra al enviado, honra al que lo envió.
El fuego del avivamiento se mantiene en la leña de la honra.
-reflexiones de un joven pastor