10/24/2025
Tengo que hacer una CONFESIÓN. Normalmente cuando me toca predicar o reflexionar con mi equipo de trabajo, me gusta utilizar historias para, de alguna manera, reforzar el mensaje con una situación particular, con la que tal vez podamos identificarnos.
Bueno; hace ya algunos años, escuché una historia, contada de boca de mi buen amigo: el Padre Antonio Trujillo, “que por cierto, los que tenemos la dicha de conocerlo y convivir con Él, sabemos que tiene un montón de historias que contar, y lo que es mejor, sabe cómo contar las historias que ha podido coleccionar con el pasar de los años.
La historia que les comparto trata sobre un conocido de Toño, cuyo nombre no recuerdo. Se decía que este muchacho tenía "una mamá de armas tomar", famosa en el barrio por su estricta disciplina. Los regaños y nalgadas que propinaba a sus hijos se escuchaban a varias cuadras a la redonda, infundiéndoles un "gran respeto, acompañado de miedo".
Un día, el hijo en cuestión cometió una travesura que sabía le acarrearía un castigo ejemplar. Apenas su madre lo vio, intentó atraparlo para darle "las nalgadas de su vida" y que jamás olvidara la lección. Pero el muchacho, veloz como un rayo, escapó corriendo, evadiendo así el castigo. Su madre solo alcanzó a gritarle: "¡Pero tienes que volver... ya verás!".
El joven pasó el resto del día fuera de casa, hasta que la noche cayó. Al darse cuenta de que no tenía otro lugar a donde ir, decidió regresar para enfrentar el enojo de su madre y las merecidas nalgadas. Armándose de valor, se dirigió a casa, esperando la furia materna en cualquier momento.
Para su sorpresa, al llegar, su madre lo recibió de una manera muy diferente a la esperada. Lo acogió amorosamente y le ofreció cena, aliviando el hambre de haber vagado todo el día sin comer. Se fue a dormir, confundido y lleno de dudas sobre el trato que recibía, pues no estaba acostumbrado a tal benevolencia. A pesar de la incertidumbre, deseaba que su madre hubiera olvidado lo sucedido.
Mientras dormía, escuchó la voz de su madre llamándolo: "Despiértate mijito... tenemos que hablar de lo que pasó". No era un sueño; era la realidad. Con los ojos aún cerrados, fingiendo dormir, se dio cuenta de que su madre había cambiado de táctica y estaba a su lado, lista para castigarlo. Él, por su parte, también planeaba su estrategia. Pensaba que, a la cuenta de tres, calculando la distancia a la puerta y la posición de su madre, saldría corriendo a toda velocidad para deambular todo el día y pensar en un nuevo plan.
La cuenta comenzó: "¡Uno..., dos..., tres!". Fue entonces cuando se dio cuenta de que su madre iba un paso adelante en tácticas. Mientras él dormía, ella había aprovechado para atarlo de pies y manos a la cama, previendo su intento de fuga.
Imaginen el castigo ejemplar y las soberanas nalgadas que este joven recibió. Seguramente, nunca las ha olvidado.
LA CONFESIÓN: En la reflexión de hoy en mi trabajo, volví a utilizar esta historia, solo que como no me acuerdo del nombre del personaje principal. Ahora todos aquí, en el hospital, creen, porque yo se los dije, que el personaje principal es el Padre Antonio Trujillo… y creen que ese adolescente amarrado a la cama es el mismísimo Padre Toño Trujillo. Toño ya eres famoso por acá!!!
El mensaje que quise transmitir: La "táctica" de Dios y nuestra impotencia: La astucia de la madre al atar al hijo mientras duerme, anticipándose a su plan de escape, podría verse como una metáfora de la sabiduría Divina que es superior a la humana. A veces, creemos que podemos engañar o evadir las consecuencias de nuestras acciones, pero la voluntad Divina (o el orden moral) tiene sus propios caminos y es ineludible.