Dejando Que La Biblia Hable

Dejando Que La Biblia Hable Somos miembros de la iglesia de Cristo como se encuentra en el Nuevo Testamento.
“Os saludan todas las iglesias de Cristo.”
- Romanos 16:16

DÍA 4CUANDO EL CORAZÓN DEJA DE AGRADECERRomanos 1:18-23“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impie...
09/11/2026

DÍA 4
CUANDO EL CORAZÓN DEJA DE AGRADECER
Romanos 1:18-23

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

Romanos 1 nos muestra que uno de los problemas fundamentales del pecado no es solamente que el hombre desconozca a Dios, sino que, teniendo evidencia suficiente de Su existencia, poder y divinidad, se niega a darle el lugar que le corresponde. La creación misma da testimonio de un Creador. El orden, la grandeza y el poder que observamos en lo creado señalan hacia Aquel que existe por encima de todo. Por esta razón, Pablo afirma que el ser humano queda “sin excusa”. Dios no se ha dejado sin testimonio.

Sin embargo, el problema descrito en este pasaje es aún más profundo: “no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias”. La ingratitud aparece aquí como una manifestación de rebelión espiritual. Cuando el hombre deja de reconocer que Dios es la fuente de la vida, de la creación y de toda bendición, comienza a colocar en el lugar de Dios aquello que ha sido creado. ��El texto presenta una triste progresión: primero se rechaza la verdad, después se deja de glorificar a Dios, luego desaparece la gratitud, los razonamientos se vuelven vanos, el corazón se entenebrece y finalmente el hombre termina adorando a la criatura en lugar del Creador. Por eso, la idolatría no comienza únicamente cuando alguien se inclina delante de una imagen. Comienza cuando el corazón concede a cualquier persona, posesión, deseo o filosofía el lugar que solamente pertenece a Dios.

La verdadera sabiduría no consiste en independizarnos de Dios, sino en reconocerle como Dios y someternos humildemente a Su voluntad. La creación nos muestra que Dios existe y posee eterno poder; pero es por medio de Su Palabra que conocemos Su voluntad y el camino de salvación que ha revelado por medio de Jesucristo.

La gratitud, entonces, es mucho más que decir “gracias”. Es una disposición del corazón que reconoce: todo lo que soy, todo lo que tengo y toda esperanza que poseo dependen de Dios. Un corazón agradecido glorifica a Dios, escucha Su verdad y procura vivir en obediencia a ella.

Para meditar:
¿Estoy reconociendo verdaderamente a Dios como la fuente de mi vida y de todas mis bendiciones, o estoy permitiendo que otras cosas ocupen el lugar que solamente le pertenece a Él?

Aplicación para hoy:
Haz una lista de algunas bendiciones que Dios te ha concedido. Después, conviértela en una oración, no solamente agradeciéndole por lo recibido, sino también reconociendo Su grandeza y renovando tu decisión de vivir conforme a Su voluntad. Un corazón que agradece a Dios difícilmente olvidará quién ocupa el primer lugar.

DÍA 3NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIORomanos 1:16-17“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para s...
09/10/2026

DÍA 3
NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO
Romanos 1:16-17

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”

Pablo presenta en estos versículos el corazón de la carta a los Romanos: el evangelio de Cristo es el poder de Dios para salvación. No es una filosofía humana, una tradición religiosa ni un mensaje que deba adaptarse a las preferencias de cada generación. Es el mensaje divino por medio del cual Dios llama al pecador a reconciliarse con Él.

El evangelio anuncia lo que Dios hizo por nosotros mediante la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Sin embargo, el hombre debe responder a ese mensaje. Cuando Pablo dice que la salvación es “a todo aquel que cree”, no está describiendo una fe meramente intelectual. En la misma carta hablará de la “obediencia a la fe” (Romanos 1:5; 16:26). La fe bíblica escucha la Palabra de Dios, confía en Cristo y se somete a Su voluntad.

Por eso, el evangelio debe ser anunciado tal como Dios lo reveló. No tenemos autoridad para quitar aquello que resulte difícil, añadir doctrinas humanas ni modificar el mensaje para hacerlo más aceptable al mundo. Nuestra responsabilidad es predicar a Cristo con amor, humildad y fidelidad, confiando en que el poder para salvar está en el evangelio y no en nosotros.

La expresión “el justo por la fe vivirá” nos recuerda también que la vida del cristiano comienza y continúa dependiendo de Dios. No solamente obedecemos al evangelio al principio de nuestra vida cristiana; después debemos seguir caminando en una fe activa, obediente y perseverante.

