08/30/2026
Creo que la mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo en afirmar que las imágenes de la reciente tragedia en Nepal son impactantes. No alcanzo a imaginar el terror, la angustia y la desesperación que debieron experimentar las personas que, de manera inesperada, vieron cómo la furia de la naturaleza arrasaba con todo lo que encontraba a su paso. No sé usted, pero honestamente, el número de tragedias que han ocurrido durante los últimos tres meses, además de provocarme cierto grado de temor e incertidumbre, también me ha hecho más consciente de lo afortunado que soy. Hasta este momento, sin merecerlo, Dios, en su gracia y misericordia, ha extendido su protección y cuidado sobre mí y sobre mi familia. Mientras en diferentes lugares del mundo hay dolor, tragedia, necesidad, angustia y sufrimiento, mi familia y yo hemos sido preservados. Dios, de manera providencial, ha cuidado de nosotros. Y creo que momentos como estos deberían llevarnos no solamente a sentirnos agradecidos, sino también a detenernos y reconocer que cada día que tenemos, cada momento de tranquilidad y cada día que podemos abrazar a nuestra familia es un regalo de la gracia de Dios. Quiero enfatizar algo que dije anteriormente: sin merecerlo. Ni yo ni mi familia somos mejores que ninguna de las personas que en este momento están sufriendo los estragos de las tragedias que han ocurrido en diferentes lugares de nuestro planeta. El hecho de que nosotros hayamos sido preservados mientras otros han sufrido no significa que seamos más dignos, más buenos o merecedores del cuidado de Dios. La realidad es que todos dependemos de la gracia de Dios. La vida que disfrutamos no es un derecho que podamos exigir, sino un regalo que debemos recibir con humildad y gratitud. Ahora bien, no sé a cuántos de ustedes se les ha cruzado por la mente relacionar los últimos acontecimientos con el fin del mundo. El otro día me enviaron un video en el que una persona relacionaba los últimos eventos con las palabras de Jesús en Mateo 24:7-8. El viernes, mientras esperaba mi vuelo, que se había retrasado por alguna razón, mi mente automáticamente se dirigió al capítulo 24 de Mateo y simplemente me puse a meditar en el significado de las palabras de Jesús. Con esta reflexión no pretendo descifrar los enigmas escatológicos acerca del fin del mundo, y mucho menos sembrar temor en quienes tengan el interés de leerla. Más bien, considero que las palabras de Jesús nos ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre cómo debemos vivir y responder como creyentes en medio de tiempos difíciles e inciertos. Lo que quiero compartir es, sobre todo, una lectura y un análisis de algunos consejos prácticos y bíblicos que pueden ayudarnos a navegar estos tiempos con fe, sobriedad y esperanza. Algunas observaciones pertinentes, no podemos leer el capítulo 24 de Mateo aisladamente de lo que sucedió en el capítulo 23 donde además de pronunciar una serie de denuncias en contra de los religiosos, también predijo la destrucción y el Juicio sobre la ciudad de Jerusalén. Mateo 23:37-39. El capítulo 24 inicia diciéndonos que Jesús está abandonando el templo, esto tiene un significado teológico. Si seguimos la lectura el pasaje toma un tono irónico, por un lado, Jesús se está alejando del templo, mientras los discípulos se acercan para observar y llamar la atención a la grandeza visible de la construcción para que Jesús simplemente les respondiera que eventualmente todo lo que ellos estaban admirando seria destruido. Mateo 24:2. El texto nos dice que eventualmente los discípulos se acercaron a Jesús con la intención de que Él respondiera a las preguntas que sus palabras habían dejado en sus mentes (Mateo 24:3). Básicamente, los discípulos le formularon a Jesús tres preguntas de naturaleza escatológica:
1. ¿Cuándo sucedería la destrucción del templo?
2. ¿Cuál sería la señal de su venida? Este era un tema que Jesús ya había abordado con sus discípulos anteriormente en Mateo 10:23; 16:27 y 19:28.
3. ¿Cuáles serían los acontecimientos relacionados con el fin del mundo?
Aunque no pretendo realizar una exégesis exhaustiva del pasaje para responder a las tres preguntas de los discípulos, sí quiero recalcar que Mateo 24:6-8 contiene versículos que frecuentemente se relacionan con los acontecimientos que precederán al fin del mundo. Sin embargo, observe que Jesús dice dos cosas importantes: no debemos alarmarnos, y estos acontecimientos todavía no son el fin; son apenas el principio de dolores. De manera que, al considerar los acontecimientos descritos en estos versículos, debemos hacerlo sobre todo a la luz de algunos datos que han llamado mi atención. Observe: hasta ahora se han concentrado varios fenómenos graves en distintas regiones del mundo: terremotos destructivos, especialmente en Asia y otras regiones sísmicamente activas; inundaciones y deslizamientos durante las temporadas monzónicas, particularmente en el Himalaya y el sur de Asia; el reciente desastre natural en la frontera entre Nepal y el Tíbet; una temporada de incendios forestales muy severa en Europa, descrita como una de las peores de la historia reciente; y olas de calor y sequías en diferentes regiones, que han incrementado los riesgos para la salud, la agricultura y los incendios. A esto se suman las grandes pérdidas económicas relacionadas con el clima, especialmente en Europa, donde los daños acumulados por eventos meteorológicos y climáticos se han convertido en una presión creciente. Así que no podemos ignorar por completo lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Como creyentes, debemos observar los acontecimientos con sobriedad y a la luz de la Palabra de Dios. Pero, por otro lado, tampoco podemos ni debemos especular con fechas, porque Jesús mismo dejó algo muy claro en su discurso: nadie sabe el día ni la hora (Mateo 24:36). Sin embargo, los acontecimientos que hemos mencionado anteriormente si deberían guardarnos de lo siguiente:
Ingenuidad espiritual — «Mirad que nadie os engañe». Mateo 24:4. Aceptar sin discernimiento lo que otros afirman.
Fascinación espiritual — «Vendrán muchos en mi nombre...». Mateo 24:5. Quedar impresionados por la personalidad, autoridad, carisma o aparente espiritualidad de una persona y seguirla sin examinar lo que enseña.
Alarmismo — «Miraréis guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis». Mateo 24:6.
Vivir dominados por el miedo ante las noticias y los acontecimientos mundiales.
Apatía espiritual — «Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará». Mateo 24:12. Permitir que la maldad del mundo produzca un deterioro progresivo de nuestra devoción, pasión por Dios y amor cristiano.
Inconstancia espiritual — «Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo». Mateo 24:13.
Comenzar bien, pero abandonar la fidelidad cuando seguir a Cristo se vuelve difícil.
Indiferencia espiritual — «Comían y bebían, se casaban... y no entendieron hasta que vino el diluvio». Mateo 24:37–39. Estar tan absorbidos por la vida cotidiana que perdemos conciencia de la realidad eterna.
Negligencia espiritual — «Estad preparados». Mateo 24:44. No tomar en serio lo que está aconteciendo, y vivir nuestra vida sin sentido de urgencia.
Complacencia espiritual — «Mi señor tarda en venir». Mateo 24:48–49. Relajarnos moral y espiritualmente.
Falsa seguridad espiritual — «Vendrá el señor... en el día que este no espera». Mateo 24:50.
Vivir suponiendo que tenemos suficiente tiempo para corregir nuestra vida después.
Aunque no estamos llamados a descifrar el fin de los tiempos, sí estamos llamados a discernir, permanecer vigilantes y no dejarnos engañar.