05/28/2026
Luego me dieron una regla de madera para medir, y Dios me dijo: «Ve y mide mi templo y mi altar, y mira cuántos me están adorando allí. Apocalipsis 11:1 TLA
Mis hermanos, debemos volver a mirar el altar con temor, reverencia y hambre de Dios.
Para algunos, pasar al altar en el templo se ha vuelto algo superficial; una costumbre, una rutina, un momento más del servicio. Pero no, mis hermanos, pasar al altar es más que algo simbólico. El altar no es una escena religiosa; es un lugar de rendición. No es solo donde caminamos hacia el frente, es donde el corazón se postra delante de Dios.
El altar es el lugar donde dejamos de justificarnos, donde dejamos de pelear con Dios, donde dejamos de resistir su voz. Es el lugar donde el orgullo baja la cabeza y el alma reconoce: “Señor, sin ti no puedo.”
La Palabra dice:
“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.” — Santiago 4:10
Antes de la exaltación tiene que haber humillación. Antes de la manifestación tiene que haber rendición. Antes de ver la gloria de Dios levantando una vida, tiene que haber un corazón quebrantado delante de Su presencia.
Muchos quieren la manifestación, pero pocos quieren la rendición. Muchos quieren que Dios los levante, pero no quieren humillarse. Muchos quieren fuego, pero no quieren altar.
Pero el altar no es para aparentar espiritualidad; es para morir al yo. El altar no es para impresionar a los hermanos; es para encontrarnos con Dios. El altar no es un lugar de vergüenza, es un lugar de transformación. Allí Dios rompe cadenas, sana heridas, confronta pecados, renueva fuerzas y enciende corazones apagados.
Por eso hoy imploro a la iglesia: VOLVAMOS AL ALTAR. Volvamos con lágrimas si es necesario. Volvamos con sinceridad. Volvamos sin máscaras. Volvamos sin prisa. Volvamos no solo a pasar al frente, sino a rendirnos completamente delante del Señor.
Porque cuando el pueblo vuelve al altar, Dios vuelve a manifestar Su gloria. Cuando el corazón se humilla, el cielo responde. Cuando la iglesia se rinde, el fuego desciende.
No dejemos que el altar se convierta en una tradición vacía. Que vuelva a ser el lugar donde Dios trata con nosotros, donde Cristo es exaltado, y donde nuestra vida queda completamente entregada a Él.
Con amor pastoral,
Pastor Isaias Felix
Puerta Al Cielo Church Houston