Para meditar:
¿Confío verdaderamente en que el evangelio tiene poder para salvar, o algunas veces siento temor o vergüenza de hablar de Cristo y de Su enseñanza?

Aplicación para hoy:
Busca una oportunidad para hablar de Cristo con alguien. Hazlo con amor y humildad, pero sin esconder ni modificar la verdad. Recuerda: nuestra tarea es sembrar fielmente la Palabra; el poder pertenece a Dios.

DÍA 2UNA FE QUE SE CONOCE Y SE COMPARTERomanos 1:8-15“Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respect...
09/09/2026

DÍA 2
UNA FE QUE SE CONOCE Y SE COMPARTE
Romanos 1:8-15

“Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo. 9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, 10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros. 11 Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; 12 esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí. 13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles. 14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. 15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.”�
La fe de los cristianos en Roma no permanecía escondida entre las paredes de sus reuniones. Pablo había oído de ella, y su testimonio se había extendido ampliamente. Esto nos recuerda que una congregación puede llegar a ser conocida no por su tamaño, sus recursos o su prestigio, sino por la manera en que sus miembros viven su confianza en Dios.

Hay algo hermoso en las primeras palabras de Pablo: antes de pedir, corregir o enseñar, él da gracias. Cuando pensaba en aquellos hermanos, encontraba razones para agradecer a Dios. La madurez espiritual también se manifiesta en nuestra capacidad de reconocer la obra del Señor en la vida de otros. Es fácil notar debilidades; más difícil, y muchas veces más necesario, es detenernos para agradecer por las evidencias de crecimiento, perseverancia y fidelidad que vemos en nuestros hermanos.

Pablo también revela cuánto ocupaban aquellos cristianos un lugar en sus oraciones. Él todavía no los había visitado personalmente, pero ya los llevaba delante de Dios. Esto nos enseña que el amor cristiano no depende únicamente de la cercanía física. Podemos servir a hermanos que están lejos, sostenerlos en oración, preocuparnos por su crecimiento y pedir que Dios abra oportunidades para compartir con ellos.

Sin embargo, Pablo no veía la comunión cristiana como una relación en la que solamente él tenía algo que ofrecer. Deseaba impartirles algún beneficio espiritual para fortalecerlos, pero inmediatamente añade que esperaba ser también consolado junto con ellos “por la fe que nos es común”. El apóstol sabía que incluso quien enseña necesita ser animado. Nadie dentro del cuerpo de Cristo posee todos los dones, toda la fortaleza ni toda la experiencia. Nos necesitamos mutuamente. Esta es una de las bellezas de la iglesia que Cristo estableció: el hermano que hoy fortalece puede necesitar ser fortalecido mañana. El que enseña también aprende. El que consuela también necesita consuelo. El que ora por otros también necesita las oraciones de otros. La vida cristiana nunca fue diseñada para vivirse en aislamiento.

Pablo había deseado muchas veces visitar Roma, pero sus planes habían sido impedidos. Aun así, no reaccionó con amargura ni concluyó que Dios lo había abandonado. Él continuaba orando para que, “por la voluntad de Dios”, pudiera finalmente ir. Aquí encontramos una enseñanza profundamente necesaria: tener buenos deseos no significa que todo sucederá cuando nosotros queramos.

Podemos hacer planes para servir, viajar, enseñar, ayudar o comenzar alguna obra buena, y aun así encontrarnos con puertas cerradas. La fe madura aprende a distinguir entre nuestros planes y la providencia de Dios. No todo impedimento significa fracaso. Algunas veces Dios cambia el momento, el camino o las circunstancias mientras continúa cumpliendo Sus propósitos.

Pero quizás una de las expresiones más impactantes de este pasaje aparece cuando Pablo dice: “soy deudor”. Él había recibido gratuitamente el evangelio de Cristo, y ahora sentía una profunda responsabilidad de compartirlo con otros. No era una deuda económica ni una obligación impuesta por hombres. Era la conciencia de alguien que había recibido un tesoro demasiado grande como para guardarlo para sí mismo. Por eso menciona a “griegos y no griegos, a sabios y a no sabios”. Para Pablo, el evangelio no pertenecía a una clase social, una cultura o un nivel intelectual. Toda persona necesitaba escuchar acerca de Cristo. Donde el mundo construía distancias, el evangelio derribaba barreras.

