08/19/2017
LA PERLA DE GRAN PRECIO”
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Sábado, 19 de Agosto de 2017
Salmos 103-104 | 1 Corintios 2
“También se parece el reino de los cielos a un comerciante que andaba buscando perlas finas. Cuando encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró”. — Mateo 13:45-46
Esta parábola es muy similar a la parábola anterior del tesoro escondido. La diferencia principal radica en el tesoro, ya que aquí se especifica que el tesoro es una perla. Jesús no dio una explicación acerca de esta parábola, y es por esto que debemos ser muy cuidadosos en su interpretación. La perla es la característica distintiva de la parábola y se constituye en la clave para su correcta comprensión.
La perla es la única piedra preciosa que es producida por un organismo vivo. Un grano de arena u otros irritantes se depositan bajo la piel de la ostra, dañándola e hiriéndola. La ostra responde cubriendo la lesión con una sustancia llamada "nácar", también conocida como “madreperla”. La ostra vierte capa tras capa de nácar sobre la lesión hasta que la perla se forma como una hermosa joya.
La interpretación común ve a Jesucristo como la perla de gran precio, pero una vez más, esta es una interpretación errónea, ya que no podemos ponerle precio a Jesús, ¡ni tenemos que pagar por Él! Es cierto que para convertirnos en discípulos de Cristo, debemos rendir todo a Él, pero no es una compra. Debemos renunciar a todo porque ahora Cristo es todo para nosotros, y no debe haber competencia por Su lugar en nuestra vida. No tenemos que comprar a Cristo, ni tampoco tenemos que comprar nuestra salvación. Al igual que en la parábola anterior, nosotros somos el tesoro y es Cristo quien nos compra a gran precio.
La imagen de la perla presenta un hermoso aspecto del Evangelio. Aunque hemos ofendido a Dios por nuestro pecado, todavía continuamos siendo transformados en algo hermoso por Aquel a quien hemos ofendido. Pablo escribe: “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2 Corintios 3:18). Lo anterior es similar a la formación de una perla. El daño que hemos causado a Dios es el medio por el cual Él nos convierte en algo hermoso. La perla es la respuesta del que ha sido herido a la lesión causada.
Otra diferencia importante de esta parábola en relación con la primera, como mencionamos inicialmente, es que en la primera parábola el tesoro es descrito en general como un tesoro escondido, mientras que en esta segunda parábola, el tesoro es descrito específicamente como una perla. Si el campo es el mundo, es cierto que Cristo murió por el mundo entero, y su obra tiene aplicación general a toda la raza humana. En esta parábola, sin embargo, el comerciante sólo encuentra una perla de gran valor, y vende todo lo que tiene para comprarla. Es maravillosamente cierto que Cristo murió por el mundo entero, pero también es cierto que Él murió individualmente por cada uno de nosotros. Por consiguiente, Dios nos busca específica e individualmente a cada uno de nosotros y nos atrae hacia Él. Cada uno de nosotros somos la perla de gran precio para Dios.
ORACIÓN: Amado Señor Jesús, oro para que muchas nuevas perlas sean añadidas a tu Reino. Te pido que tu Espíritu Santo las traiga hacia Ti, y sus vidas se conviertan en una joya preciosa delante de Tus ojos. Amén.
PARA REFLEXIONAR: ¿Quién es la perla de gran precio? ¿Cuál es el significado de que el tesoro en esta parábola sea descrito específicamente como una perla?