06/09/2026
Mes de la Familia:
La intimidad en el matrimonio es un regalo de Dios y va mucho más allá de lo físico. Se trata de una conexión profunda del corazón, de compartir la vida, los sueños, las alegrías y las cargas. La Palabra de Dios nos enseña que el esposo y la esposa llegan a ser “una sola carne” (Génesis 2:24), unidos no solo en cuerpo, sino también en propósito y amor.
En medio de las responsabilidades diarias, el trabajo, los hijos, el ministerio y las múltiples ocupaciones de la vida, es fácil descuidar las necesidades emocionales y espirituales de nuestro cónyuge. Sin embargo, un hogar saludable comienza con un matrimonio saludable, donde Cristo ocupa el centro y donde cada miembro honra el orden establecido por Dios.
¿Cuándo fue la última vez que te sentaste con tu esposo o esposa simplemente para hablar? No sobre las cuentas, las tareas del hogar o las responsabilidades del ministerio, sino sobre la vida, los sueños que Dios ha puesto en sus corazones, las metas que desean alcanzar y los anhelos que aún guardan.
Tu cónyuge es tu compañero(a) de vida, tu mejor amigo(a), la persona que Dios escogió para caminar contigo en cada temporada. Por eso, te animamos esta semana a apartar un tiempo especial para estar juntos. Oren, rían, compartan su corazón, lloren si es necesario y fortalezcan nuevamente su conexión.
El matrimonio fue diseñado por Dios, y cuando Él es el centro, puede disfrutarse plenamente conforme a Su propósito y bendición.