Esta misma responsabilidad permanece para nosotros. Hemos recibido una verdad que puede transformar el destino eterno de una persona. Conocemos acerca de Cristo, Su sacrificio, Su resurrección y Su llamado a la salvación. Por ello, nuestra fe no debería quedarse únicamente en lo que recibimos durante una predicación, un estudio bíblico o una lectura devocional. Lo que hemos recibido debe impulsarnos a pensar también en aquellos que todavía necesitan escuchar.

Para meditar:�¿A quién puedo fortalecer espiritualmente con mi presencia y mis palabras?

Aplicación para hoy:�Busca hoy una oportunidad concreta para animar la fe de otra persona.

DÍA 1LLAMADOS POR EL EVANGELIORomanos 1:1-7“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangel...
09/08/2026

DÍA 1
LLAMADOS POR EL EVANGELIO
Romanos 1:1-7

“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los mu***os, 5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; 6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; 7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”

El evangelio no es una idea humana, sino la buena noticia prometida por Dios y centrada en Jesucristo. Esta verdad no aparece en Romanos como una idea aislada, sino como parte del gran anuncio de Pablo: Dios ha actuado decisivamente en Jesucristo para rescatar al ser humano del pecado y formar un pueblo que viva para Su gloria.

Nuestra identidad cristiana comienza con el llamado de Dios y debe expresarse en obediencia de fe. El evangelio, por tanto, no se limita a informarnos de lo que Cristo hizo; nos llama a responder. La fe que Romanos presenta confía en Dios, se rinde a Su voluntad y persevera en una obediencia nacida del corazón. No es una obra con la que compramos la salvación, sino la respuesta humilde de quien sabe que todo depende de la gracia de Dios.

No basta admirar a Cristo; somos llamados a pertenecerle y servirle. La carta a los Romanos derriba dos orgullos al mismo tiempo: el orgullo del pecador que cree no necesitar a Dios y el orgullo religioso del que imagina que puede presentarle sus obras como si Él le debiera algo. En ambos casos, la cruz nos devuelve a la humildad. Delante de Dios nadie puede jactarse; todos necesitamos misericordia y todos somos llamados a una vida santa.

Dios sigue llamando pecadores a la gracia y a una vida santa. Esa esperanza no descansa en emociones cambiantes, sino en el carácter de Dios, en la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo y en la Palabra inspirada que nos ha sido entregada. Por eso podemos vivir con reverencia sin vivir paralizados por el miedo, y podemos hablar de gracia sin convertirla en permiso para pecar.

En estos primeros capítulos Pablo está quitando toda falsa seguridad. Ni la cultura, ni la moral comparativa, ni el conocimiento religioso pueden resolver nuestra culpa. El propósito es llevarnos a Cristo. Solo cuando comprendemos la profundidad del pecado comenzamos a apreciar la grandeza del perdón y a dejar de mirar la obediencia como una carga para verla como respuesta agradecida al Salvador.

Por eso, la pregunta del día no es solamente “¿entiendo este texto?”, sino también “¿qué debe cambiar en mí por causa de esta verdad?”. Vive hoy recordando que tu nombre, tus planes y tu futuro están bajo el señorío de Cristo. El evangelio se vuelve visible cuando la verdad desciende de la mente al corazón y del corazón a las decisiones.

Para meditar:
¿Estoy viviendo como alguien que realmente pertenece a Jesucristo?

Aplicación para hoy:
Vive hoy recordando que tu nombre, tus planes y tu futuro están bajo el señorío de Cristo.

La Vida es un Regalo: Aprendamos a Contar Nuestros DíasHay momentos en la vida que parecen tan comunes que no alcanzamos...
08/25/2026

La Vida es un Regalo: Aprendamos a Contar Nuestros Días

Hay momentos en la vida que parecen tan comunes que no alcanzamos a comprender cuánto valen hasta que se convierten en recuerdos.

Una conversación cualquiera. Una llamada que contestamos con prisa. Un abrazo antes de despedirnos. Una comida alrededor de la misma mesa. La voz de nuestros padres. La sonrisa de nuestros hijos. La compañía de nuestros hermanos, hermanas, amigos y seres queridos.

Vivimos pensando que habrá otra oportunidad. Otro domingo. Otra visita. Otra llamada. Otro abrazo. Otro “te quiero”. Otro momento para decir: “gracias por estar en mi vida.”

Pero la vida no siempre nos avisa cuándo será la última vez.

