05/29/2026
Este mayo, en nuestra reunión de mujeres Adórnate, no vivimos un encuentro casual; vivimos un encuentro con JESÚS, Aquel que transforma, restaura y cambia toda historia.
Gracias, Dios, por recordarnos que la purificación no es la ausencia de dolor, sino permitir que Tú uses cada proceso para moldearnos y transformarnos.
Aprendimos de la mujer del flujo de sangre que, después de 12 años de sufrimiento, un solo encuentro con Jesús fue suficiente para cambiar su historia para siempre. Ella no contaminó a Jesús; Jesús la purificó a ella.
También entendimos que muchas veces Dios nos purifica a través de la obediencia. Hay decisiones que no siempre deseamos tomar, pero las damos porque Él las pide. Y es precisamente en ese proceso donde sana heridas, restaura el corazón y nos prepara para un nuevo nivel.
José de Arimatea preparó una tumba sin saber que sería el escenario de la resurrección. A veces debemos pagar el precio del lienzo, de la entrega y de la obediencia, para que Dios pueda traer nuevos comienzos a nuestra vida.
Hoy la pregunta sigue siendo la misma:
¿Qué está usando Dios para purificarte y prepararte para lo que viene?