Algún día veremos a una persona por última vez sin saber que la estamos viendo por última vez. Escucharemos una voz sin imaginar que llegará el día en que daríamos cualquier cosa por volver a escucharla. Recibiremos un abrazo que parecerá uno más, cuando en realidad será el último que guardaremos en nuestra memoria.

Y quizá esa sea una de las verdades más difíciles de aceptar: no siempre sabemos cuándo estamos viviendo un momento que después extrañaremos durante toda la vida.

Por eso, no esperemos a perder para valorar.

No esperemos a que una silla esté vacía para recordar cuánto significaba quien se sentaba allí. No esperemos a que un número de teléfono ya no tenga respuesta para lamentarnos por las llamadas que no hicimos. No esperemos a mirar fotografías para desear haber estado más presentes cuando todavía podíamos crear recuerdos.

A veces nos preocupamos demasiado por cosas que mañana tendrán muy poca importancia. Nos molestamos por pequeños errores, guardamos resentimientos, dejamos conversaciones pendientes y permitimos que el orgullo nos robe días, meses e incluso años con personas que amamos.

Mientras tanto, el tiempo continúa caminando silenciosamente.

Nuestros padres envejecen. Nuestros hijos crecen. Nuestros amigos cambian. Nosotros también envejecemos. Y las etapas que pensamos que durarían para siempre comienzan a quedar atrás.

Por eso, mientras tengamos oportunidad, amemos profundamente.

Digamos “te quiero” mientras puedan escucharnos. Digamos “gracias” mientras podamos mirar a esa persona a los ojos. Perdonemos mientras todavía exista la oportunidad de abrazarnos. Hagamos esa llamada. Realicemos esa visita. Sentémonos un poco más alrededor de la mesa. Escuchemos con atención las historias que quizás ya hemos oído muchas veces.

Porque llegará un día cuando desearíamos escuchar una vez más aquella historia que antes nos parecía repetitiva.

Seamos agradecidos también con Dios por las personas que ha permitido caminar a nuestro lado. Ninguna relación terrenal es permanente. Somos compañeros de camino durante un tiempo que solamente Dios conoce.

La Escritura dice: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.” (Salmo 90:12)

Contar nuestros días no significa vivir con miedo de perder a quienes amamos. Significa aprender a vivir conscientes del valor del presente.

Significa comprender que cada mañana es una oportunidad; cada conversación puede ser un regalo; cada abrazo merece sentirse; cada comida juntos merece disfrutarse; cada persona que amamos merece saberlo.

Tal vez hoy alguien que amas todavía está contigo. Todavía puedes llamarlo. Todavía puedes visitarlo. Todavía puedes escucharlo. Todavía puedes abrazarlo. Todavía puedes pedirle perdón. Todavía puedes decirle cuánto significa para ti.

Entonces no lo dejes para después.

La vida es demasiado corta para amar en silencio, demasiado frágil para vivir guardando rencores y demasiado preciosa para desperdiciarla suponiendo que siempre habrá otra oportunidad.

Un día comprenderemos que la verdadera riqueza de nuestra vida nunca estuvo solamente en lo que tuvimos, sino en las personas que Dios nos permitió amar, servir, escuchar, abrazar y acompañar durante el camino.

Así que hoy demos gracias.

Gracias por quienes permanecen. Gracias por quienes alguna vez estuvieron. Gracias por las voces que todavía podemos escuchar. Gracias por los abrazos que todavía podemos recibir. Gracias por la familia, por los hermanos, por las hermanas, por los amigos y por cada persona que Dios ha puesto en nuestro camino.

Y cuando llegue el momento de despedirnos, porque tarde o temprano llegará, que no tengamos que lamentarnos diciendo: “Ojalá le hubiera dicho cuánto lo amaba.”

Que podamos recordar y decir: “Gracias a Dios aproveché al máximo el tiempo. Lo amé mientras pude. Lo abracé mientras estuvo conmigo. Le dije lo importante que era para mí. Y agradecí a Dios por cada momento que me permitió compartir a su lado.”

Porque quizá no podamos decidir cuánto tiempo permanecerán las personas en nuestra vida, pero sí podemos decidir cuánto amor, gratitud y bondad les daremos mientras todavía estén con nosotros.

Valora hoy. Agradece hoy. Perdona hoy. Abraza hoy. Llama hoy. Ama hoy.

Porque mañana puede llegar… pero la oportunidad de hoy nunca volverá exactamente de la misma manera.

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